Llamado a la lucidez nacional

 

El 1 de mayo es siempre un día cargado de noticias. Desde muy temprano, la reunión de trabajadores que marchan hacia la Asamblea Legislativa con sus consignas, la mayoría muy válidas, abre una jornada excepcionalmente fuerte en temas sociales, que se cierra con la elección del directorio legislativo y, dos días después como pasó este año, con el informe anual del Presidente de la República.

No puede quedar por fuera de esta dinámica la Santa Misa en la celebración a San José Obrero, que tradicionalmente preside el Señor Arzobispo de San José en la Catedral Metropolitana, y que a la luz de la celebración del Día Internacional del Trabajo, tiene siempre una carga de temas de actualidad nacional.

Más allá de algunos asuntos muy coyunturales y hasta frívolos que los medios de comunicación comerciales enfocan cada 1 de mayo, entre ellos la silvestre valoración de los vestidos y trajes de los diputados y sus acompañantes, información que refleja su propia agenda de prioridades, la elección del diputado Gonzalo Ramírez como Presidente del Congreso, los acuerdos y desacuerdos para llegar a esta elección, dan abundante material para el análisis.

Aquí quisiéramos detenernos en el fondo de la homilía que ofreció Monseñor José Rafael Quirós ante miembros de los Poderes de la República, sindicalistas y trabajadores, porque nos parece que fue un ejercicio muy responsable de lucidez con algunos temas sobre los que la atención sí debería volcarse para llevar a la acción fuerte y decidida.

Lo hizo Monseñor motivado por la luz de la Pascua, el tiempo litúrgico que vivimos y en el cual al fortalecer nuestra fe en Cristo Resucitado, ayuda a convertir la tristeza en alegría y el temor en valentía, haciendo brillar la luz del amor desplazando la oscuridad del odio,  y rompiendo las cadenas de la muerte para proclamar la vida plena.

La figura de San José Obrero, recordó, nos pone delante de un modelo de santificación del trabajo, por medio del cual también es posible alcanzar la vida eterna.

El primer tema sobre el que ofreció su reflexión el Señor Arzobispo en la homilía, que incluimos íntegra en esta edición, es la responsabilidad de los padres de familia en la transmisión de los valores a sus hijos, de frente a los muchos intentos de adoctrinamiento ideológico que se ciernen hoy sobre ellos, incluso de modo oficial en las escuelas y colegios, sobre temas de la más genuina antropología pero teñidos con la nefasta ideología de género que llama blanco a lo que es negro y negro a lo que es blanco.

“Todos como sociedad, tenemos también la responsabilidad de que a los niños y jóvenes se les guíe en esta materia, por caminos que correspondan a la verdad objetiva de la naturaleza”, insiste Monseñor.

El segundo tema fue el régimen de pensiones de la Caja del Seguro Social. Y lo hizo para pedir un diálogo abierto, que no sea excluyente, de modo que se motive a todos los que tienen poder de decisión, a poner su empeño para rescatar, sanear, y fortalecer el fondo de Invalidez, Vejez y Muerte (IVM). 

Dicho diálogo tiene que llegar hasta el origen de las cuestiones más delicadas, incluso el señalamiento de las responsabilidades de la frágil situación del fondo, encontrando los mecanismos para incorporar en la toma de decisiones a quienes no están representados en gremios, asociaciones o sindicatos, como los trabajadores agrícolas y los independientes.

Otro tema eje en su homilía fue la seguridad alimentaria y nutricional de nuestro país, llamando a la vergüenza nacional ante el hecho de que hayan personas que en Costa Rica pasan hambre, como reflejo de un modelo de desarrollo insolidario y desigual.

Ante ello, Monseñor destacó la propuesta contenida en la “Ley Marco del Derecho Humano a la Alimentación y de la Seguridad Alimentaria y Nutricional”, proyecto de ley que se encuentra en la Asamblea Legislativa.

Finalmente, la homilía abordó el tema de la importancia de la consolidación de la economía social y solidaria que se rige por los principios del bien común, más allá del lucro y el mercado.

Se trata, agregó, del tipo de actividad económica “que no solamente genera con justicia y equidad el bien de sus emprendedores, sino que se compromete con el desarrollo humano integral y solidario de toda la población, mediante un compromiso con la responsabilidad social y ambiental, generando encadenamientos económicos sectoriales, que dinamizan a los más vulnerables de los sectores productivos”. 

El fomento de esta economía puede ayudar a disminuir los índices de desempleo y de empleo informal que golpean a muchas familias en el país, llevándoles la calidad de vida a que tienen derecho.

Estos temas, más otros que sin duda se pueden agregar, son esenciales a la reflexión en una jornada como esta. Y lo son no porque la Iglesia los ponga en la mesa del diálogo, sino porque responden a intereses genuinos en la construcción de una Costa Rica más fraterna y solidaria.

 

Que con el aporte de cada uno, desde el lugar que corresponda y con la responsabilidad que le recaiga, se pueda avanzar sin más distracciones hacia este noble ideal nacional.