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La prostitución no es trabajo digno

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago

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Me gusta ver las entrevistas de Edgar Silva en “Las Paredes oyen” por conocer las historias de vida y aprender de los demás, pero la semana pasada terminé con disgusto. Y no tiene que ver con la entrevistada, ella es mujer, madre y tiene igual dignidad que yo ante Dios. Somos hijas de Dios, creadas a su imagen y semejanza.

El disgusto que siento tiene que ver con la forma de presentar la prostitución en la entrevista. El significado de la palabra “prostitución” según el diccionario es “actividad de la persona que tiene relaciones sexuales a cambio de dinero”. Hay otras acepciones del término como por ejemplo “Deshonrar o degradar algo o alguien abusando con bajeza de ellos para obtener un beneficio”. Popularmente, el término ciertamente es peyorativo, pero es una palabra que existe y da significado exacto a la actividad que se realiza. 

Yo jamás podría dirigirme a estas mujeres de una forma que las insulte, es claro que no les gusta que les llamen prostitutas, yo las puedo llamar hasta hermanas y las respeto en su dignidad de mujeres, pero eso no cambia la realidad de la actividad que realizan. Digo esto porque presentar la prostitución en televisión nacional como un trabajo digno, como una forma de subsistencia para hacer dinero más rápido que en otros trabajos que no requieren sexo y como algo que además se disfruta es sencillamente horroroso.

Si yo tuviera una hija adolescente que vio el programa y entonces se pregunta, para qué estudiar, mejor me hago prostituta… hubiera tenido que sentarme a explicarle la otra cara de la moneda. Hemos sido una sociedad de valores que está quebrándose en este momento. Aun sin Dios, hemos tenido valores importantes en la educación como la fidelidad a una pareja, el respeto al cuerpo humano y a la mujer, el control de la sexualidad, fomentar el estudio y el profesionalismo en las personas. La prostitución nunca ha sido un valor en nuestra sociedad y nunca se ha considerado digna para ninguna mujer.

Desde la fe, el cuerpo es templo de Dios y por tal razón no podemos prostituirlo porque el sexo es un acto íntimo que se reserva para el sacramento del matrimonio. Por tanto, la prostitución atenta contra la dignidad de la mujer que está llamada a grandes misiones en la vida. Dinero fácil y rápido de esta forma trae sus consecuencias negativas, entre ellas, enfermedades de transmisión sexual, soledad, sufrimiento.

Por más que digan que “lo disfrutan” en el fondo tiene que haber mucho vacío y deseos de ser amadas y respetadas. Jesús jamás apartaría estas mujeres de su camino. Él vino a dignificarnos. No rechazaría a ninguna, ni a la peor criminal, pero lo que hace es hacernos ver nuestra falta, levantarnos con misericordia y ponernos a caminar con nueva dignidad. “Tampoco yo te condeno. Vete y no peques más” Jn 8, 11. Jesús no condena, nos salva y ayuda, pero la condición es “no peques más”.

Yo no estoy juzgando mal a nadie. Solo resalto que no debe presentarse la prostitución como un trabajo digno, ni siquiera como un trabajo para la mujer. Lo que vimos fue la decisión y la opción que una mujer tomó en un momento difícil de su vida, otra cosa es promover la prostitución públicamente en un canal serio que además siempre ha comulgado con la fe católica. Aunque quienes estén en esto hoy no me comprendan, yo no las discrimino, yo puedo sentarme a tomar café con ellas y hablar de la vida, pero bajo la luz de Dios lo digo, ninguna mujer merece vender su cuerpo. Fuimos creadas por Dios con enormes virtudes para grandes ideales, no para quedarnos en la esfera lujuriosa de la carne.