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¿Está mal rezar el Rosario en una Hora Santa?

Estimado Monseñor: Advierto que no hay pleno acuerdo acerca de la posibilidad de rezar el Rosario durante la Hora Santa. Hay quien afirma que no se debe y hay que quien no ve en ello ninguna dificultad. Sin embargo, en el Ritual del Culto de la Eucaristía fuera de la Misa se lee: “la Adoración Eucarística está centrada solo en Jesucristo y no como tiempo para practicar ejercicios piadosos en honor de la Virgen María o de los Santos. La normativa litúrgica es clara “durante la Exposición todo debe organizarse de manera que los fieles, atentos a la oración se dediquen a Cristo, el Señor”. (Eucharisticum Mysterium 62). En la práctica, Monseñor, ¿está prohibido que podamos tener el rosario durante una Hora Santa Eucarística? Muchas gracias por su atención. 

Amparo Navarro - Cartago

La respuesta, estimada Amparo, depende de cómo se considera el Santo Rosario. Si lo vemos exclusivamente como una simple “práctica mariana”, ella no debería ocupar el tiempo dedicado a la “Adoración Eucarística”. Si, por lo contrario, consideramos el Santo Rosario por lo que él es realmente, entonces no vemos ninguna dificultad para poderlo rezar delante del Santísimo. 

Para justificar esta afirmación, veamos ahora algo de lo que ha escrito acerca del Santo Rosario el Papa San Juan Pablo II. En octubre de 2002, él nos regaló una larga reflexión (Carta Apostólica) sobre el Santo Rosario, titulada Rosarium Virginis Mariae. En el número 13 leemos: “El Rosario, en cuanto meditación sobre Cristo con María, es contemplación saludable. En efecto, penetrando de misterio en misterio, en la vida del Redentor, hace que cuanto Él ha realizado y la liturgia actualiza, sea asimilado profundamente”. Y en el número 18: “El Rosario es una de las modalidades tradicionales de la oración cristiana orientada a la contemplación del rostro de Cristo. Así lo describía el Papa Pablo VI: “oración evangélica centrada en el misterio de la encarnación redentora, el Rosario es, pues, oración de orientación profundamente cristológica. En efecto, su elemento más característico -la repetición letánica de “Dios te salve María”- se convierte también en alabanza constante a Cristo, término último del anuncio del Ángel y del saludo de Isabel, la madre Juan Bautista: “Bendito el fruto de tu seno”. 

El Jesús que toda Ave María recuerda es el mismo que la sucesión de los misterios nos propone una y otra vez como Hijo de Dios y de la Virgen. Es el mismo que la Comunidad reunida en la Hora Santa, adora presente en el misterio eucarístico. 

Más adelante, en el No. 24 encontramos esta consoladora afirmación: “Haciendo nuestra con el Ave María las palabras del Ángel y de Santa Isabel, nos sentimos impulsados a buscar siempre de nuevo en María, entre sus brazos y en su corazón, el “fruto bendito de su vientre”, Jesús”. 

Bastan estas afirmaciones del Papa San Juan Pablo II, tan mariano y tan eucarístico, para no ver en el Santo Rosario una práctica exclusivamente “mariana”, sino sobre todo una prolongada contemplación de los misterios salvíficos de nuestro Señor Jesucristo. 

Transcribir otras afirmaciones de la carta apostólica Rosarium Virginis Mariae haría demasiado lago este texto. Hay muchas más, y todas para hacernos comprender que cuando con el Santo Rosario, nos acercamos en actitud orante a María, nos acercamos a Jesús. 

No tengamos pues, ningún reparo en rezar el Santo Rosario frente a Jesús Eucaristía, pero considerándolo y rezándolo no como un simple y a lo mejor monótono, repetitivo y rápido rezo de “Avemarías”, sino como una prolongada y amorosa contemplación de Cristo el Salvador, el Hijo de María, de ella que ha sido “Primer Tabernáculo de la Humanidad”.

Mons. Vittorino Girardi, obispo emérito de Tilarán-Liberia

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