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Un diplomático que en las madrugadas reparte comida a quienes viven en situación de calle

Dr. Keylor Badilla Torres
Fundación Munakuy 

Desde que fue nombrado por la Santa Sede como Secretario de la Nunciatura Apostólica en Costa Rica, Monseñor. George Jacobo Koovakad no ha dejado de interesarse por la realidad social de nuestro país y en especial de las poblaciones más necesitadas. Las visitas a diferentes hogares de ancianos forman parte de la rutina de este sacerdote nacido en la India, quien se caracteriza por su trato humilde diáfano y amable. Siempre que visita a las personas en situación de calle les acerca el saludo del Señor Nuncio Apostólico y de Su Santidad el Papa Francisco.

En su forma de actuar hace suyas las palabras del Evangelio, “Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras” (1 Jn 3,18). Estas palabras del apóstol Juan expresan un imperativo que ningún cristiano puede ignorar. Gracias al testimonio de este joven diplomático, muchas personas en nuestro país han experimentado una Iglesia en salida, que busca trasmitir el mensaje del Evangelio a quienes se sienten muchas veces abandonados por la sociedad.

Monseñor. Koovakad, con su testimonio nos ha enseñado que no pensemos sólo en los pobres como los destinatarios de una buena obra de voluntariado para hacer una vez a la semana, y menos aún de gestos improvisados de buena voluntad para tranquilizar la conciencia. Estas experiencias, aunque son válidas y útiles para sensibilizarnos acerca de las necesidades de muchos hermanos y de las injusticias que a menudo las provocan, deberían introducirnos a un verdadero encuentro con los pobres y dar lugar a un compartir que se convierta en un estilo de vida.   

Estamos llamados, por lo tanto, a tender la mano a los pobres, a encontrarlos, a mirarlos a los ojos, a abrazarlos para hacerles sentir el calor del amor que rompe el círculo de soledad. Su mano extendida hacia nosotros es también una llamada a salir de nuestras certezas y comodidades, y a reconocer el valor que tiene la pobreza en sí misma. Dentro de poco Dios lo llevará a servir como Secretario de la Nunciatura Apostólica en Venezuela, dejando en el corazón de muchos costarricenses un gran testimonio de vida sacerdotal, volcada al servicio de los más necesitados.

No olvidemos que para los discípulos de Cristo, la pobreza es ante todo vocación para seguir a Jesús pobre. Muchos ancianos cuando le ven le transmiten que ellos oran por el Papa Francisco y que no olvidan que en la India el huésped es la persona que se atiende con más generosidad. Todos estos pobres  que tanto ha amado Monseñor Koovakad, en sus recorridos por la zona roja de San José, como solía decir el beato Pablo VI, pertenecen a la Iglesia por “derecho evangélico”. Sabemos que en sus nuevas responsabilidades en Venezuela seguirá construyendo ese reino de Dios en la tierra, sirviendo a los más necesitados y construyendo con su testimonio una nueva diplomacia al servicio de los pobres. 

Dios le pague tanta generosidad dejada en esta patria.