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¡Señor, cuánta bondad!

Sofía Solano Gómez
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A la parroquia Nuestra Señora de los Dolores Santuario Nacional Santo Cristo de Esquipulas, en Alajuelita acuden cientos de fieles cada año en el marco de su Solemnidad, celebrada cada 15 de enero.

Venidos de todas partes del país, los peregrinos agradecen y hacen sus peticiones al Cristo Negro. Hay quienes se encomiendan al Santo tal como lo hizo don Danilo Vargas, quien fue diagnosticado con cáncer en noviembre de 2014. Un linfoma grado cuatro y una úlcera invadían su salud.

Este vecino de Piedra de Fuego, en Alajuelita, es además uno de los propulsores de la capilla de la Comunidad, la cual se acoge bajo la advocación de Nuestra Señora de los Ángeles. 

Él y su esposa cuentan que de sus padres aprendieron la fe y el amor por colaborar en la Iglesia. De ahí que hace 20 años idearon la construcción de la Capilla junto con miembros de la comunidad parroquial, motivados por un consolidado grupo de oración. 

Más tarde y con el apoyo del entonces párroco Pbro. Roberto Salazar, también el Pbro. Gustavo Rojas, se inició la construcción. “Dios se manifiesta con poder”, expresa en gratitud de lo material que llegó para ver esta obra hecha una realidad.

La Capilla está dedicada a la Virgen de los Ángeles ya que en la comunidad no había ningún otro templo bajo esta advocación. Y es precisamente en María en quien encontró consuelo días después de conocer su diagnóstico.

Visitó la Basílica de Cartago, a los pies de La Negrita entregó su salud. Luego fue al Santuario, en Alajuelita, le comentó al sacristán lo que le sucedía y este que es muy cercano a él por su servicio en la parroquia, le rozó una flor bendita en su estómago y le dijo “usted no se va a ir de aquí.”

“Le dije al Negro de Esquipulas, a Jesús, todo lo que me pasaba. Le dije: ya fui donde su mamá y le dije que mi estómago este hecho leña. Si usted quiere echarme la manita, de aquí en adelante le toca a usted”, relató.

Asumió con actitud la enfermedad frente los demás y su sentido del humor no cesó. Ante la gente tenía un “cangrejo” que lo estaba atacando, una “tártara” y un “caimito”, “era ver cómo me iba muriendo con alegría”, describe don Danilo, un hombre humilde que desborda emotividad mientras cuenta su historia.

Recibió cinco quimioterapias, ya don Danilo no quería más debido al dolor. Con más de cinco meses de tratamiento, cuando tocaba la sexta quimioterapia mediaban exámenes y

una nueva gastroscopia, en ésta él notó que aquella mancha negra -el cáncer- no estaba, pero él se inmutó. Recuerda que dijo: “Señor, no veo el caimito”. 

El día de saber el resultado, el doctor se levantó de la silla, manoteó su pecho y le dijo: “sabe por qué, se lo dije, su estómago está limpio, no sé qué pasó. Lo único que sale en la gastroscopia es que hay ciertas cicatrices de la úlcera y del linfoma. Aquí como que hubo algo, pero ya no está”.

Libre de cáncer 

La sexta quimioterapia no se realizó, estaba libre de cáncer, no obstante, al tiempo fue que él se sintió más consciente de estar sano, “es cierto lo que vi en la gastroscopia” se decía. En el momento no le causó alegría, se inmutó como cuando recibió la noticia en 2014, reflexionó y en una contemplación le decía al Señor: “Señor, no lo esperaba tan pronto. Cuánta bondad.”

Lo primero que hizo fue ir a la parroquia. La noticia que recibió ese 3 de junio de 2015 la compartió con el Padre. Luis Guillén, con él lloró de alegría al igual que con sus familiares y amigos.

Hoy goza de su salud, agradecido con las oraciones de su comunidad parroquial y con todas las personas que en su nombre corrieron en la lucha contra el cáncer, así como por las intenciones en las misas.

“Sé que el Negro de Esquipulas es una imagen y como católico sé que es el mismo Jesús el que actuó, sanó, liberó, les dio luz a los ciegos… lo tengo claro, en el Negro veo a ese Jesús que está con los brazos abiertos para recibir a todo aquel que desee de buena fe llegar a sus pies a pedir algún favor”, concluyó.

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