Cristo resucitado es nuestra Verdad

 

Monseñor José Rafael Quirós

Arzobispo de San José

 

Al repasar en estos días de Pascua las apariciones del Resucitado, no es difícil concluir el  incomparable impacto de este hecho en la vida de cada uno de los Apóstoles y el compromiso asumido por estos  “testigos de la Resurrección de Cristo” (cf. Hch 1, 22). Su fe ya había sido sometida a la prueba radical de la Pasión y de la muerte en Cruz de su Maestro, anunciada por Él anticipadamente (cf. Lc 22, 31-32). Y ahora, teniendo de frente a quien se levantó del sepulcro, resuena en sus corazones la invitación del Señor a no dejarse abatir por las fuerzas del mal: “Tengan valor: yo he vencido al mundo” (Jn 16,33).

Ante esta contundencia, decía San Juan Pablo II: “Dios, rico en misericordia, revela todos los días en Cristo su amor. Él, Cristo resucitado, dice a cada uno y a cada una de vosotros: «¡No temas! Soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos» (Ap 1,17-18). Esta es la proclamación de la misericordia de Dios: «¡No temas!» Confía en Dios, que es rico en misericordia. Cristo, el infalible Dador de la esperanza, está contigo.”

Jesús resucitado nos revela la esencia de la existencia humana, y por él conocemos la Verdad. En Cristo se nos da toda respuesta existencial y por ende, la fuerza para vivir: “Corramos con perseverancia al combate que se nos presenta. Fijemos la mirada en el iniciador y consumador de nuestra fe, en Jesús” (Heb 12,1-2). En él se haya la verdad y la vida  al punto de afirmar que no hay otra…

“La verdad, con mayúscula, no es una idea que nosotros nos hacemos o que consensuamos, sino una persona con la que nos encontramos. Cristo es la verdad, que se ha hecho carne y el Espíritu Santo hace posible que le reconozcamos y lo confesemos como Señor”.1

Como enseña el Papa Francisco, en nuestros días, marcados por el relativismo, en los que parece que no hay nada definitivo, es necesario que los hombres se pregunten qué es la verdad, y que recen a diario al Espíritu Santo para que nos guíe a conocer a Jesús: “Vivimos una época de escepticismo respecto a la verdad. El Papa Benedicto XVI se refirió en numerosas ocasiones al relativismo, la tendencia a creer que nada es definitivo y que la verdad viene dada por el consenso”.

Los fieles creyentes tenemos un reto inmenso en la sociedad costarricense pues vemos cómo, día a día, en los distintos ámbitos, ya académicos o de comunicación,  se instruye en  ideologías que incentivan el pernicioso relativismo. En relación a lo que sucede en centros de estudios superiores dice  Francisco, en esas  “universidades de élite”, en las que no se enseña a dialogar, sino imponen ideologías, “te enseñan una línea ideológica y te preparan para ser un agente de esa ideología. Eso no es una universidad”.

Hasta aquí, los “eclesiofóbicos” tendrán, seguramente, muchos argumentos para criticar nuestra “obstinación” por la única Verdad pero, “creer en la posibilidad de conocer una verdad universalmente válida no es en modo alguno fuente de intolerancia; al contrario, es una condición necesaria para un diálogo sincero y auténtico entre las personas. Sólo bajo esta condición es posible superar las divisiones y recorrer juntos el camino hacia la verdad completa, siguiente los senderos que sólo conoce el Espíritu del Señor resucitado”.2

¡Sólo Cristo puede dar la verdadera respuesta a todas nuestras inquietudes! Comprometámonos con esa verdad ante todo, viviendo un amor que pide coherencia en el propio comportamiento, “no tengáis miedo a las exigencias del amor de Cristo. Teman por el contrario, la cobardía, la ligereza, la comodidad, el egoísmo; todo aquello que quiera acallar la voz de Cristo.”3 Que en esta Pascua todos experimentemos y comuniquemos sin temor esta verdad. En Cristo resucitado y vivo entre nosotros, seremos realmente libres, Él es nuestra Verdad.

1 Papa Francisco, 15-05-2013

2 Juan Pablo II, Fides et Ratio #92

 

3 Juan Pablo II, Chile 1987