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“En el hospital uno se siente valioso”

Sofía Solano Gómez
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En 1994, Delfina Pacheco vio salir del Hospital Max Peralta de Cartago, de entre un grupo de mujeres vestidas con gabacha verde, a dos de sus compañeras del curso de Biblia al que asistía. Desde entonces quiso ser una de ellas.

Hoy esta señora es la dama voluntaria con más edad de ese centro médico, donde sirve a los pacientes y sus familiares las mañanas de los miércoles y viernes.

Las Damas Voluntarias de este centro hospitalario comenzaron su trabajo en el año 1977. De los poco más de 40 años que ya tienen, doña Delfina ha servido por 35 años en el área de sangre.

Banco de sangre

Todo inició al oír a una de sus compañeras preguntar: ¿Te gustaría entrar? Pacheco no se pudo resistir e inmediatamente se dispuso a llevar una fotografía y a llenar la boleta que le permitiría el ingreso.

Recuerda que sus inicios fueron en el servicio central, donde se hacen gasas y torundas, pero tiempo después abrieron el Banco de Sangre, que es dedicado al paciente sano, y allí se ha mantenido desde entonces.

Empezó como secretaria, entrevistaba y hacía el carnet de los pacientes. Ahora entre sus funciones destaca el cuido del paciente, “lo más importante es que quienes llegan se sientan bien”, asegura.

Con su experiencia, doña Delfina sabe incluso cuando un paciente se va a descomponer, porque aprendió a reconocer síntomas como la palidez.  

Cuenta que hay donadores de todo tipo, están los muy tranquilos y los que se desmayan, convulsionan, vomitan y hasta de la impresión hacen sus necesidades fisiológicas, por lo cual siempre debe estar lista. 

Doña Delfina dice que de igual forma ofrece su servicio donde la necesiten, también hace visita a los salones, acompaña a los pacientes a la Hora Santa y hasta en confidente se ha convertido de uno que otro hospitalizado.

También se encarga de acompañar a los convalecientes a desayunar y les brinda las herramientas de cuidado personal al que lo requiere.

“Los indígenas son los más felices”, narra, “apenas nos ven nos hacen así, (simula cuando una persona tiene un cepillo de dientes en la mano y desea lavarse los dientes) para que les demos cepillo y pasta”, cuenta.

Un servicio con espíritu de ayuda

El grupo de las 19 Damas Voluntarias activas trabaja sin fin de lucro con donaciones y la colaboración de personas, pero también con el aporte que ellas mismas realizan a través de cuotas y rifas o actividades que hacen. 

Por medio de su asociación prestan a los pacientes equipo de servicio médico como sillas de ruedas, muletas, andaderas y camas, y les dan el soporte en instrumentos como manómetros y aspiradores. Los beneficiarios solo deben de dar una colaboración para su mantenimiento.

Al igual que ocurre con el jugo y la galleta que se distribuye a los donadores. Diariamente se reparten entre 60 y 70 meriendas para las cuales hacen “la marcha de la galleta “en escuelas y colegios. Además, ofrecen comestibles a pacientes que son atendidos en diálisis o con quimioterapia, por ejemplo. 

También dan afecto y dedicación a los pacientes con la entrega de telas para quienes deseen tejer, libros para que pinten o completen sopas de letras mientras son hospitalizados.

Pacheco reconoce que la directora de este centro siempre ha estado muy atenta a escuchar sus necesidades, aunque el espacio físico en el centro médico se ha reducido. “Hemos luchado porque nos den un espacio porque hemos andado por todo lado”, agregó. Actualmente las voluntarias se encuentran ubicadas en la capilla del hospital, ahí tienen un pequeño escritorio y un archivo.

“La paga mía es el de arriba”

Sobre la retribución al servicio que da, dice que “la paga mía es el de arriba, es decir Dios”, por lo que además afirma que para ella ser Dama Voluntaria no es sacrificio, porque es algo que le gusta, “especialmente por servir, porque es darle al Señor un poquito de lo que Él nos da”. También porque es un tiempo “que cojo para mí, es mi momento de ir al hospital, lugar donde uno se siente valioso”, expresó. 

Esta Dama Voluntaria dejará su segunda casa, como le llama al hospital, hasta que la salud se lo permita, inspirada por su compañera Amparito Fuentes (q.D.g.), a quien recuerda que con más de 90 años de edad dijo: “Soy Dama Voluntaria” hasta que murió. “No me he puesto un límite porque siempre he sido muy sana”, concluyó.

 

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