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“Solo Dios tiene la última palabra”

  • Kattia Morales es madre de un niño milagro

Ma. Estela Monterrosa S.
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Kattia Morales Díaz es una madre joven que ha debido pasar grandes pruebas, pero aferrada a Dios pudo superarlas todas. Con mucha emoción narró a Eco Católico el milagro por el que da gracias: la vida y la salud de su pequeño Samuel, de apenas dos años.

A sus 25 años tuvo tres embarazos, sin embargo, perdió dos hijos antes llegar a los 3 meses de gestación. El tercer embarazo si llegó a término, aunque fue de alto riesgo.  Kattia y su esposo Fabio Cisneros son los padres de Samuel.

A este pequeño le detectaron una cardiopatía cuando aún estaba en el vientre de su madre, porque lo que requirió muchos cuidados desde recién nacido. Tenía una comunicación interventricular (CIV) comúnmente llamada “soplo”, con el tiempo se detectaron otros problemas: doble cámara ventricular y doble arco aórtico. Tras un examen se detectó una tetralogía de Fallot.

En setiembre del año anterior lo pusieron en lista de espera para una cirugía de corazón, pero en noviembre los médicos le dijeron a la madre que Samuel debía ser operado de emergencia y fue a cirugía el 14 de diciembre, la cual fue calificada como un éxito por los médicos. Pero después el niño presentó un estridor (ruido al respirar) que no era normal, se le paralizaron las cuerdas vocales y no podía ver bien.

“Yo llegaba a Cuidados Intensivos con la esperanza de que ya estuviera todo bien y cada día era peor. Hubo momentos en que dudamos de la existencia de Dios, porque orábamos mucho y nada. Yo le pedí a Dios una señal para saber que me oía y un día soñé con la Virgen de la Medalla Milagrosa y mi vida cambió, ese sueño me dio mucha paz. La Medalla Milagrosa es la patrona de la parroquia de mi comunidad en Acosta”, comentó.

El 26 de diciembre el estridor era más intenso, los médicos le hicieron una traqueostomía de emergencia y le informaron a la madre que podría tenerla de por vida y que había pocas probabilidades de que pudiera hablar. Una semana después, le dijeron que el niño había perdido la vista y que tenía daños neurológicos.

Todo eso pasaba, según le explicaron, por la falta de oxígeno que pudo haber sufrido durante unos instantes cuando lo conectaron a una máquina que realiza el trabajo del corazón y pulmones mientras el corazón se detiene para la cirugía. Las secuelas, en opinión de los especialistas, eran irreversibles.

“Yo les decía que Samuel iba a estar bien, que Dios tenía la última palabra. Nosotros somos muy católicos, devotos de Sor María Romero y el Padre Pío. Íbamos todos los días a rezar y le puse agua milagrosa con toda la fe. Para mí, Sor María es una santa. Yo estaba llena de fe”, recordó.

Kattia reza una versión del Rosario llamado Rosario Blanco que es tradición en su familia. Mientras el niño estaba en cuidados intensivos rezaba ese Rosario tres veces al día. 

“Yo le dije a mi esposo que Samuel estaba sanado, que yo tenía mucha fe en Dios y en la Virgen. Los días siguientes, Samuel fue recuperándose rápidamente, empezó a caminar, notamos que veía un poco mejor y sus cuerdas vocales se fueron recuperando”.

De una semana a otra el resultado de los exámenes era totalmente diferente. La recuperación de Samuel era notoria. Los padres del niño creen, con toda su fe, que Dios hizo un milagro por intercesión de Sor María Romero y del Padre Pío.

A inicios del mes de febrero el pequeño tuvo gripe y se le infeccionó la traqueostomía. Cuando se recuperó, le dijeron que ya no la necesitaba y le quitaron la cánula.

“En la operación yo sentí que tenía que ir donde la Virgen de los Ángeles”, recordó y contó que, en agosto, caminó desde Ochomogo hasta el Santuario Nacional, en Cartago, con el niño en brazos y los pies descalzos, llegó agotada y con los pies destrozados, pero se llenó de emoción cuando el niño vio la imagen de la Virgen y comenzó a aplaudir y decirle “mamá”. Ese gesto le hizo sentir que el niño estaba conectado con Dios. “Yo siempre le digo que la Virgen es mamá”. Kattia volvió en febrero a la Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles a darle gracias.

Kattia es tan devota que, por imitarla, Samuel se persigna y “hace” que lee las novenas de los santos. Ahora el pequeño tiene una vida completamente normal, solamente sigue en control con un cardiólogo.

 “Siempre hemos sido creyentes, pero todo esto fortaleció nuestra fe y nos unió como familia. Siempre nos hemos valorado y amado, pero yo siento que ahora es aún más. Uno valora más porque sabe que hoy tiene las cosas, las personas y mañana no sabe. Nos hemos fortalecido mucho”, afirmó.

 

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