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Doña Emilia: apóstol del Ave María

  • Emilia Cornejo dedica el don de su voz a servir a Dios y a la Iglesia

Laura Ávila Chacón
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La voz que conmovió por tantos años a miles de personas que escucharon el canto del Ave María de sus labios, ahora sigue alabando a Dios tan devota de la Virgen María como lo fue la primera vez que entonó este himno a la Madre del Señor.

Hablamos de Doña Emilita Cornejo, una desamparadeña que inspira fe, ternura y amor.

“Emilita”como le dicen quienes la conocen, en noviembre próximo cumplirá 100 años de edad y los celebrará al lado de sus grandes amores: sus hijos, y con el recuerdo de su gran amor, su esposo, quien afirma que nunca le “cortó las alas” para llevar adelante lo que más quería en la vida, que era cantar a la Virgen María con toda su alma.

Esa fuerza del amor la mantiene en pie de lucha y con una vida espiritual muy activa. Ella pide la confesión, reza puntualmente la coronilla de la Divina Misericordia y las oraciones marianas que la han acompañado a lo largo de los años.

Desde muy joven, Emilita se entregó al servicio en la Iglesia. Fue profesora de religión, por casi 34 años en las escuelas de El Llano (San Miguel), San Antonio de Patarrá y Joaquín García Monje, de donde se jubiló. 

Además, fue catequista, evangelizadora y encargada en Semana Santa del grupo de los apóstoles en la Parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados. 

El Ave María de Shubert

Desde los 7 años, doña Emilita cantaba el Ave María de Franz Shubert. Ahora lo hace más pausado pero con la misma pasión. Se lo pedían para bodas, primeras comuniones, funerales, misas o cualquier otra actividad de la Iglesia. Incluso viajó por todo el país cantando su más preciada oración. 

En conversación con el Eco Católico recordó al Padre Julio “Pipo” Fonseca, quien era el maestro de capilla de la Iglesia de La Merced. “Me dijo chiquilla, ayudanos con las misas y yo le dije que sí, lo cantaba con mi alma”, recuerda.

Eso si, no lo hacía por dinero sino por servicio. Según cuentan sus hijas, ella tenía siempre precios accesibles tanto bodas y funerales con presupuesto escaso. Únicamente pedía lo que ocupaba para llegar al lugar. 

En su juventud, Emilita también participaba del Comité de Ornato de la parroquia, iba al mercado a comprar plantas y flores para el altar y le encendía siempre la velita al Santísimo Sacramento, según recuerdan sus hijas.

Un día quizó hacerse monja, pero desistió de ello, con el tiempo se hizo madrina de seminaristas, a quienes apoyaba material y espiritualmente durante su formación. Muchos hoy son sacerdotes que la recuerdan con cariño. 

En Semana Santa era dama de compañía, salía con la imagen de la Virgen junto a la amiga de su vida, doña Luz, quien tiene 93 años y como ella, es devota de la Madre de Dios.

El día que Eco Católico conversó con Emilita, el Padre Marvin Benavides, Párroco de Desamparados, llegó para confesarla y ungirla con el óleo santo. Sobre ella dijo: “Emilita viene a representar la gentiliza de Desamparados, junto con otras personas, a nivel de Iglesia ella encarna un gran cariño hacia todos, por eso es conocida y querida, y se le recuerda por su Ave María, con el que se ganó el cariño de la gente,  es todo un emblema de una artista que con su voz acompañó a tantos matrimonios, funerales y actividades. Ella es una gran mujer de fe”.

 

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