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¿La Iglesia aprueba la incineración de los cuerpos?

“Monseñor, algunos compañeros comentan que prefieren, una vez muertos, que su cuerpo sea cremado y así incinerado y no enterrado. Cuando recibía catequesis, hace ya bastantes años, se nos decía que la Iglesia no aprobaba esa práctica. Actualmente, Monseñor, ¿qué opina la Iglesia? Con todos los lectores del Eco, muchas gracias”.

José Fajardo L. - San José

Estimado don José, en otra ocasión hace ya tiempo, algo comuniqué sobre este tema. Sin embargo, para servirle con gusto, vuelvo sobre lo que escribí, ampliándolo.

La palabra “incineración” deriva del latín “incinerare”, y significa quemar un cadáver para reducirlo a cenizas. En la antigüedad se daba esta práctica en varios pueblos, y de entre ellos, entre los Romanos y Griegos. Hoy en día, no pocos sociólogos y economistas, han llegado a pensar que la “incineración” se ha vuelto una necesidad, particularmente en grandes ciudades, debido a la falta de espacio y al alto costo de terrenos aptos para sepultar a difuntos (panteones o cementerios).

Es verdad lo que usted nos escribe don José, en el pasado la Iglesia reprobaba la incineración o cremación de los cadáveres, porque esta práctica se presentaba como asociada con el paganismo e incluso vinculada con el rechazo de la fe en la vida del “más allá,”  en la vida eterna.

Sin embargo, en 1983 se publicó el Nuevo Código de Derecho Canónico en que se han reunido las leyes universales para toda la Iglesia Católica. Ahí se afirma abierta y claramente que la “incineración” está permitida, obviamente siempre y cuando no sea interpretado como rechazo a la doctrina católica (cfr Can. 1176)

En sintonía con lo que establece el Nuevo Código, en el Ritual de Exequias Cristianas, encontramos las siguientes indicaciones. “Aunque la cremación este permitida por la Iglesia, no por ello posee el mismo valor que el entierro del cuerpo. La Iglesia prefiere y exhorta a que el cuerpo del difunto esté presente en los ritos funerarios puesto que la presencia del cuerpo humano refleja mucho mejor los valores que la Iglesia expresa y afirma en sus rituales”.

Es por eso que, si los familiares del difunto, o él antes de morir, han optado por la cremación, los ritos religiosos de las exequias conviene que sean celebrados antes del que el cadáver sea incinerado. 

En cualquier caso las “cenizas” merecen el mismo trato y respeto debido al cuerpo humano del cual proceden. Esto implica que el recipiente o cofre en donde se coloquen las cenizas, sea digno y, de ser posible, que se distinga con algún signo religioso. Lo mismo se diga del lugar en donde sean conducidas y colocadas las cenizas. 

La práctica de esparcir las cenizas en el mar o en otro espacio libre, como en la montaña o en bosques, e igualmente el conservar el cofre de las cenizas en el hogar del difunto, no parecen ser la forma respetuosa que la Iglesia espera y requiere para lo que ha quedado de sus hijos difuntos (cfr. 417 del Ritual de Exequias Cristianas)

A imitación de los primeros mártires cristianos, es deber nuestro fijarnos en lo esencial. A ellos no les importaba el morir quemados (pensemos por ejemplo en la primera masiva persecución por decreto de Nerón en que muchos fueron quemados vivos) o destrozados por las fieras, con tal de dar testimonio de su fe en Cristo, victorioso de su muerte y de la nuestra.

Es una pena que muchas veces, algunos se fijan más en detalle o en algo secundario como es en dónde y el cómo serán enterrados, y no en lo realmente importante, que es el estado de su vida interior y su preparación para el encuentro definitivo con Dios.

Monseñor Vittorino Girardi S. 

Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

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