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“Si pudiera escoger, solo haría teatro católico”

  • Wilson Ulate, actor y dramaturgo

Laura Ávila Chacón
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Wilson Ulate es un joven de 44 años. Su espíritu alegre contagia, motiva y acerca. Hace teatro para vivir material y espiritualmente. El arte le permite mantener su familia, pero mucho más que ello, es su forma de amar a Dios y de mostrar ese sincero enamoramiento a los demás.

Pero no siempre fue así. Con una niñez y una juventud difícil, Wilson vivió muchos años lejos de la fe, a pesar de que en su corazón permanecía la semilla espiritual sembrada por su madre, doña Zeneida, quien falleció hace poco más de 17 años. 

Buscando en lugares equivocados se metió en líos, hasta que el Señor lo llamó. Un día sintió el deseo de ir a misa y todo mundo en San Joaquín de Flores se extrañó de verlo en la Iglesia. De hecho, había temblado y la gente comentaba que había sido a causa de su decisión de ir al templo. Ese día fue a todas las eucaristías porque sentía algo que nunca había experimentado.

Recordó su experiencia en una Jornada de Vida Cristiana, buscó información y se integró al grupo de pastoral juvenil de la comunidad. El primer día nadie podía creer que Wilson estuviera ahí sentado. De hecho, estaban planeando un retiro y en votación ganaron los que pensaban que no era buena idea que él participara, aunque al final se impuso el criterio del entonces seminarista Greivin Hidalgo, quien los convenció diciendo que Wilson podría hablarles a los jóvenes desde una realidad que ellos jamás podrían hacerlo. 

Fue entonces como pudo vivir el retiro “Me sedujiste Señor y yo me dejé seducir”, en el que, tal cual, el Maestro tocó su corazón para que su vida jamás volviera a ser la misma.

Desde el grupo de pastoral juvenil, Wilson puso sus talentos al servicio de la Iglesia, montando obras sobre la navidad, la vida de San Francisco, la Pasión del Señor y la historia de la salvación. Eran espectáculos en los que participaban hasta 90 muchachos como, un modo para evangelizar y evangelizarse.

Wilson entró a estudiar formalmente al Taller Nacional de Teatro y se graduó. Ahí conoció a su esposa Tatiana Chávez, quien lo apoya en su quijotesca idea del teatro católico.

Surgió entonces en el 2012 el grupo “Los de a Pie”, con el objetivo de contar historias de gente “de a pie”, es decir, de personas comunes con historias excepcionales. A través suyo, Wilson canaliza su inquietud de comunicar al público historias de fe, inspiradoras, que dejen una enseñanza y que partan de principios católicos.

Se trata, como él mismo lo dice, de una propuesta diferente, alejada de los estereotipos que muchas veces el teatro comercial presenta acerca de la Iglesia, la fe y los sacerdotes. “Si pudiera escoger, solo haría teatro católico”, afirma el autor.

Del diálogo con Dios en la oración, han nacido obras como Operación Navidad, el monólogo Francisco -que presentó en Cracovia, en la Jornada Mundial de la Juventud-, y ahora La Señora (Ver módulo)

Este tipo de teatro es una herramienta para la evangelización que está disponible para las parroquias que deseen aprovecharla. De hecho, contó Ulate, es deseo del director nacional de catequesis, el Padre Mario Segura, de que todos los catequistas del país vean La Señora por el valor espiritual de su contenido y la calidad de su puesta en escena.

En la obra intervienen el propio Wilson y las actrices Xinia Vargas y Adriana Víquez, quienes también han hecho, a través de la puesta en escena, su propio camino de fe.

Wilson cree que en el ámbito de Iglesia es necesaria aún más apertura a los dones que el mundo del arte y los propios artistas pueden dar para impregnar la cultura de Cristo. Agradece las parroquias que se han interesado en presentar sus proyectos, pero es claro en que podrían, y deberían, ser muchas más.

Algo que Wilson enfatiza es que todos sus guiones él los comparte con sacerdotes amigos quienes los leen y hacen sus observaciones, ello con el objetivo de estar en completa coherencia con el magisterio de la Iglesia. 

“La Señora”

Es una obra de teatro que cuenta la historia de Marielos, una mujer de fe que va dejando huella en la vida de su hijo Juan, quien la acompañará hasta el último de sus días.  Magdalena será testigo de este tránsito, mostrando la realidad del vecino que, aunque vive al lado, posee una realidad que puede ser muy distinta… o no...

En Marielos y Juan, ella encuentra una esperanza para el vacío que la sociedad le ha dejado. Esta esperanza es la familia, en especial la familia que Dios nos dio desde el cielo. La esencia de “La Señora” no es contestar preguntas, más podría generarlas, pues es una obra que llama a la reflexión sin juicios.

 

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