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Reingeniería social, matrimonio y dictadura cultural

Escrito por Super User el . Publicado en Opinion

Ana Elena Castillo Víquez
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Profesora, UCR

 Todas las épocas han tenido sus desafíos ciertamente. Y siempre han existido caminos que tanto los individuos como las sociedades deben escoger. Opciones diríamos, pero no inofensivas. Estas rutas no se pueden transitar al mismo tiempo o escoge un sendero o el otro. Y mucho del bienestar de pueblos enteros dependerán de esto, igual que las personas. Las decisiones son cruciales y nuestra cultura parece decirnos “no va a pasar nada”, “da igual”, “es asunto de acostumbrarnos” o “en nada nos afecta”. Ingenuidad personal, ingenuidad histórica también. Cuánto dolor han pasado numerosas poblaciones, miserias y angustias por no repensar las propuestas, por precipitarse ante ideologías que prometían un bienestar, una estabilidad, un mejoramiento que no iba a llegar y nunca llegó, porque dentro de ellas estaba entretejido el deterioro y la destrucción con bellas narraciones y promesas.

Así, en estos días, en sociedades heridas por tanta agresión, tanta exclusión, burla y segregación se hacen propuestas para revertir esta tendencia y convertirnos en colectivos más incluyentes, más tolerantes, mucho menos agresivos y respetuosos. Herimos tanto y en todos los niveles que era lógico que se presentaran soluciones por medio de cambios profundos en las sociedades. Y para lograr estos cambios había que tocar los cimientos mismos de la cultura.

Nos enfrentamos como personas y también como sociedades ante propuestas que, sin decirlo en toda la magnitud que esto implica, buscan un cambio. Sin embargo, es pertinente entender de qué se trata este cambio, en qué consiste la modificación, los alcances que va a tener, pero, sobretodo, las consecuencias. Porque allí se verá realmente si con las promesas, tan bien elaboradas en el lenguaje y las narraciones, conllevan la falsedad y dolor como resultado. Esto último ni tan evidente ni claro para quienes las apoyan ni para quienes las cuestionan.

Es así como nos encontramos ante la opción de modificar una de las estructuras sociales de más impacto como es la familia, al tocarla no estamos solo modificando, estamos en realidad deconstruyendo. Para ir razonando la afirmación anterior debemos abarcar varias áreas, mucho más allá de lo que se ha querido plantear en los debates y en las justificaciones presentadas a simple vista, por bien intencionadas que sean.

Es un proceso de reingeniería social. Por este vamos a entender un rediseño y cambio en las estructuras base de una sociedad. También podemos decir que es iniciar un nuevo camino que nos lleve a un nuevo modelo. Este nuevo modelo cambiaría por completo el anterior. Y al hablar de camino estaríamos estableciendo que el cambio se da en el “transcurso”, es decir, “durante”. En otras palabras, el proceso de reingeniería va por etapas. Otro aspecto a considerar es que los procesos de reingeniería en las diferentes áreas del saber buscan todos mejorar, puede ser una organización o bien, en el caso que nos concierne, una sociedad. Sin embargo, no todos logran un cambio positivo.

Estrategias de rediseño social

Las estrategias para modificar la estructura son varias en este rediseño social. La primera es por medio de la ley. Definitivamente hay una relación directa y clara entre ley y sociedad. La ley tiene un impacto profundo sobre una sociedad. Es claro que han habido leyes justas e injustas, arbitrarias incluso. Sin embargo, en la mayoría de los casos, cada vez que una ley establece un límite existen razones cruciales para ponerlo. Y estas razones tienen que ver con las consecuencias sociales que traería si ese límite se quitara e incluso si se relativizara. Así algunas leyes tienen que ver con ciertas estructuras, otras con otro tipo de estructuras. La relación principal apunta a fortalecer o debilitar estructuras sociales según la ley que se apruebe y la estructura con la que se relaciona la ley. 

Estamos ante dos leyes inminentes y ambas cambiarán la estructura familiar de manera irrevocable y para todos los habitantes del país. La primera modificará la posibilidad de casarse solo entre un hombre y una mujer, la segunda ley lo hará entre el número de personas que componen el matrimonio. La primera está en debate y con un fallo de la Sala Constitucional. La segunda es cuestión de tiempo y no muy lejano. Si dos personas del mismo sexo tienen derecho a casarse porque es una decisión personal, porque están enamoradas y, si el amor es lo que cuenta, igual lo pueden hacer tres personas, cuatro o más. Si la atracción personal, el amor que se siente entre ellos y mi decisión es la base para optar por el matrimonio, entonces hay que entender que mi deseo personal (basado en los criterios anteriores) es un derecho humano y puede de hecho abarcar a más de una persona. Ya en Colombia se casaron tres personas legalmente haciendo evidente el proceso de reingeniería que estamos analizando. Esto no está más que comenzando. Recordemos las demostraciones públicas de algunos estudiantes tanto en el Tecnológico como en la UCR pidiendo la apertura del matrimonio precisamente sin tomar en cuenta el género, ni el número de personas. Nadie habla de responsabilidades, ni obligaciones y menos consecuencias a nivel personal y social.

Es curioso que en nuestro tiempo se hable mucho de los derechos, de los sistemas de protección, pero no de responsabilidades y menos de impactos y consecuencias sociales. Harían falta otros artículos para ir explicando todas estas áreas de impacto y las muchas y severas consecuencias que traería. Sin embargo, es entendible el énfasis que se ha dado sobre la persona y se excluyan aspectos que nos involucran como sociedad. No olvidemos el origen de la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948. Fueron los abusos cometidos por el Estado contra las personas que determinaron el enfoque que hasta hoy ha prevalecido, aunque ya había antecedentes históricos. 

El derecho a formar familia

En esta línea de pensamiento, es claro que, en la interpretación sobre el derecho a formar una familia, se está tomando en cuenta la orientación sexual y la identidad de género de una persona, validándola como derecho. Ahora bien, recordemos que las siglas LGBT se refieren a personas lesbianas, gays, bisexuales y trasvesti originalmente. Ahora se han incorporado otras siglas para sumar más grupos. Para tomar en cuenta una de las nomenclaturas más completas, LGBTTTIQA se refiere a transexuales, transgénero, intersexuales, queer y asexuales. Se está empezando a legislar sobre el matrimonio entre los dos primeros grupos, concediendo un derecho a lesbianas y gays pero es claro que bajo la figura de la no discriminación y, para no ser excluyentes, se debe permitir el matrimonio sobre los otros grupos. Matrimonio igualitario es mucho más de lo que se está legislando en este momento. Este incluiría las orientaciones sexuales, pero también la diversidad de identidades y además cambiantes antes, durante o después un matrimonio dependiendo de la persona y su opción. Siguiendo con este razonamiento, familias diversas serían familias muy complejas pues hay que tomar en cuenta los diferentes matrimonios que se formarían y se “desformarían” tanto en identidades como orientaciones y eventualmente en número.

Estas familias compuestas de forma tan diversa se deben enseñar en las escuelas, colegios y universidades. Los estudiantes tendrían estas opciones para cuando ellos mismos sean grandes o también por la cantidad de niños que empezarían a matricularse teniendo familias donde ya no es posible identificar una mamá y un papá. Así sucedió en México donde en las actas de nacimiento se eliminan obligatoriamente las palabras padre y madre. Ejemplo igual lo encontramos en Malta donde en todos los registros oficiales se deben eliminar no solo la palabra padre y madre, sino marido, esposo, esposa y mujer. Debido a la posibilidad de cambiarse la identidad de género (propuestas diferentes van desde tres géneros hasta 112 opciones) y debido a que una persona puede mantener una única identidad como cambiarla sin restricción, las políticas públicas deben regir para todos, enseñarse a todos y dar la opción a todos. Igual sucedería con los conceptos de abuelo, abuela, tío, tía, primos, primas, entre otros. Leyes y políticas públicas van de la mano y al ser derechos humanos, según esta lectura, obligatorios y accesibles a todos.

Debido a la apertura, para toda la población, de la posibilidad de optar por un cambio en la identidad de género, en Inglaterra, Hayden Cross, fue el primer hombre embarazado. Nacido como mujer, Cross es legalmente un hombre y suspendió la operación de senos, ovarios y el tratamiento hormonal para quedar embarazado de un donante anónimo. La asociación médica británica ha prohibido a los doctores utilizar la palabra madre por razones más que evidentes. Tampoco se pueden usar las palabras niño o niña para los recién nacidos, por considerarse reduccionistas. Anotar el “sexo biológico” también sería un problema. Se recomienda “designado como…” o “nacido como”. Debe entenderse claramente que estas medidas son para toda la población y de acatamiento obligatorio. ¿Tendría sentido celebrar el día del padre o de la madre en escuelas y colegios? No solo no tendría sentido, sino que sería discriminatorio según esta lógica, lo mismo aplicaría a nivel nacional. En otras palabras, es prohibir los conceptos “madre” y “padre” en una sociedad paulatinamente en favor de unos, sin preguntarle al resto de la población.  Pero esta situación no se limita a las mamás y los papás. Tíos, tías, primas, primos y todo lo que marque un “género normativo” correría la misma suerte. Es la desintegración de conceptos culturales medulares en la sociedad que son pilares para definir la familia. Imposición, sí. ¿Respeto de todos los derechos de todos los ciudadanos? No. Rediseño social, sin consulta a una sociedad.

Si el rediseño continúa será posible entender que se tendrán múltiples abuelos, abuelas, primas, primos, debido a las familias poligámicas, poliándricas o poliamorosas pero sumado a los proyectos de cambio de identidad de género no será posible marcar el sexo, ni género tan fácilmente, solo en algunos casos; al ser cambiante dependerá de las personas y su opción.

Modificación del lenguaje

Consideremos que la modificación en el lenguaje es enorme pues no hay sustantivos, ni adjetivos ni pronombres que puedan dar cuenta de las posibles identidades cambiantes o performativas. Inicialmente se pueden imponer algunos pronombres, algunos cambios puntuales, pero es claro que irán aumentando las exigencias con el tiempo. Ya en la Universidad de Oxford se dice que es un posible delito referirse a las personas trans con el pronombre “él o ella”. Se crea entonces el pronombre “Ze” y la obligatoriedad de usarlo y enseñarlo. Jordan Peterson, profesor de psicología que ha cuestionado la medida, se ha visto amenazado con despido en la Universidad de Toronto donde trabaja. También hay problemas con las palabras “señores y señoras”. Existen otros ejemplos en diversos países. El panorama se torna más complejo si tomamos en cuenta no solo la identidad de género sino también la expresión de género, pues no es lo mismo. Una persona puede tener una identidad de género, pero la expresión de género ser diferente (esta última es cómo se expresa corporalmente el género y no coincide necesariamente con la identidad). Esto modificará currículos en escuela y colegios, espacios públicos (incluidos los baños), prácticas deportivas, registros nacionales, uso del lenguaje, producciones artísticas, entre otros muchos aspectos. Activará los sistemas de aprendizajes culturales y formales. Y solo se están mencionando algunos aspectos, la situación en realidad es más compleja.

Ante la insistencia de cómo me afectaría a mí la aprobación o no de la ley, la respuesta es clara. Afecta directamente porque es parte de un cambio total, es un proceso de reingeniería social que abarca procesos educativos formales e informales, como ya se mencionó. Los dos modelos no van a convivir juntos, uno va a ceder frente a otro, paulatinamente. Es la imposición de un nuevo modelo independientemente de si usted está de acuerdo o no. Claro que es un proceso, que tendrá sus etapas de transición, de la mano de las legalizaciones. El problema radica en los impactos sociales y las consecuencias que va a traer. La conformación de diferentes matrimonios por sí mismos ya conlleva una afectación importante. Al aprobarse como derechos humanos y al ser estos inherentes y universales, pasan a ser obligatorios e indiscutibles en todos los espacios mencionados previamente. Todo lo anterior es la plataforma de una de las consecuencias más serias y tiene que ver con la emergencia de una dictadura cultural. Igualmente, esta dictadura tiene sus características, su modalidad y su accionar, con ejemplos muy claros en otros países. Tema para ampliarse por sus todavía más severas consecuencias. Todo esto pasa por la aprobación de leyes civiles y modificaciones en reglamentos en instituciones públicas.

La pregunta más importante, ¿está de acuerdo la sociedad costarricense con todos estos cambios que conllevan la aprobación de estas leyes?, ¿no es acaso tema de referéndum nacional? 

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