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“Si esta gota de sangre queda aquí…”

  • María Lorena Morales, misionera comboniana

Danny Solano Gómez
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Cuando los hombres armados llegaron, las personas huían en todas direcciones, la hermana María Lorena, rezagada, escuchaba el silbido de las balas que pasaban encima de su cabeza y las detonaciones de explosivos. Se había golpeado la rodilla por lo que no podía correr, el dolor se hizo más agudo y, de pronto, cayó al suelo.

“Si esta gota de sangre se tiene que quedar aquí, que sea por la paz, y si no es así, Señor, dame fuerza para seguir sirviendo”, fue su plegaria. Un militar se detuvo cerca de ella, se dirigió hacia donde estaba con un arma en sus brazos, pasó a su lado, se devolvió y se fue.

“Una voz me decía: “Continúa caminando, confía en mí”. Empezó a gatear, se reincorporó y al cabo de un rato logró reencontrarse con los demás. Todos estaban vivos, Gloria a Dios.

María Lorena Morales Fallas, nació en Desamparados, San José. Es misionera comboniana, destinada primero en Sudán y luego, tras la división del país en 2011, en Sudán del Sur, un territorio donde desde el 2013 hay una Guerra Civil, causada por múltiples conflictos políticos, económicos y étnicos.

Más de dos décadas de misión 

Una vez que hizo sus votos perpetuos fue enviada a Sudán en 1996, ya entonces había ahí constantes conflictos armados. “Siempre le he pedido a Jesús vivir la misión en un lugar donde se necesite”, comentó.

Se le encomendó, junto a otras religiosas, abrir una misión en una tribu conocida como Nuer, con mucho esfuerzo y entusiasmo lograron levantarla, sin embargo, al primer año se vieron obligados a huir a causa de la guerra.

Tras un proceso de discernimiento, aceptó abrir una nueva misión, esta vez con la tribu Dinka. Nuevamente aprendió su lengua y se mezcló con sus habitantes. 

“Los domingos había Misa -narró- los aviones del gobierno, que sabían que los cristianos se congregaban esos días, hacían bombardeos… 

Cuenta que una vez los aviones los tomaron por sorpresa en un campo abierto, sin oportunidad para esconderse se echaron al suelo y empezaron a rezar el rosario. 

“Las señoras dijeron: “Hermanas, vamos a morir” (…) Las bombas cayeron fuera del jardín, cuando terminó vinieron a ver cómo estábamos, gracias a Dios nadie murió”, contó. 

Tras siete años ahí, recibió la noticia de que el lugar donde realizó su primera misión había sido desocupado como campo de batalla. Decidió volver entonces con la tribu Nuer. Llegó a una zona devastada, los pocos vecinos que quedaban no salían de sus casas por miedo, de hecho, la primera noche ella durmió bajo un árbol.

No solo el pueblo estaba destruido, emocionalmente las personas cargan consigo heridas que requieren ser sanadas. La hermana María Lorena los ha visto llorar, danzar y gritar, para expresar el dolor que sienten. 

Tras la división del país, hacia 2013 en Sudán del Sur inició una nueva guerra civil por conflictos entre los nuer y los dinka. En 2014 la hermana recibió información acerca de que las tropas del gobierno estaban a 60 kilómetros de la misión (ubicada en Leer) y con órdenes de arrasar cualquier pueblo a su paso.

Los vecinos se organizaron para abandonar sus casas y escapar del peligro. “Salimos en enero, a través de la selva, tuvimos que dormir bajo los árboles y comer hierbas”, relató.

Aunque al inicio María Lorena y otros misioneros salieron en un primer grupo, ella decidió volver para saber cómo estaban los que se habían quedado. Las tropas rebeldes la dejaron pasar porque la conocían, “algunos fueron mis estudiantes”, recordó. Los padres y las hermanas que quedaban habían optado por salir y así lo hicieron. 

Poco tiempo después, las tropas del gobierno, entraron y destruyeron todo cuanto encontraron. No conformes con esto salieron a la caza de las personas que habían huido. En esa persecución ocurrió el hecho narrado al inicio de este reportaje. 

Los vecinos caminaron muchos kilómetros hasta llegar a orillas del Nilo. Al cabo de dos semanas, llegó información respecto a la búsqueda por parte de la ONU. Ante la imposibilidad de llegar al sitio donde estaban se organizó un plan, tenían que alcanzar un punto asignado donde aterrizaría un helicóptero, no obstante, para llegar ahí tenían cruzar territorios en disputa. Lograron llegar y fueron evacuados.

La hermana salió a salvo de Sudán del Sur. Tras un tiempo fuera decidió volver, vio los pueblos destruidos, la misión en ruinas y recorrió pueblos junto a otras misioneras. 

Comenta que hay miles de refugiados, habla sobre la violación de derechos humanos, fallecidos, entre ellos, muchos catequistas, pero no pierde la esperanza y ve, en medio de todo, la misericordia de Dios que se hace presente.

Temporalmente la misión está una zona rodeada de lagos y pantanos, los vecinos y las religiosas esperan algún día volver a Leer. La hermana María Lorena regresó a Costa Rica por tres meses y al parecer ahora fue asignada a misionar en Medio Oriente.

 

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