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¿Por qué cambian a los padres de parroquia?

“Monseñor, mi pregunta es esta: ¿Por qué a los sacerdotes los cambian de comunidad cada 4 años? Le agradezco su respuesta”. 

Ana Cecilia Sánchez – Heredia 

Puede ser que en su parroquia de hecho hayan cambiado a los sacerdotes cada cuatro años, pero esa no es la norma. El Concilio Vaticano II, en el Decreto sobre la vida y el ministerio de los Obispos, que se titula Christus Dominus, en el número 31 establece el siguiente criterio: “Como quiera que toda la razón del cargo parroquial es el bien de las almas, con el fin de que el Obispo pueda proceder más fácil y adecuadamente a la provisión de las parroquias, suprímase cualquier supuesto derecho para ser nombrado a tal cargo y permanecer en él”. Esa es la norma suprema de todo encargo en la Iglesia: el bien de las almas. Esto vale no sólo para los párrocos, sino también para los otros sacerdotes que sean enviados a prestar su servicio pastoral en una parroquia. Es obvio que se exija una mayor estabilidad para un párroco que para un vicario, u otros sacerdotes residentes en el territorio de la misma parroquia y que presten ahí su ayuda. Se presupone que el párroco tenga un plan pastoral cuya realización implique un tiempo adecuado, no demasiado breve. Sin embargo, todo y siempre salvaguardando aquel criterio fundamental que en el ambiente eclesiástico se acostumbra repetir en latín: “suprema lex, bonum animarum”; esa es la ley suprema, el bien de las almas, por lo cual el Obispo podría encontrarse en la necesidad de cambiar a un párroco -y con mayor razón a los que no lo son-antes de lo previsto. 

Si el “bien de las almas” exige que el párroco y sus colaboradores tengan una adecuada estabilidad, es igualmente verdad que durar “demasiados” años en la misma parroquia, tiene sus inconvenientes, como son el agotamiento de la propia creatividad, el riesgo de la rutina, la disminución de las propias energías, el surgir de contrastes con algún sector de la parroquia, etc., etc. Por lo cual, aunque no haya razones “de peso”, conviene que un párroco cambie de lugar después de un período suficientemente largo que le haya permitido el “dar lo mejor de sí” a sus fieles. 

Monseñor Vittorino Girardi S. 

Obispo emérito de Tilarán-Liberia 

 

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