Estudio desarticula ideología de género

 

Una exhaustiva investigación (2016) de dos médicos del Hospital Johns Hopkins en Baltimore, Estados Unidos, en su intención de dar pistas para mejorar la atención de las personas no heterosexuales, desmiente científicamente las presunciones de la ideología de género.


María Estela Monterrosa S.

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Javier es un hombre de 46 años que ha pasado situaciones de mucho dolor durante su vida, desde muy pequeño sentía que no era aceptado en su familia por ser varón y anhelaba ser la niña que su mamá tanto deseaba.

Tuvo una infancia solitaria porque los niños lo rechazaban. La primera vez que pensó en el suicidio tenía solo 7 años.

Durante su niñez y parte de su adolescencia era afeminado y, por eso, blanco de burlas. Para entonces, Javier había sido abusado en varias ocasiones, a los 10, 11, 13 y 14 años.

Se propuso entonces estudiar a los hombres e imitarlos. De esa forma logró tener un grupo de amigos, pero seguía sintiéndose diferente. “Yo estaba bien hasta que sentí atracción por el mismo sexo, a los 16 años. Era algo que yo no quería sentir, porque entonces era decir que quienes se burlaban de mí tenían razón”.

Más tarde, imploraba por una novia que le atrajera sexualmente y que lo amara así. Aseguró que se enamoró de una mujer, le pidió matrimonio y durante cinco años estuvo bien con ella, hasta que sufrió una depresión. Buscó ayuda con un psicólogo, quien lo animó a aceptar su homosexualidad y así decidió dejar a su esposa.

Los siguientes diez años vivió una sexualidad desenfrenada, pero aún se sentía solo y las ideas suicidas eran recurrentes. Buscó ayuda y la encontró en un sacerdote y un pastor evangélico.

Hace seis años decidió regresar con su esposa. Asegura que aprendió a aceptarse con o sin atracción por el mismo sexo y que ahora es feliz, pleno y ha encontrado sentido a su vida.

 

Sin pruebas de que se nazca homosexual

Javier es un hombre costarricense y su historia real ilustra algunas afirmaciones del informe “Sexualidad y Género Conclusiones de la Biología, la Psicología y las Ciencias Sociales” de los médicos estadounidenses Lawrence S. Mayer y Paul R. McHugh, del Hospital Johns Hopkins en Baltimore, publicado a mediados del 2016.

La decisión de Javier de volver con su esposa y no tener más relaciones homosexuales podría ser cuestionada por algunas personas, con el argumento de que “él nació así”; pero esa afirmación no tiene base científica de acuerdo con el estudio.

Uno de los aspectos encontrados por los médicos es que las pruebas científicas no respaldan la visión de que la orientación sexual es una propiedad innata y biológicamente fija del ser humano (la idea de que los individuos “nacen así”).

Mayer y McHugh destacan que, según la evidencia científica, “si bien los factores genéticos o innatos pueden ejercer una influencia, aunque sea indirecta a través de aspectos como ciertos rasgos de la personalidad, en la aparición de la atracción hacia personas del mismo sexo, esos factores biológicos no pueden proporcionarnos una explicación completa, por lo que los factores ambientales y vivenciales pueden tener un papel importante”.

“Ciertas pruebas de los estudios con gemelos señalan que determinados perfiles genéticos quizás sí aumenten la probabilidad de que una persona se identifique más tarde como gay o tenga una conducta sexual con personas del mismo sexo, sobre todo si esta persona tiene experiencias y vivencias personales que acabarían siendo las verdaderas “causas” de dicha orientación sexual”, indican.

Según los investigadores, los hallazgos tienden a confirmar que la atracción hacia personas del mismo sexo puede ser más flexible en la adolescencia que en periodos posteriores de la edad adulta. En este sentido, en un estudio citado se estimaba que hasta un 80% de los adolescentes del sexo masculino que indican una atracción hacia el mismo sexo dejan de sentirla al alcanzar la edad adulta.

Otro hallazgo destacado, es que se encontraron antecedentes de haber sufrido abusos sexuales dos o tres veces más frecuentemente en personas no heterosexuales. Pero los investigadores no se aventuraron a señalarlo como causa o efecto de una orientación sexual.

“Aunque varios estudios apuntan a que los abusos sexuales pueden tener una relación causal con las orientaciones no heterosexuales, son necesarias más investigaciones para poder dilucidar qué mecanismos biológicos y psicológicos intervienen. Sin esta investigación, la idea de que el abuso sexual puede ser una causa en la orientación sexual seguirá siendo una cuestión más compleja de entender”.

 

Salud mental en riesgo

Javier, desde niño, tenía ideas suicidas, padeció depresión y sufría ansiedad, según lo contó él mismo al Eco Católico. Su testimonio refleja otro hallazgo de la investigación: las subpoblaciones no heterosexuales tienen un riesgo más elevado de padecer diversos problemas de salud general y salud mental.

Los investigadores estimaron que los miembros de la población no heterosexual tienen 1,5 veces más riesgo de trastornos de ansiedad, así como aproximadamente el doble de riesgo de depresión, 1,5 veces más riesgo de abuso de sustancias y casi 2,5 veces más riesgo de suicidio.

Un resultado alarmante es que se halló una alta tasa de intentos de suicidio a lo largo de la vida y para todas las edades que se estima en un 41% en el colectivo transgénero, mientras que es menos de un 5% para la población general de los Estados Unidos.

El análisis incluyó el modelo de estrés social que abarca conceptos como maltrato, estigmatización y discriminación. Sin embargo, “no está nada claro que esos factores expliquen las disparidades en los indicadores de salud mental entre las poblaciones heterosexual y no heterosexual”.

Los hallazgos apuntan a otros factores como la mayor frecuencia de violencia padecida por abusos sexuales.

 

¿Mujer atrapada en el cuerpo de un hombre?

Según el análisis de Mayer y McHugh, los estudios científicos tampoco corroboran la hipótesis de que la identidad de género sea una propiedad innata y fija del ser humano e independiente del sexo biológico, es decir, que una persona sea “un hombre atrapado en un cuerpo de mujer” o “una mujer atrapada en un cuerpo de hombre,” como si hubiera un error en su cuerpo y sus órganos genitales.

Otras conclusiones de su análisis, es que, en comparación con la población general, los adultos sometidos a cirugía de reasignación de sexo siguen experimentando un mayor riesgo de problemas de salud mental. Se ha hallado hasta 5 veces más probabilidades de intentar suicidarse y 19 veces más de morir por suicidio.

Además, advierten lo que ya se ha dicho reiteradamente en el ámbito científico en el caso de los niños en cuestiones transgénero: solo una pequeña minoría de los que manifiestan una “identificación de género cruzada” durante la niñez siguen haciéndolo en la adolescencia y la edad adulta.

Asimismo, cuestiona el valor terapéutico de los tratamientos para retrasar la pubertad o modificar las características sexuales secundarias en adolescentes, “aunque algunos niños puedan mostrar un mayor bienestar psicológico si son apoyados y animados en su identificación de género cruzada. No existen pruebas de que a todos los niños con pensamientos o conductas de género atípicas haya que animarlos a convertirse en transgénero”.