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“Dios me marca el camino”

  • Teresa Serrano Arce da clases en escuela cartaginesa

Danny Solano Gómez
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Tenía tan solo tres años cuando quedó ciega. Fue un accidente, su hermanito jugaba con un objeto punzocortante y sin querer se lo introdujo en el ojito izquierdo. En el hospital, el médico cometió una mala praxis y operó el ojo derecho.

“Yo me siento como una de las elegidas de Dios (…) Mi mamá lloraba mucho porque pensaba que yo ya no iba a poder estudiar, ella quería que todos sus hijos fueran a la universidad, yo fui la única que sacó una carrera”, comentó Teresa Serrano, maestra de preescolar y una persona no vidente.

Sentada en una de las sillitas de su aula, rodeada por paredes llenas de dibujos, letras y colores, esta docente da indicaciones a su perra guía, Lucylis que, según dijo, significa “promesa de Dios”.

Al parecer ella es la única maestra de preescolar no vidente que hay en el país, y probablemente la única que ha existido. El camino para llegar a serlo estuvo lleno de obstáculos, muchos por incomprensión y otros por discriminación. 

“Perdí cinco años por discriminación”

Una vez ganado el bachillerato en el Colegio San Luis Gonzaga, decidió matricularse en preescolar en la Universidad Estatal a Distancia (UNED), sin embargo, le negaron la posibilidad, en ese momento argumentaron que no estaban preparados para recibir a una estudiante con su condición.

Lo intentó una y otra vez. “Perdí cinco años así por mera discriminación”. Hasta que un profesor del colegio, Marco Adrián Arce, supo de su situación y decidió hacer gestiones. Aun así no fue admitida en la Sede de Cartago, sino en la de Sabanilla de Montes de Oca. 

Por dicha dice que le fue muy bien, incluso recibió una beca. No obstante, relató que cuando iba a dejar sus trabajos  en la Sede de Cartago la atendían de mala gana, no la saludaban, le arrojaban a la mesa los documentos y golpeaban el lapicero contra la hoja repetidamente para pedirle que firmara... 

Cuando preparaba su tesis, una funcionaria de la Universidad de Costa Rica le dijo que había sido un error haberla dejado estudiar preescolar y que no iba a conseguir trabajo. 

Aun así, siguió adelante. “¿Para qué iba a echar para atrás si ya había sacado el diplomado, el técnico, el bachillerato y ya iba a terminar la licenciatura?”

“En los chiquitos uno ve a Cristo”

Obtuvo su título, pero venía otro obstáculo: El reclutamiento. “Me decían: “Vea le vamos a recibir los papeles, pero es que usted así no puede”, y yo me iba para mi casa”, contó.

Pasaron dos años. Un día que fue a dejar sus papeles nuevamente pidió que le respondieran por escrito y trató de solicitar una cita con el ministro de Educación, pero no fue posible. Habló nuevamente con el profesor Marco Adrián y este optó por llamar a medios de comunicación y exponer lo sucedido, un diputado también le dio apoyo. 

Cuando terminaba de hacer la Novena a Santa Rita de Casia sonó el timbre de su hogar, salió y recibió el telegrama de su nombramiento como interina en el kínder Carlos J. Peralta, en Guadalupe de Cartago. 

El primer día de trabajo estaba nerviosa, no por los niños, sino por los padres y los compañeros, por cómo iban a reaccionar. 

Cuatro años después fue nombrada en Cervantes de Cartago, de donde tiene muy gratos recuerdos. “La gente y mis compañeros fueron muy buenos”. 

Allí estuvo 12 años hasta que pidió traslado porque su perrita guía anterior enfermó de cáncer. Desde hace cuatro años trabaja en la Escuela Proceso Solano, en Oreamuno, donde cuenta con una asistente, quien más que una compañera es “una amiga y una hermana”.

“Cada vez que me decían que no, yo decía: “Señor abrime las puertas, dame una luz para saber qué debo hacer”, yo pongo todo en sus manos, con fe, pido que cada día sea mejor”.

Algunas personas se preguntarán cómo hace la Niña Tere para estar a cargo de un grupo de más de veinte niños. Ella se sienta con ellos en el suelo, a todos los reconoce por su voz y siempre le pide a uno de ellos que sea su apoyo, ese día por ejemplo, la pequeña Lulasi le alcanzaba materiales o le indicaba quién levantaba la mano. Además, la docente lee en braille y se apoya de la tecnología para escribir sus planeamientos e informes. 

De igual forma, su asistente está pendiente por si requiriera apoyo, aunque afirma que tiene un muy buen manejo de grupo. Todas las mañanas, antes de iniciar su labor, reza junto a su compañera para saber guiar a los chicos que les han encomendado.

“Ellos (los estudiantes) a veces ni se dan cuenta (que ella es no vidente), incluso llegan y me muestran objetos… Los chiquitos son la inocencia, el amor puro, de verdad ahí es donde está Cristo, ellos no discriminan a nadie”.

 

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