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Vocaciones gemelas y misioneras en África

  • Carla y Mauren Mora Agüero, religiosas misioneras combonianas

Danny Solano Gómez
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Son gemelas, sietemesinas (su madre dice que las dos cabían en la palma de su mano) y por bendición de Dios ambas son misioneras combonianas en Mozambique, África.

Carla y Mauren Mora Agüero afirman que el Señor las llamó desde que estaban en el vientre materno, pero que se dieron cuenta hasta muchos años después. 

Originarias de Escazú, cuando tenían 15 años, por invitación de su hermana mayor, comenzaron a asistir a encuentros vocacionales con los Misioneros Combonianos.

Mauren explica que ahí descubrió el amor de Dios, que ama a todos sin distinción. Conoció gente nueva, hizo amigos y escuchó por primera vez cosas sorprendentes y duras de aquel mundo llamado África. 

Por su parte, Carla a los 17 ya sentía deseos de iniciar su formación como misionera y estaba lista para irse a Ecuador. “He recibido tanto amor, cómo no compartirlo”, afirma.

Sin embargo cuando informó a sus papás de sus planes, ellos no querían dejarla ir, así que optó por esperar un tiempo mientras lo asimilaban. 

Continuó con su carrera de Odontología y hasta tuvo una relación de noviazgo, sin embargo en su corazón sentía un llamado insistente. Al fin, tomó la decisión de salir del país para ser misionera comboniana, durante su formación sacó una licenciatura en Enfermería y Obstetricia. 

Por su parte Mauren se preparaba para estudiar Microbiología, había dejado de ir a los encuentros vocacionales, pero san Daniel Comboni ya había entrado en su corazón.

Todo iba muy bien, había conseguido un trabajo en la Caja del Seguro Social en un laboratorio, con el dinero que ganaba ayudaba en su casa y pagaba la universidad.

Mientras trabajaba y estudiaba miraba a su alrededor un mundo competitivo, se preguntaba si el camino que seguía era el que Dios le pedía que siguiera. 

Decidió ir con las hermanas combonianas para reiniciar su proceso vocacional, sin embargo le dijeron de manera muy amable que no veían en ella vocación como misionera.

Fue a encuentros con cinco congregaciones, pero su corazón se inclinaba hacia el carisma de Comboni, así que de nuevo tocó la puerta de las hermanas y le dieron una nueva oportunidad. 

En Italia estudió psicopedagogía. Durante el noviciado tuvo una enfermedad y el doctor recomendó que no se hiciera misionera. Ahora ella describe aquello como una tentación para que dejara su vocación religiosa. En su comunidad la cuidaron y se recuperó. 

Estas gemelas tuvieron la bendición de recibir juntas los votos perpetuos en Italia y ambas fueron enviadas a servir en Mozambique, donde participan de “una misión bellísima”, entre lágrimas y sonrisas. A pesar de estar destinadas al mismo país solo se ven una vez al año, porque están ubicadas en regiones distintas. 

Llegaron en 2007 a servir en lugares donde la falta de medicamentos redunda en el fallecimiento de muchas personas. El hambre, la desnutrición, la pobreza extrema, las enfermedades como la malaria y la lepra, los casos de personas contagiadas con VIH y la falta de acceso a servicios básicos esenciales como el agua o la electricidad, son cosa de todos los días en Mozambique.

Con lágrimas, Carla relató que una vez no había una ambulancia para llevar a una mujer embarazada con dolores a un hospital, hizo llamadas y por fin consiguió que le prestaran un vehículo, manejó durante horas, hizo todo lo que pudo y cuando llegaron al centro médico a la madre le estalló el útero y falleció. 

Mauren por su parte, recordó a una niña brillante que memorizaba la materia con gran facilidad y tenía excelentes habilidades para las letras y los números. Al siguiente curso lectivo la pequeña no volvió, cuando fueron a buscarla descubrieron que estaba embarazada, declaró que había tenido relaciones con un hombre para ganar dinero y así poder pagar su tiquete de vuelta a la escuela.

A pesar de las historias dolorosas que cuentan y las lágrimas que derraman cuando las relatan, tanto Mauren como Carla dicen que son felices en su servicio y que reciben mucho cariño de parte de las niñas y mujeres que atienden en sus respectivas misiones. 

Además, mencionan que la fortaleza para hacer frente a tantas situaciones difíciles proviene de Dios y que solo él hace posible que sigan adelante.

 

Para ayudas:

Banco Internacional de Moçambique 

Número de cuenta: 3283548 MZM – P Nampula

NIB 0001000000003283548

SWIFT BIMOMZMXXXX

 

Detalle:

A nombre de Irmas Missionarias Combonianas – Moçambique (MZM) - Hermanas Maureen y Carla de la mision de Nacala y Mangunde.

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