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“Jesús en la Cruz también es un discapacitado”

Danny Solano Gómez
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Hay silencio en la Catedral Metropolitana, unos pocos fieles rezan dispersos en las bancas, otros hacen fila para confesarse, de repente un joven no vidente cruza el altar, se dirige al órgano, se quita los zapatos como si los pedales fueran tierra sagrada y, enseguida, entona con solemnidad las notas del Sanctus de la Missa de Angelis.

Ese músico es Jeffry Mora, organista de la Catedral Metropolitana, quien desde 2018 solemniza algunas de las celebraciones que se llevan a cabo, pues no solo toca el órgano, también es corista.

 Desde muy pequeño sus padres le inculcaron la fe y el amor por la música, incluso su abuelo era guitarrista. 

Cuenta que el hospital fue su segunda casa, un glaucoma hizo que perdiera la vista de manera gradual y también tuvo una cirugía a corazón abierto. 

Recuerda que cuando lo llevaban a las citas médicas su madre acostumbraba hacer una parada en algún templo josefino, como la Iglesia de La Merced o El Carmen.

De niño formó parte de coros seculares, aprendió a tocar la guitarra en una academia y luego, cuando estaba en el colegio, su hermana le enseñó a tocar el piano. Ricardo León, organista de la Catedral Metropolitana también fue su maestro. 

De pequeño Jeffry además fue monaguillo en San Antonio de Coronado. En 2010 comenzó a cantar en misas en una filial, luego, cuando su familia se trasladó a vivir a San Jerónimo de Moravia, se integró a la parroquia. 

Durante algún tiempo estuvo cantando en una filial, sin embargo, no sabe por qué razón dejaron de llamarlo. Fue entonces cuando el párroco de ese momento y ahora Obispo de Tilarán-Liberia, Mons. Manuel Eugenio Salazar, contactó con sus padres y le pidió que animara en el templo parroquial.

Después, el siguiente párroco, Pbro. Alexander Quesada, también lo motivó y le encargó animar misas en celebraciones solemnes, como Semana Santa. 

Un día a la Parroquia de San Jerónimo se le solicitó colaborar con una celebración en la Catedral Metropolitana. A él le pidieron acompañar con el órgano, cuando terminó la ceremonia se acercó al sacristán, Gabriel Rojas, para decir que si un día necesitaban alguien que animara él podría venir con mucho gusto. 

“Da la casualidad que no tenemos a alguien que nos anime mañana temprano, ¿usted puede venir?”, le respondieron y ahora tiene casi año y medio de servir en Catedral.

Acercarse a la Cruz

Jefry comentó que su discapacidad visual le ha traído dificultades de una u otra forma, sin embargo “cuando uno tiene la experiencia de Dios cambia la perspectiva de las cosas”, afirmó. Y agregó: “Deja de ser una situación lúgubre, triste, comienza a ser más bien una situación redentora”. 

También expone que estos años de servicio le han servido para darse cuenta que tener la experiencia de Dios no es cantar o tocar en misa o vestir el alba de monaguillo. 

“No es que yo sea bueno y por eso estoy en cosas de Dios, no, es que Dios ha sido tan bueno conmigo que me ha llamado a servirle”, expresó.

Jeffry argumenta que en su caminar ha sido de mucha ayuda acercarse a la Cruz de Cristo. “Jesús no se podía mover, por la sangre en sus ojos quizá no podía ver, es una condición en la que, por amor, experimenta la discapacidad y ¿por qué no decirlo? me ha dado la bendición de estar cerca de su Cruz”, dijo el músico.

Según menciona, se trata de ver la mano de Dios que no se presenta solo para que “un ciego vea o un sordo escuche o un paralítico camine, la gracia de Dios está en el amor que Él hace germinar en cada uno”.

Jeffry de 34 años no se considera el mejor músico u organista, pero es consciente que ha sido muy bendecido. “Jesús aceptó la Cruz por amor, uno también acepta la dificultad por amor, es un proceso en que estoy y sé que se alcanza con la gracia de Dios”.

Es un apasionado del órgano porque “le da esplendor” a la liturgia, ama cantar en latín, por ejemplo, disfruta mucho interpretar la Misa de Angelis. “Una vez fui a una Misa Tridentina y fue como amor a primera vista”, dice con una sonrisa.

Un dato curioso es que Jeffry por su condición no lee las partituras, así que saca todas las piezas musicales a puro oído, las memoriza y las practica antes de interpretarlas en Misa.

Hacia el final de la entrevista, cuando se le pregunta si la gente se sorprende al verlo tocar, responde afirmativamente y agrega: “Si ven algo bueno en uno están viendo la gracia de Dios. Un día una persona me dijo algo así: “Qué fácil que la ponés para ver la gracia de Dios”, creo que si uno facilita algo así es una gran dicha y qué gran bendición.

 

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