All for Joomla All for Webmasters

“Dios me mostró que estaba ahí”

Ma. Estela Monterrosa S.
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. 

Lucía Araya en una mujer sancarleña que cuenta su testimonio por gratitud a Dios y a lo que ha hecho en su vida y en la de sus seres queridos.

Aunque ella ya era católica, su fe y devoción crecieron desde el 2018, cuando la invitaron a ser parte de un proyecto que le ha traído más bendiciones de las que hubiera imaginado.

Ella proviene de una familia grande, tiene cinco hermanos -uno es sacerdote-. Creció en la Palmera de San Carlos, vivió una época en Heredia y en 2017 regresó a San Carlos donde ejerce su profesión de maestra en la Escuela de Terrón Colorado, en Cutris.

Recuerda muy bien una misa a la que asistió en abril 2018, un lunes, porque marcó su vida. “Fui a una misa donde una religiosa y un sacerdote iban con la misión de crear una Capilla de Adoración. Yo andaba en mis carreras de siempre, de la casa y la escuela. Al final de la misa la religiosa pasó por las bancas escogiendo algunas personas para que le ayudaran”, comentó.

“En ese momento, cuando ella iba pasando, yo pensaba ‘que no me toque a mí, que no me vuelva a ver porque no tengo tiempo’. Cuando iba pasado me dijo ‘usted’. Luego nos dijo que no era ella la que estaba eligiendo a las personas, que era Dios y nos pidió que cuando entráramos en eso no nos soltáramos, porque posiblemente iban a venir muchas tempestades y que quizá íbamos a querer renunciar, pero que después íbamos a ver las maravillas de Dios y los milagros de la Adoración Eucarística”.

La prueba y el consuelo

En ese periodo, una persona en la que Lucía había depositado su confianza le falló. “Sentí una tristeza muy grande, me peleé con Dios, con la vida, llegué a pensar y decir que no quería vivir porque no le encontraba sentido a la vida”, recordó.

En julio del 2018, se realizó la misa de apertura de la Capilla de Adoración Perpetua. “Ese día era mi primera hora de adoración, llegué peleada con Dios y con la vida y solo pensaba qué estaba haciendo ahí. Tenía un fuerte dolor de cabeza y recuerdo que me quedé dormida, cuando desperté el dolor físico que llevaba se me había quitado. Ese día sentí paz y tranquilidad y una necesidad de regresar”, comentó.

Conforme pasaron los días, se iba sintiendo mejor. Aunque los problemas no se iban, al contrario, crecían, afirma que sentía paz en el corazón; el odio, la tristeza y la furia habían desaparecido.

La prueba más dura estaría por llegar para ella. En febrero del 2019, después de varios exámenes le dieron el diagnóstico de cáncer de seno. “Recuerdo que cuando recibí el diagnóstico pensaba que no sabía cuánto tiempo me quedaba de vida y repasaba las celebraciones de mi familia y pensaba que no podría estar”, comentó. 

Junto a su mamá, iba más seguido a la Adoración Eucarística. “Pedí perdón por las veces en que pensé que no quería vivir”, en su opinión, esa experiencia le enseñó a valorar la vida.

En los meses siguientes Lucía fue operada, recibió quimioterapia y radioterapia. Todo fue bien, pero los efectos secundarios la afectaron mucho. “Yo miro para atrás y veo que solo Dios me dio la fortaleza para pasar por ahí”, comentó.

Antes de operarla le realizaron un examen para determinar cuántos ganglios había afectados para extraerlos en la cirugía. En su caso, los médicos le indicaron que eran tres ganglios. Ya en el quirófano, encontraron que los ganglios estaban bien y el cáncer había disminuido de tamaño, por lo que no le extirparon todo el seno, sino una parte.

“Fue una gran felicidad, sabía que era mi fe y las oraciones de mi familia y de mucha gente; Dios nos había escuchado, tuvo misericordia y me sanó”.

Tras la operación y el tratamiento, Lucía ha tenido muchos exámenes, pero todo ha salido bien. Por todo esto, ella hizo la promesa de dar testimonio para que la gente crea en los milagros. Para Lucía, el superar el cáncer ha sido una bendición muy grande, pero afirmó que Dios ha hecho muchos otros milagros en su vida. 

Comentó que en la adoración les dan un papel para escribir sus intenciones. En una ocasión, ella estaba preocupada porque uno de sus hermanos estaba apartado de la familia. “Yo anoté su nombre. A los pocos días, él fue a la casa y desde entonces continuó visitando a la familia. Me sentí muy feliz de que regresara”, recordó.

En otro momento un sobrino suyo se enfermó. Todos estaban preocupados, así que pusieron al pequeño en las manos de Jesús y tuvo una rápida recuperación.

“Para mí son milagros. Dios me mostró que estaba ahí. Muchas veces no creemos, pero Él hace milagros todos los días”, dijo.

 

0
0
0
s2smodern