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“Ser mamá es la mayor bendición que Dios me da"

  • Mariela Ramírez, un ejemplo de mamá, esposa y educadora

Sofía Solano Gómez
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A Mariela Ramírez, una jovial mamá vecina de Caballo Blanco de Cartago, la caracteriza un amor incondicional hacia sus hijos, esposo y familia, pero también hacia los niños que por mucho tiempo han sido sus estudiantes.

“Ser mamá es la mayor bendición que Dios me dio”, afirma, al tiempo que recuerda que al principio costó que su sueño de ser mamá se hiciera realidad, ya que, tras dos años de matrimonio no lograba quedar embarazada.

Hoy es madre de cuatro. Dos hombres y dos mujeres, intercalados entre sí. Un desafío, un reto y una misión primada por Dios en la vida de Hugo, su esposo y Mariela, la protagonista de esta historia.

“Hace 20 años Dios nos dio la oportunidad de conocer a Jesús y lo adoptamos”, cuenta Mariela.  Se trataba de un niño de dos meses en aquel momento, con quien además esta pareja de esposos tuvo que estar muy pendiente de su estado de salud, ya que había nacido de apenas cinco meses y medio de gestación. 

Así fue como ella y su esposo se convirtieron en padres primerizos y “del corazón” de Jesusito, como le llama de cariño a su hijo mayor.

Al año y medio de tener a Jesús en sus vidas, Mariela quedó embarazada de Pablo, su segundo hijo. Esta mamá no imaginaba una familia tan grande, de hecho, contó que creía que Jesús sería su único hijo, pero asegura con emoción que ¡Dios tenía otros planes!

Al año y medio de dar a luz a Pablo, “Dios nos dio otra vez, el premio de adoptar una niña”, recuerda con gratitud. Sofía llegó a los brazos de este caluroso hogar, con tan solo un día de nacida. 

Cuando la pequeña Sofi tenía cerca de un mes en casa, Mariela quedó embarazada de Alejandra, la menor de los ahora cuatro adolescentes. Las chicas se llevan nueve meses de diferencia. Entre los cuatro, la relación de los hermanos es muy buena.

Entre ser mamá de “la panza” y ser mamá “del corazón” como le llama, no hay diferencia. “Para mí y para mi esposo los cuatro son iguales, a los cuatro se les quiere igual, se les llama la atención igual. No hay diferencia porque nunca la he sentido”, expresó Mariela.

Una vida de enseñanzas

Ser madre y profesional al mismo tiempo no ha sido una tarea difícil para Mariela. Ella reconoce que, aunque ser docente de Educación Especial es demandante, el trabajo en la escuela le da la oportunidad de no sentirse tan alejada de sus hijos, ya que hasta el momento ha logrado que el horario y el tiempo de vacaciones coincida con el de ellos.

De sus hijos la mayor enseñanza es que “cada día hay un aprendizaje. No hay un manual para ser papás, por lo que cada día se aprende más y más de ellos, de cómo son cada uno y de sus diferencias”.

Su mayor desafío como mamá es llevarlos por un buen camino para que sean hombres y mujeres de bien, tratar de encausarlos siempre en enseñarles el bien y el amor al prójimo, el respeto a las personas y los buenos valores.

Una de las pruebas que ha tenido que enfrentar y por la cual luchar día a día, es ahora la salud de su esposo, quien desde hace siete meses fue diagnosticado con un Carcinoma adenoide quístico.

Aferrada a Dios y con mucha fe, esta unida familia siente que recibieron un milagro de vida en medio de los duros momentos que han enfrentado. “Gracias a Dios, después de la sexta operación, al parecer el cáncer ya fue erradicado”, contó Mariela 

Actualmente su esposo se encuentra en recuperación y en espera de saber si necesitará quimioterapia, sin embargo, todos están optimistas y con fe de poder superar una prueba más en sus vidas.

 

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