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“Dios cumple nuestros sueños en grande”

Ma. Estela Monterrosa S.
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Roxana Abarca ha dedicado muchos años de su vida a ayudar a personas con adicciones a dejar las drogas, ese es su ministerio, sacar adelante el Hogar Medalla Milagrosa para que muchos hombres puedan recuperar su vida.

El interés por ayudar a estas personas se fue despertando en ella desde que era muy joven y vivía en una propiedad de sus suegros en Desamparados, porque ahí llegaban muchas personas a pedir y ella procuraba siempre darles algo, aunque fuera un refresco si no tenía nada más.

“Yo pensaba que, si esa propiedad fuera mía, haría al menos unos baños para que ellos salieran limpios, pensaba que podía conseguir ropa de segunda; ese era mi sueño, Dios me escuchó, pero no fue tan rápido, esperé 17 años”, comentó.  

Tiempo después se fue a vivir a Cartago donde se incorporó a los grupos de la Iglesia, entre ellos uno de formación bíblica. Además, era colaboradora en el Hogar de Paz que atendía personas en situación de calle y empezó a trasmitirles lo que aprendía.

El sueño de ayudar

Roxana colaboró en el Hogar de Paz durante 9 años. En el 2008 tuvieron la intención de trasladar uno a Cartago, así que ella se movilizó para alquilar una casa y conformar una junta de apoyo; finalmente los administradores decidieron no hacer el traslado debido a las dificultades financieras, así que Roxana decidió asumir las riendas.

“Los directores me dijeron que no iban abrir. Ya habían pasado algunas cosas y me dijeron ‘ahora la directora de ese centro es Roxana Abarca’. Lloré 15 días, pero mi temor era fallarle a Dios, en ese momento tenía muchos sentimientos encontrados”, recordó. “Echamos para adelante con el apoyo de la junta”, agregó.

Así fue como el Hogar Medalla Milagrosa abrió sus puertas. Desde el inicio se basó en el reglamento de los Hogares de Paz, pero le han impregnado su propio estilo. “Las reglas las van poniendo los grupos”, comentó Roxana.

Agregó que la diferencia del Hogar Medalla Milagrosa de otras instituciones es que se trata de un verdadero hogar, donde los internos se tratan como hermanos, se encuentran con Dios y con ellos mismos. Además, la recuperación de los hombres internados es de la mano de Dios, todos participan en el rezo del Rosario y de la Coronilla de la Divina Misericordia, además, van a Misa todos los días.

“Aquí de lo que menos se habla es de drogas. La idea es devolverles a ellos la alegría de vivir, que se encuentren con Dios y consigo mismos, perdonarse y perdonar porque vienen muy heridos, sanar traumas. Al encontrarle sentido a la vida, ya no tienen la necesidad de llenar un vacío”, dijo.

Reconoció que muchos hombres no terminan el programa, pero afirmó que en ellos queda una semilla y a veces regresan. Incluso, muchos de los que se van la llaman con frecuencia y de algún modo siguen siendo parte del hogar.

“Dios cumple nuestros sueños en grande, uno es el que pide en pequeño. Yo quería cantar una Misa, y ya he cantado en muchos lugares, incluso en otros países y he grabado dos discos”, dijo sobre su otra pasión que es el canto. “Esto es un regalo de Dios, por eso el Hogar Medalla Milagrosa siempre tiene que estar abierto”, agregó.

El vínculo y la gratitud de las personas que ha ayudado a salir adelante le dan fuerzas para continuar. “Aquí son más los momentos duros. A veces, cuando estoy cansada o un poco desilusionada, aparece alguno de los recuperados y me ayuda a recuperar fuerzas, es como la mano de Dios”, comentó.

Sostenido por la providencia

El Hogar Medalla Milagrosa atiende hombres entre 18 y 48 años. Tiene capacidad para 30 personas. Algunos de los internados pagan una cuota lo que le permite al Hogar pagar el alquiler de las instalaciones donde opera, pero se mantiene un cupo de 10 becados.

El internamiento es de 14 meses, a la mitad del periodo salen a trabajar. “Ellos cambian con el amor. La inmensa mayoría lo que necesitan es cariño”.

Roxana afirma que el Hogar existe por la providencia divina, pues, aunque tienen pocos ingresos, logran pagar todo lo necesario. Asimismo, recordó que han estado en diferentes comunidades, como Guadalupe, Dulce Nombre, La Pitahaya y El Molino. Actualmente, están ubicados en Tejar de El Guarco.

 

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