La Iglesia está viva

 

Querido así por Jesucristo, los apóstoles se convirtieron en pastores y guías de las nacientes comunidades cristianas. Conforme la necesidad lo fue presentando, imponían sus manos sobre la cabeza de hombres justos para consagrarlos sacerdotes y obispos en una línea de sucesión que llega hasta nuestros días.

Luego de más de dos mil años, este modo de organización de la jerarquía eclesial permanece vigente y oportuno, y se revela como una gracia del Espíritu Santo para animar la vida de la Iglesia. Jamás simples actos humanos podrían tener por su propia fuerza el mismo alcance y permanencia.

Por eso es una alegría y una ocasión para renovar la fe cuando se conoce de un nuevo nombramiento en el episcopado, especialmente si toca tan de lleno nuestra Iglesia como sucedió el pasado sábado 4 de marzo, cuando trascendió la noticia de que el Padre Mario Enrique Quirós Quirós, fue elegido como nuevo obispo para la Diócesis de Cartago.

El Papa Francisco, en comunión con sus colaboradores más cercanos, y oyendo el parecer de personas autorizadas para ello, quiso dotar a la Iglesia en Cartago de un pastor salido de su propia cosecha de fe. El Padre Mario, nativo de Paraíso, conoce las fibras más esenciales de esta porción del Pueblo de Dios, que entre sus rasgos más característicos está su profundo amor a la Virgen María y su devoción eucarística, fuente, sin duda alguna, de sus numerosas vocaciones.

Los retos, dificultades y problemas también los debe de conocer. Son complejos y parte de realidades que muchas veces superan lo local, tal y como sucede en cualquier otra diócesis del mundo, y ante los cuales queda depositar la confianza en Dios e intensificar el trabajo silencioso pero esencial de la fe, que opera en el corazón de las personas.

El Padre Mario sustituye en el servicio episcopal a otro obispo cartaginés, Monseñor José Francisco Ulloa, a quien tanto le debe la Iglesia costarricense, por su entrega desmedida como sacerdote párroco, formador, animador de grupos y proyectos, y desde luego que como obispo, primero de Limón por 10 años, y luego en Cartago por 12 más.

Monseñor Ulloa ha sentado las bases de dos diócesis en el país, una responsabilidad que pocos poseen y que ha llevado a cabo cabalmente confiando en la guía de Dios y con la ayuda de la Virgen Santísima, en su amada advocación de Nuestra Señora de los Ángeles.

El Padre Mario, que Dios mediante será ordenado el próximo 13 de mayo, en el centenario de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, es un hombre de Dios, una persona orante, de intención recta y claro sentido de Iglesia.

Ha dedicado buena parte de su vida a la formación del clero, por lo que conoce en profundidad a quienes serán sus más cercanos colaboradores. Es un estudioso de la fe y una persona que se preocupa por los demás. Es deportista -reconocido en competencias de atletismo- y muy cercano, accesible, de hablar pausado, profundamente reflexivo y cordial.

Estando en España, donde cursa un doctorado en Teología Dogmática, le fue comunicada la elección del Papa, que consecuente con su vida de obediencia, aceptó implorando la gracia de amar y servir como Jesucristo. De hecho esas fueron sus primeras palabras como obispo electo.

Su nombramiento es entonces una muestra más del amor de Dios por su Iglesia, el cumplimiento de las palabras de Nuestro Señor Jesucristo cuando envió el Espíritu Santo sobre la primera comunidad de creyentes y un motivo para la alegría sincera de todos los que, con los ojos de la fe, pueden ver más allá de lo aparente. 

Queda orar por el nuevo obispo, por la porción de la Iglesia que le ha sido confiada, y agradecer la misericordia de Dios que no se olvida de quienes claman a él con el corazón limpio. Cartagineses, sus oraciones han sido escuchadas, alégrense y regocíjense en Dios, y sigamos construyendo juntos su reino de justicia y amor.