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La verdadera felicidad está en servir

  • Doña Fidelina Retana Alpízar

Laura Ávila Chacón
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Con 79 años, doña Fidelina Retana ha dedicado su vida a servir al prójimo, primero como voluntaria, luego fundadora y actual administradora del Hogar de Ancianos San Vicente de Paúl, en Ciudad Colón. 

Quien la conoce sabe que para ella no hay horarios, días feriados ni vacaciones cuando se trata de dar atención y calidad de vida a las personas residentes permanentes o a las que asisten al centro diurno.

Siempre con alegría y disposición, doña Fidelina tiene como prioridad que la institución sea un oasis de cuidado, atención y amor hacia las personas adultas mayores, por eso el trato humano hacia esta población es fundamental. Lo considera un acto noble, sublime que nace directo del corazón.

Basta con compartir un rato con ella. Nadie que cruce su camino se queda sin una sonrisa o una palabra de ánimo. Afirma que desde muy pequeña aprendió a ayudar a las demás personas sin esperar nada a cambio, lo considera el mejor legado que le heredaron sus padres.

Según narra una publicación hecha sobre su vida y obra, titulada “Una vida al servicio del prójimo”, por la periodista e historiadora María del Carmen Rojas, doña Fidelina nació el 25 de setiembre de 1940 en Brasil de Mora, en un hogar de escasos recursos económicos, pero de grandes valores humanos y de solidaridad social. Sus papás, don Damián Retana, y su mamá, doña Teodosia Alpízar, tuvieron 19 hijos, de los que sobrevivieron 10.

Su papá era agricultor y servía como juez de paz en la comunidad, siempre dispuesto a ayudar a quien lo necesitaba. Su mamá fue ama de casa, siempre valiente y abnegada.

El trabajo fue norma de vida en su hogar, así como la sensibilidad hacia las necesidades de las personas y la cercanía con la Iglesia.

De hecho, doña Fidelina fue maestra de religión durante 13 años de su vida, en las comunidades de Puriscal y Mora. Tenía fama de estricta y exigente, pero siempre fue muy querida por sus estudiantes.

En 1968 se casó con don José Joaquín Barrantes y estuvieron casados 33 años hasta que enviudó. Sus tres hijos son la mayor bendición que ha recibido de Dios.

La cercanía con la Iglesia hizo que sirviera como catequista durante 20 años en la Parroquia de Ciudad Colón, donde desempeñó varias funciones e incluso llegó a ser coordinadora.

Participó activamente educando en la fe a cientos de niños, jóvenes y adultos de la comunidad, contribuyendo a la formación de ciudadanos con valores.

Desde joven doña Fidelina sentía la necesidad de un hogar donde se cuidará a los adultos mayores que, por diversas razones, vagaban por el pueblo sin el apoyo de nadie.

En 1975, siendo maestra de religión en la escuela Rogelio Fernández Guell, la contactaron las Damas Vicentinas y el Padre Godofredo Campos para que les ayudara a constituir la Asociación San Vicente de Paúl. Superados los muchos trámites legales y administrativos, se consiguió un terreno donado que es donde ahora está el proyecto.

Primero se levantó con mucho esfuerzo el local para el centro diurno, la cocina y el salón multiusos, pero pronto, dada la demanda de servicios, fue necesario iniciar la segunda etapa.

Con el apoyo de la Municipalidad de Mora, la comunidad y la Junta de Protección Social se logró el objetivo. El hogar abrió sus puertas el 18 de setiembre de 1978, y desde entonces su estilo de administración se ha caracterizado por la eficiencia y la honestidad.

Actualmente residen en el hogar diez personas de forma permanente y unas 25 más asisten al centro diurno. Ambas poblaciones cuentan con los servicios de enfermería, terapia física y ocupacional, nutrición, psicología y rehabilitación. Tienen servicio médico en diferentes especialidades y un equipo de asistentes vela por los pacientes durante el día y la noche.

Son muchos los reconocimientos recibidos por doña Fidelina por su vida de servicio, entre los más significativos, la declaratoria como Hija Predilecta del Cantón de Mora, en el 2012, “por su amplia trayectoria como persona de bien, siempre al servicio de la comunidad y de las personas más necesitadas del cantón”.

Para doña Fidelina ver el rostro de los adultos mayores en paz y que sean tratados con cariño y dignidad es el motivo de su verdadera felicidad, esa que no se encuentra en otra parte sino en el servicio a los demás.

 

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