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“El amor de Cristo es real por medio de gestos humanos”

  • Gioconda y Natalia, dos jóvenes misioneras laicas

Sofía Solano Gómez
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Gioconda Cerdas y Natalia Jiménez son dos jóvenes misioneras laicas que encontraron el amor de Dios manifestado en la misión que realizaron el año anterior y parte de este, en Chile y Brasil, respectivamente.

Ambas pertenecen al Movimiento Puntos Corazón, conformado por mujeres y hombres laicos voluntarios de distintos países, sacerdotes y misioneros consagrados que llevan el Evangelio especialmente a poblaciones en riesgo social.

De acuerdo con las chicas, la rutina que Puntos Corazón propone, ayuda mucho a vivir una vida totalmente laica, pero muy involucrada con Dios.

“La misión es una lucha constante entre el sufrimiento y el amor, en ella entendí la cruz de Jesús. Así es, uno realmente sufre y entrega por amor”, comentó Gioconda, quien prolongó su misión cinco meses más de lo acordado.

Ella asegura que la felicidad que sentía fue una buena señal para quedarse un tiempo más. Además, afirma que entender la figura de Dios en su vida se concretó cuando vivió la misión. 

“Es entender que rezar el rosario y visitar al Santísimo va más allá de algo que le doy a Dios, en realidad es porque mi necesidad humana me lleva a estar íntimamente con Él”, dijo.

Una de las mayores enseñanzas de su misión fue valorar la vida de oración y silenciar su corazón, recuerda que incluso, al contemplar al Santísimo le encontró sentido a ese silencio.

Entendió que en los tiempos de oración no era ella la que actuaba, sino que Dios la puso en la vida de tantas personas como un instrumento suyo.

Reconoce que, pequeños detalles como una sonrisa, son muy valorados por los demás. “A ellos -la comunidad donde estuvo– se les hace muy real el amor de Cristo por medio de gestos humanos”, afirma.

Una vida laica involucrada a Dios

A los voluntarios del Movimiento se les llama “amigos de los niños” a propósito de su carisma que va muy en relación con los más pequeños y vulnerables.

Natalia Jiménez, por su parte, es acogida por Puntos Corazón desde hace tres años, viajó a Salvador de Bahía, en Brasil “con lo que soy y con lo que no sabía que era también”, dijo de manera agraciada al recordar que sus dos culturas salieron a relucir.  Es colombiana y la mayor parte de su vida ha vivido en Costa Rica.

Llegó a una comunidad vulnerable y desprotegida por el gobierno, donde se ve el narcotráfico, la violencia, etc; y en medio de esas realidades tuvo que aprender a ver a sus residentes con amor. 

Para ella, la experiencia de misionar es como “una reconstrucción de la mirada, hacia mí misma, a las otras personas y de darme cuenta de la mirada que tiene Cristo en mí”, dijo.

El darse a los demás, sobre todo con los niños, fue una de sus mejores experiencias, jugar con ellos, darles atención o visitar familias le permitió ser más consciente de vivir el carisma de la compasión en la realidad de su día a día. 

Ambas desean que más personas conozcan de este movimiento, por ello motivan a que más jóvenes que deseen dar un año de sus vidas en servicio, se animen. Gioconda particularmente, les propone la felicidad que ella alcanzó, “uno vuelve deseando que todo mundo viva la misión”, concluyó.

 

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