Los sucesos del Viernes Santo…

 

María Estela Monterrosa S.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

A Jesús le causaron tantas heridas en las horas previas a su muerte, que los médicos de hoy afirman que debió sufrir un gran dolor, enorme e incalificable sufrimiento.

El médico Rubén Darío Camargo R., de Barranquilla, Colombia, se refirió a las costumbres relacionadas con la crucifixión en su artículo “Fisiopatología de la muerte de Jesucristo” del año 2003:

“Los relatos bíblicos de la crucifixión descritos a través de los Evangelios y documentación científica al respecto, describen que padeció y sufrió el más cruel de los castigos. El más inhumano y despiadado de los tratos que puede recibir un ser humano”, indica.

El galeno destaca los descubrimientos arqueológicos relacionados con las prácticas romanas de la crucifixión.

Sobre la flagelación, explica que era un preliminar legal para toda ejecución romana. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado, con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre esta los golpes, no perdieran fuerza.

El instrumento usual era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de ovejas a varios intervalos.

Pasado este suplicio, se obligó a Jesús, como era la costumbre, a cargar la cruz; desde el poste de flagelación al lugar de la crucifixión. La cruz pesaba más de 300 libras (136 kilos) sólo llevó el patíbulo que pesaba entre 75 y 125 libras. Fue colocado sobre su nuca y se balanceaba sobre sus dos hombros.

Según Camargo, con los brazos extendidos, pero no tensos, las muñecas eran clavadas en el patíbulo. De esta forma, los clavos de un centímetro de diámetro en su cabeza y de 13 a 18 centímetros de largo, eran probablemente puestos entre el radio y los metacarpianos, o entre las dos hileras de huesos carpíanos, ya sea cerca o a través del fuerte flexor retinaculum y los varios ligamentos intercarpales. En estos lugares aseguraban el cuerpo.

El colocar los clavos en las manos hacia que se desgarraran fácilmente puesto que no tenían un soporte óseo importante.

Explica también que los pies eran fijados al frente del estípete por medio de un clavo de hierro, clavado a través del primero o segundo espacio intermetatarsiano. El nervio profundo peroneo y ramificaciones de los nervios medianos y laterales de la planta del pie fueron heridos.

 

Heridas no letales provocaron larga agonía

El forense José Antonio Lorente analizó para el Magazine de El Mundo, las agresiones recibidas durante las últimas ocho horas de la vida de Cristo, muestra que le causaron un sufrimiento indescriptible y que tenían un propósito criminal. Su análisis también fue publicado por Aciprensa.

Entre los muchos datos que ofrece Lorente indica: “Comenzamos constatando que no se han descrito lesiones mortales, o sea, aquéllas que por afectar a un órgano o función vital, son causa inmediata y fundamental de muerte. Todo ello nos lleva a considerar la muerte de Jesús de Nazaret como el resultado de un largo proceso agónico”.

El médico describe así las heridas que debió dejar la corona de espinas: “Las heridas son profundas, afectando a toda la galea capitis (cuero cabelludo) y llegando hasta la tabla externa de los huesos mencionados”.

Sobre las heridas causadas por la flagelación el examen forense dice: “Por la violencia de los golpes y/o por la reiteración de los mismos en ciertas zonas, se han producido soluciones de continuidad, apareciendo heridas contusas longitudinales, erosiones (arañazos superficiales) y excoriaciones (arañazos profundos, donde aparece sangre). En algunos puntos del cuerpo las heridas contusas son especialmente profundas, produciendo un gran desgarramiento muscular y también hemorragias profusas”. 

 

Las huellas de la Cruz

“En ambas extremidades superiores, casi a la altura de las manos, en la zona carpiana, se aprecia una herida punzante transfixiante (que atraviesa), con bordes contusos y signos de desgarramiento por haber soportado gran peso, probablemente el del cuerpo (...) En las extremidades inferiores se aprecia, en ambos pies, una herida punzante transfixiante de bordes contusos”.

“En el examen interno (podemos deducir) se apreciarían signos propios de una hipoxia-anoxia, hemorragia masiva, shock hipovolémico, con palidez de mucosas y de órganos internos como los pulmones, el hígado y los riñones. Además, se encuentra una cantidad muy limitada de sangre en cavidades cardiacas y en los grandes vasos arteriovenosos. Existirían signos de asfixia en cerebro y pulmones, todo ello compatible con una agonía prolongada”. 

Tras exponer muchas otras consideraciones, el doctor José Antonio Lorente Acosta, especialista en Medicina Legal y Forense y profesor titular de Medicina Legal de la Universidad de Granada, llega a las siguientes conclusiones:

“Causa inmediata de la muerte: hipoxia-anoxia (hipoxia es disminución de la concentración de oxígeno en la sangre, y anoxia es la ausencia total de oxígeno en la misma) cerebral consecuencia de hipovolemia (disminución del volumen de sangre) post-hemorrágica, de insuficiencia respiratoria mecánica (incapacidad para respirar adecuadamente por falta de movilidad) por graves lesiones en músculos intercostales, y de insuficiencia cardiaca.

 

 

Causa fundamental de la muerte: múltiples heridas inciso-contusas, equimosis, erosiones, excoriaciones y hematomas en la parte anterior y posterior del tronco”.