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¿Por qué unos cuerpos de santos se descomponen y otros no?

“Le saludo Monseñor. Soy una fiel lectora de su sección. Aquí están mis dudas: ¿Cuál es la posición correcta a la hora de rezar el Santo Rosario?, y ¿por qué algunos cuerpos de santos sufren descomposición y otros no? Gracias por su atención a una humilde y fiel lectora del Eco”.

M. Elizabeth - Heredia

Estimada Elizabeth: Para el rezo del Santo Rosario no hay ninguna específica prescripción o norma en relación con la postura que hay que tener. Estoy pensando en no pocos enfermos o ancianos que rezan el Santo Rosario en su silla de ruedas o inclusive en su cama… Es muy edificante ver a una familia reunida y sentada alrededor de una imagen sagrada, y en que todos sus miembros, pequeños y mayores, participan en el rezo del Santo Rosario, al que tan insistentemente nos ha invitado Nuestra Señora de Fátima.

La postura más conveniente es la que más nos ayude a poner atención a lo que vamos diciendo y a los “misterios” que se nos van proponiendo al comienzo de cada decena de “¡Alégrate María, llena de gracia!”

Hay quien prefiere unir al rezo un poco de sacrificio y, entonces se queda de rodillas, cuando en grupo los fieles se reúnen en el templo, lo cual nos parece muy edificante, con tal que esa posición no les impida la debida atención a cuanto van diciendo y escuchando.

¿Y quienes no recuerdan aquella estampa realmente edificante e inspiradora en que se contemplaba a San Juan Pablo II caminando despacio por algún lugar de montaña, mientras iba rezando el Rosario? Se le veía solo, pero de hecho no lo estaba; María caminaba a su lado.

En Costa Rica he conocido la siguiente costumbre: se reza el primer misterio de pie, mientras que la comunidad o el grupo participa en los otros misterios sentados; el último Padre Nuestro que va acompañado con las tres Ave María, de pie; mientras que las letanías son rezadas de rodillas.

La segunda pregunta suya, estimada Elizabeth, queda… sin respuesta. Esta le pertenece a la libre voluntad y decisión de Dios.

Es verdad, no son pocos los casos de incorruptibilidad de cuerpos de santos y santas. Nos referimos a ese sorprendente fenómeno por el cual un cadáver, sin que se le someta a ningún tratamiento especial, se queda incorrupto.

En la tradición cristiano-ortodoxa de Rusia y de otros países eslavos, el fenómeno de la incorruptibilidad ha sido siempre asociado a la santidad de vida. En la literatura es conocido el caso de Alejo (Alioshia), uno de los hermanos Karamasof, quien consideraba al propio maestro de espíritu y guía espiritual, el monje Zósima como un auténtico santo. Cuando éste muere, Alioshia espera que su cuerpo quede incorrupto, pero no sucede así, y él entra entonces en una profunda crisis por la pregunta que le surge espontánea: ¿Será que Zósima no era el santo que él pensaba?

Más allá de toda creencia particular, hay que admitir que el fenómeno de la incorruptibilidad no está asociado constantemente con la santidad. En efecto, grandes santos, como santo Domingo de Guzmán, san Francisco de Asís, san Ignacio de Loyola, santa Teresa del Niño Jesús… y muchos otros no tuvieron este privilegio y su cadáver fue sometido a la ley común de la corrupción. 

De otros santos, por el contrario, su cuerpo fue encontrado incorrupto después de varios y, a veces, muchos años, desde su muerte, como es el caso de san Carlos Borromeo, de san Juan de la Cruz, santa Teresa de Ávila, santa Bernardita Soubirous (la vidente de Lourdes) y, más recientemente, por lo que se comenta, de san Juan Pablo II… De algún otro santo, lo que no ha sido sometido a la corrupción es una parte del cuerpo, como el caso de la lengua de san Antonio de Padua. Caso muy extraordinario y bien conocido es el de la sangre de san Genaro, que está guardada en una ampolla y se presenta normalmente coagulada y que, con la ocasión del aniversario de su martirio, el 19 de setiembre, se licua y aparece con su color rojo vivo, como si en ese momento, saliera de la herida causada por la espada… Si en algún año no acontece este prodigio, la población se preocupa porque normalmente ese hecho es presagio de algún hecho no favorable, como puede ser la erupción del volcán Vesubio, cercano a Nápoles, donde san Genaro es muy venerado.

Se trata de “signos” que nuestro Padre Dios, por su amorosa Providencia, cuando y como quiere, nos concede para que nos ayuden y nos sostengan en nuestro camino de fe y de esperanza.

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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