La transfiguración de Jesús

 

Oración inicial

¡Oh Dios!, que en la gloriosa Transfiguración de tu Unigénito, confirmaste los misterios de la fe con el testimonio de la ley y los profetas y prefiguraste maravillosamente nuestra perfecta adopción como hijos tuyos: concédenos, te rogamos, que escuchando siempre la palabra de tu amadísimo Hijo, seamos un día coherederos de su gloria. Amén.

 

 

El Texto:

Lectura del Santo Evangelio según San Mateo:

 

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, el hermano de éste, y los hizo subir a solas con él a un monte elevado. Ahí se transfiguró en su presencia: su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús.

Entonces Pedro le dijo a Jesús: “Señor, ¡qué bueno sería quedarnos aquí! Si quieres, haremos aquí tres chozas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías”.

Cuando aún estaba hablando, una nube luminosa los cubrió y de ella salió una voz que decía: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Al oír esto, los discípulos cayeron rostro en tierra, llenos de un gran temor. Jesús se acercó a ellos, los tocó y les dijo: “Levántense y no teman”. Alzando entonces los ojos, ya no vieron a nadie más que a Jesús.

Mientras bajaban del monte, Jesús les ordenó: “No le cuenten a nadie lo que han visto, hasta que el Hijo del hombre haya resucitado de entre los muertos”.

 

Palabra del Señor.

 

Un momento de silencio:

Para que la Palabra de Dios entre en nosotros e ilumine nuestra vida.

 

 

Preguntas para la reflexión

1. ¿Te has preguntado alguna vez quién es la persona de Jesús? ¿Tu visión de la identidad de Jesús se acomoda a esta proclamación en la Transfiguración?

2. ¿Qué significado tiene para tu vida la proclamación de Jesús como Hijo de Dios?

3. A Jesús no se le entiende sin el misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección. ¿Qué sentido tiene para ti este misterio? ¿Cómo lo vives diariamente?

 

 

 

Oración final:

“Gocémonos, Amado, y vámonos a ver en tu hermosura al monte o al collado, donde mana el agua pura; entremos más adentro en la espesura”.

 

San Juan de la Cruz, Cántico Espiritual, 36