All for Joomla All for Webmasters

¿Jesús se enfermó alguna vez?

Buenos días Monseñor. Un hermano en la fe me afirmó hace unos días que Cristo no se enfermaba y que, en todo caso, si eso se diera, se auto sanaba con el poder divino que poseía. Partiendo de lo que se lee en Heb. 4, 15 y de lo que enseña el Magisterio de la Iglesia. Le dije que aunque probablemente Cristo tuvo un cuerpo que funcionaba a la perfección, es factible que se pudiera enfermar, porque su cuerpo era del todo semejante al nuestro. Le ruego ilustrarnos sobre este tema. Muchas gracias y bendiciones.

Guillermo Bernardo Prendas – Costa Rica

Usted, don Guillermo Bernardo toma como punto de referencia para proponer la posibilidad de enfermarse, para Jesús, el texto de la carta a los hebreos 4, 15, en que leemos: “No tenemos un Sumo Sacerdote (Jesucristo) que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino probado en todo, igual que nosotros, excepto que en el pecado”.

Sin embargo, del contexto general, presentado en el capítulo cuarto de esa Carta, no cabe referirse al tema de la “posible enfermedad” en Jesús. En efecto, el Autor no se está refiriendo a flaquezas o debilidades corporales, sino, a flaquezas morales. Jesús es “verdadero Dios” y “verdadero hombre”; Él mismo nos comprende plenamente, en toda nuestra realidad. Él mismo ha sido probado, es decir, tentado como se nos recuerda en los relatos evangélicos de las tentaciones de Jesús. Él ha experimentado en sí la lucha entre el bien y el mal, entre la propuesta de un mesianismo mundano, aparatoso, y el de un mesianismo discreto, humilde, propio de la obediencia incondicional al Padre. “No se haga mi voluntad, sino la tuya, Padre”, suplicó en el momento del combate decisivo, en el Huerto de Getsemaní (cfr Lc 22, 39-47).

Pasemos ahora a la pregunta: “¿podía enfermarse Jesús?” Para contestar conviene detenernos en tres niveles de la realidad humana de Jesús.

1) En cuanto que “el Verbo se hizo carne” (Jn 1, 14) prefiriendo entre otros nombres el de “Hijo de Hombre” precisamente para evidenciar su plena realidad humana, Él aceptó todos los límites de nuestra naturaleza. Los Evangelios los recuerda: “Jesús crecía, se fortalecía, llenándose de sabiduría” (Lc 2, 40), experimentaba hambre (cfr Mt 4, 2), fatiga, sed, (cfr Jn 4, 6-7), indignación, pena e ira (cfr Mc 3, 5)… aquí se aplica, aunque en un contexto teológico distinto, la afirmación de la carta a los hebreos: “en todo igual a nosotros excepto que en el pecado” (4, 15).

2) Si tenemos en cuenta que Jesús fue concebido por obra del Espíritu Santo y que recibió su realidad corporal de María Virgen, la Inmaculada, debemos afirmar que su naturaleza humana era perfecta, sin ningún elemento hereditario negativo que facilitara el surgir y el desarrollo de alguna enfermedad. Y por otra parte, su mente humana era también portadora de la inteligencia divina (no lo olvidemos: Él es el Verbo, la Segunda Persona de la Santísima Trinidad) por lo cual sabía conducirse en su vida privada y pública con toda aquella necesaria prudencia que le hacía evitar todo peligro y todo contagio de alguna enfermedad. De ahí que los Evangelios nos presenten a Jesús dotado de una energía física extraordinaria, capaz de resistir a un ritmo de trabajo fuera de lo normal, a tal punto que ni tenía tiempo para comer y constatando que sus apóstoles no resistían a ese ritmo, los invita a ir a un lugar apartado y a descansar un poco (cfr Mc 6, 30-32).

3) Consideramos ahora, muy brevemente, cómo reaccionó Jesús, en su realidad humano-corporal en su Pasión y Muerte. Acabamos de poner de relieve las extraordinarias capacidad y fortaleza físicas de Jesús, y sin embargo, cuando los soldados fueron para quebrar las piernas de los tres crucificados y así acelerar su muerte, para que sus cuerpos no quedaran en cruz el sábado, (aquel sábado era muy solemne) se sorprendieron de que Jesús ya hubiese muerto… (¿por qué había ya muerto, joven de menos de cuarenta años, antes que los otros dos condenados?).

Según no pocos intérpretes la respuesta a esta pregunta debe ser buscada en el hecho que sigue en el relato evangélico de san Juan y que el evangelista describe tan detalladamente y repitiendo que él fue testigo presencial. Un soldado, viendo a Jesús ya muerto, con una certera lanzada le abrió el costado llegando a su corazón, del cual “salieron sangre y agua” (Jn 19, 34). ¿Qué agua pudo “salir del corazón”? Los médicos que estudian la pasión y muerte de Jesús han lanzado la hipótesis de que Jesús había sufrido un infarto muy probablemente durante la agonía de Getsemaní y que eso le hubiese anticipado la muerte. Hay que recordar que el infarto produce una profunda herida del corazón y la naturaleza reacciona espontáneamente  para que tal herida pueda sanar y entonces hace que se acumule suficiente suero blanquecino en la misma herida, fenómeno que acompaña el proceso de curación de cualquier herida. Tanto más grave es la herida, más suero acude a ella… Cuando la lanza abre el corazón de Cristo, de él entonces, saldría en cantidad relevante ese suero que al Testigo Juan, le pareció, por su fuerte simbolismo, agua y agua de Vida.

Aquí tampoco se trata de ninguna enfermedad, sino de un muy grave fallo cardiaco causado por el intenso dolor de la agonía en las largas horas del Getsemaní.

Monseñor Vittorino Girardi S. 
Obispo emérito de Tilarán-Liberia

 

 

0
0
0
s2smodern