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Una vida nueva, en libertad

  • Janeth Zurita, privada de libertad chilena que recibió al Papa en el 2018

Martín Rodríguez González
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Santiago de Chile, enero de 2018. Una sociedad herida por los escándalos de abusos sexuales por parte del clero, recibe nada menos que al Papa Francisco en visita oficial. Los actos oficiales muestran a un Pontífice preocupado por la situación en el país. El fondo de sus mensajes es claro: es necesario renacer.

Esa idea de fuerza se repite una tras otra vez en los diferentes momentos de la apretada agenda papal: uno de ellos, la histórica visita al centro penitencial femenino de Santiago.

En este reclusorio, una joven ha sido escogida para hablar. Su nombre: Janeth Zurita, de 37 años, 10 de los cuales ha estado privada de libertad por narcotráfico.

Ha sido escogida para hablarle al Papa porque contra todo pronóstico y tendencia, ella rompió el círculo de la injusticia, la pobreza y la delincuencia, por medio de su esfuerzo personal y -según su propio testimonio- con la clara intervención de Dios.

Con determinación y fe, durante sus últimos tres años de prisión se graduó profesionalmente en la carrera de Estética, un oficio con el que se lanza a superar la dureza de su vida marcada por la precariedad material.

Así se lo dejó claro al Santo Padre y a miles de personas que siguieron la histórica primera visita del Papa Francisco a una cárcel de mujeres. Desde entonces nada detiene a Zurita. Se dispuso a salir de la cárcel con la frente en alto, con un título profesional bajo el brazo y habiendo sanado los vínculos con su hijo, al que tuvo que dejar cuando cayó presa.

Zurita nunca realizó transacciones de droga en las calles, por lo que no tenía contacto ni con los compradores y menos aun con los consumidores. Ella más bien coordinaba una red de distribuidores, una actividad que ejerció durante cinco años hasta que en junio de 2010 fue detenida y condenada a 15 años de prisión.  Así, comenzaba el periodo más difícil y oscuro de su vida, pero también el que le guardaba desafíos que podrían cambiar su destino.

Janeth confiesa que sus primeros tres años en la cárcel fueron de mucha pasividad, pues ni siquiera aceptaba realizar los trabajos remunerados que se ofrecían dentro del penal. Solo cuando una de sus amigas la invitó a participar de la misa dominical, tuvo un encuentro personal y significativo con el Señor al escuchar su Palabra.

“En esa misa no podía parar de llorar, pese a que nunca me ha gustado que me vean llorar los demás, porque en la cárcel una siempre se pone una coraza para mostrarse dura. Sin embargo, yo lloré, me desahogué y sentí a Dios dentro de mí. Y así comencé a ir todos los domingos a la misa”, afirma Janeth, quien además señala a Nelly León como una de las principales responsables de esa renovada vivencia de su fe.

La hermana Nelly, o la “Madre” como la llama Janeth, es una religiosa de la Congregación del Buen Pastor que ha consagrado su vida para abrir horizontes a las mujeres que están tanto en la cárcel como a aquellas que deben reinsertarse en la sociedad después de haber cumplido sus condenas. Fue la hermana Nelly la que le dio a la Zurita su primer trabajo remunerado dentro de la cárcel: el cuidado del aseo de la capilla, un recinto para más de 250 personas que debía permanecer impecable para los servicios litúrgicos y las reuniones comunitarias.

Su buena conducta, su evidente progreso en responsabilidad y su espíritu de superación hicieron que hace tres años Janeth obtuviese el beneficio de pasar a un sistema de reclusión semiabierto. Así llegó a un centro llamado Talita Kum, donde convive con otras 50 mujeres que, como ella, trabajan y se preparan para reintegrarse en el mediano plazo a la vida social. 

De allí espera egresar este 2020 como experta en estética y belleza, capacitada para ejercer labores de peluquería, cosmetología, manicure y masoterapia, entre otras disciplinas.

El Papa Francisco dio un sentido abrazo a Janeth después de su discurso, y en ella también a las otras 400 mujeres presentes, “privadas de libertad, pero no de dignidad”, como les recalcó. 

“Dios hizo todo porque Él quiere que yo cambie, Él quiere que yo sea otra persona, por eso yo digo que soy Janeth ‘Bendecida’, porque Dios me da todas estas bendiciones. Son mensajes que Dios me ha mandado para mostrarme que este es mi camino. Siento que Dios me está preparando para algo bueno, para algo mejor”, concluye a Vatican News con una voz que transmite una profunda gratitud y una enorme esperanza. 

 

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