“El diaconado es una opción de amor”

 

Marco Vinicio Chinchilla, Juan Diego Araya y José Alfredo Quesada fueron ordenados el pasado sábado 11 de marzo.


Ma. Estela Monterrosa S.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

Cientos de personas acompañaron a Marco Vinicio Chinchilla Villalobos, Juan Diego Araya Méndez y José Alfredo Quesada Chacón en su ordenación diaconal, realizada el sábado 11 de marzo en el templo parroquial de San Ramón y recibida de manos de su obispo, Mons. Ángel Sancasimiro Fernández.

El prelado destacó en la homilía: “Necesitamos efectivamente dar ante el mundo, ante nuestra Iglesia, un signo claro de lo que libre y voluntariamente hemos querido realizar y es lo siguiente: el diaconado es una opción de amor total con Cristo y su reino”.

Pero, indicó, toda opción implica una renuncia. Desde ese momento, por el celibato, los tres renunciaban a una familia, “para hacer de todos, su nueva familia”. Agregó: “renuncian a un hogar para entender que su nuevo hogar son las calles donde los hombres y mujeres hambrientos de Dios claman su ayuda. Renuncian a unos hijos, para que puedan mirar con corazón de padres a todos”.

Mons. Sancasimiro añadió que “cuando uno con libertad asume un compromiso, debe al menos intentar vivirlo. Ciertamente, tenemos vasos de barro, pero ese barro es moldeado por el alfarero y, por eso, necesitamos permanentemente ser moldeados por ese Cristo a quien hemos entregado, efectivamente, nuestra vida.  Ser diácono es don y misterio del amor de Dios para su Iglesia”. 

De acuerdo con el prelado, un diácono se hace eficaz por estas actitudes: oración, la exigencia consigo mismo, el sacrificio y la humildad.

También, les animó a vivir el diaconado como buenos samaritanos, “aprendan cada día a ser grandes haciéndose pequeños y servidores de todos”.

Al iniciar la misa, Monseñor Sancasimiro sacó algunas sonrisas a los presentes al comentarles que dejó olvidados su solideo y su mitra. Más tarde, pudo utilizar una de Mons. Román Arrieta (qDg), V arzobispo de San José.

Juan Diego Araya habló al final de la misa en nombre del grupo, lo primero que hizo fue manifestar su agradecimiento a Dios, a sus familias, así como a muchas otras personas. “Recen mucho por nosotros, ahora más que nunca ocupamos sus oraciones, para que realmente nosotros podamos ser para ustedes lo que Dios ha sido para cada uno de nosotros. Oremos por las vocaciones, para que el Señor siga enviando operarios a la mies, que siga enviando trabajadores que den su vida y que nosotros tres, que hoy recibimos este ministerio, seamos capaces de dar la vida al servicio de su amada esposa, la Iglesia”, dijo.