Ayuda a cuentagotas

 

La semana pasada un equipo de este semanario compartió la segunda gira de misión del obispo limonense Mons. Javier Román a Alto Telire, Cordillera de Talamanca.

Hace un año, igualmente formamos parte de la gira en la cual se pudo evidenciar y denunciar la situación tan deplorable en que existen los hermanos indígenas que habitan esta parte remota de nuestro país.

En su momento, dichas publicaciones causaron reacciones importantes que movieron a la acción, por lo menos de palabra, a las autoridades, que anunciaron millonarios proyectos de ayuda para la zona.

Este año, con la consigna de verificar el cumplimiento de dichas promesas, constatamos que la ayuda comienza a llegar… pero a cuentagotas. 

No se trata de los grandes planes desplegados en rimbombantes conferencias de prensa, ni siquiera de inversiones importantes sino de apenas pocas cosas que, sin embargo, tienen un impacto en la vida de las personas.

Vimos en Piedra Mesa un terreno cercado donde se construirá una clínica nueva, un nuevo acueducto así como una batería sanitaria. Supimos que hubo campañas de desparasitación, que hay donaciones de alimentos y útiles escolares y que el Registro Civil sigue haciendo su trabajo para registrar nacimientos y dotar de cédulas a los indígenas.

Son pequeños avances, falta mucho, pero por lo menos estos hermanos han salido del anonimato en que se encontraban, alejados de las prioridades del gobierno, excluidos y abandonados.

Donde si vimos una vulneración total de sus derechos humanos fue en el campo educativo, situación que motiva el amplio reportaje de esta semana sobre el tema.

Las escuelas de la zona de Alto Telire, si se pueden llamar así, son ranchos tugurientos que amenazan con caer encima a los estudiantes, sus estructuras desvencijadas, sucias, incómodas y peligrosas son absolutamente inadecuadas para un proceso educativo exitoso.

No por nada el mayor rezago en educación del país se encuentra en estas comunidades, como lo han repetido una y otra vez las investigaciones, sin que, por lo visto, nadie se haya sentido implicado.

Lo incomprensible es que la situación no parece estar dentro de las prioridades de trabajo del Ministerio de Educación Pública, cuando por el contrario, debería de atenderse con prontitud para favorecer el acceso igualitario a la educación que se cacarea tanto como consigna de lucha en la institución.

Ninguno de los maestros entrevistados se siente apoyado por el ministerio de modo alguno, más bien, recalcan las condiciones de marginación absolutas en que ejercen su servicio y la urgencia de una intervención inmediata.

Junto a esto, la funcionaria del MEP de la región que, precisamente para dicho efecto viajaría a la gira, ha declinado dos veces participar de ella a última hora.

Está clara la complejidad del tema administrativo en los territorios indígenas, que tienen autonomía y un gobierno local propio, sin embargo, si se quiere se puede. Ya lo ha demostrado la propia Iglesia, que en la persona de Monseñor Román, se ha propuesto tener una mayor presencia en la zona, atendiendo el llamado de salir al encuentro de las periferias existenciales, de los excluidos, los pobres y los que no cuentan para nadie. El fruto de este esfuerzo se comienza a ver.

El proyecto es apasionante y necesario. La educación es la única llave que sacará de la miseria a los pueblos indígenas de nuestro país. Se requieren respuestas serias y contundentes ante el estado de abandono en este campo. La palabra la tienen las autoridades educativas, queremos saber qué van a hacer.