All for Joomla All for Webmasters

“Creía que el mundo podía darme lo que necesitaba”

  • Katherine Leiva, nueva subcoordinadora regional de Renovación Juvenil

Danny Solano Gómez
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Despertó tirada en el asfalto sin poder moverse, miraba a su pareja que yacía a varios metros con un hueso expuesto. Sentía frío, un señor se le acercó y le ofreció un confite. 

Katherine Leiva Oporto solo tiene “flashes” de lo que sucedió aquella noche. Recuerda luego estar en el hospital y que su pierna estaba muy hinchada. 

Tras varios exámenes le dijeron que sus nervios se habían desconectado y que no volvería a caminar. ¿Por qué la vida tenía que ser así? ¿no bastaba todo lo que había pasado?

Tan solo unos meses antes había decidido irse de su casa y cortar toda comunicación con su familia. Una noche no llegó a dormir, tuvo una fuerte discusión con sus padres y hasta hubo agresiones físicas, los vecinos llamaron a la policía y ella decidió marcharse para siempre.

 “Era como toda joven que cree que en el mundo puede encontrar soluciones, respuestas... que el mundo nos puede dar lo que no tenemos y deseamos”, comentó.

Tras la pelea con sus padres se fue a vivir con quien era su novio, al igual que ella todo para él era fiesta, locura y baile. Califica aquella relación como destructiva. “Cuando tu proceso de vida no está bien las cosas no caminan, menos lejos de Dios”, dijo.

La relación con su pareja ya estaba bastante deteriorada antes del accidente, este hecho solo vino a empeorar más la situación. Ambos pasaron meses en a terapias. 

Entre los pleitos con su pareja y su pierna “muerta” cayó en crisis. No tenía a nadie, ni siquiera a sus papás, y sus “amigos” ya no estaban con ella…

“Dios, sácame de aquí”

Durante esos días, un vecino, familiar de su pareja, iba a visitarlos para saber cómo seguían. Apenas cruzaban palabras, pero un día que no estaba su novio se acercó y le dijo: “Yo vengo, la veo, la he ido conociendo, quiero decirle que he estado orando por usted. Dios no quiere esto para su vida”. Katherine reconoce que al principio sintió repudio, “¿cómo se atrevía a decir eso?”

“Mejor no me hable de ese tema. No creo en Dios”, “si existiera ¿por qué yo estoy aquí así?”, le respondió ella. A lo que él replicó que no tenía todas las respuestas, pero estaba seguro que Dios no quería eso para ella. 

Por entonces, la joven ya daba por un hecho que su pierna nunca más iba a reaccionar, sumado a sus problemas personales incluso llegó a pensar en acabar con su vida. “Si me tomo tal cosa o hago tal cosa quizá…”, se decía. 

Una madrugada, mientras lloraba comenzó a hablar consigo misma. En algún momento dijo: “Dios si realmente existes sácame de aquí”. 

“Esa noche sentí como si alguien hubiera entrado y me hubiera abrazado. Eso me tranquilizó, me calmó, dejé de llorar. Al día siguiente me sentía diferente, tranquila, feliz”.

Le contó a su vecino lo que había sentido. Él le afirmó que había sido el mismo Señor quien la había abrazado y le pidió con más vehemencia que saliera de esa casa. “Yo no tengo adónde ir, no puedo volver a mi casa, no me van a recibir”, le decía ella.

Pasaron semanas para que tomara la decisión. El vecino se encargó de llevarla hasta la casa de sus padres. El reencuentro fue emotivo, su mamá la recibió y le dijo que esa era su casa.

Katherine se instaló y trató de seguir adelante. Al mes dejó las muletas y comenzó a poco a poco a caminar, “los médicos dijeron que era un milagro”. Por entonces su vecino también le insistía que fuera a la Iglesia que además su testimonio iba a ayudar a muchas personas. 

Después de pensarlo decidió ir a la Parroquia de Coronado. Luego fue a preguntar por los grupos juveniles, le mencionaron varios, hubo uno que le llamó la atención: Renovación Juvenil. Preguntó de qué se trataba, le dijeron entre otras cosas que “ahí bailaban mucho” y eso bastó para tomar la decisión de integrarse.

Comenzó a caminar y a perseverar en la fe. No fue fácil, tenía muchas heridas, reconoce que le costó abrir su corazón. Afirma que ha sanado interiormente. “Estaba atada en un mundo de pecado que no me permitía recibir lo que Dios me quería dar”.

En la Iglesia ha encontrado amigos que han estado con ella en momentos difíciles. También en el grupo de Renovación conoció al que desde hace unos meses es su esposo. 

“En algún momento pensé que las personas me iban a ver diferente, como si no fuera digna, pero encontré sinceridad y que podía hablar de mi pasado sin que me juzgaran”, relató.

Durante sus seis años de camino ha alcanzado un liderazgo que jamás pensó tener. Sin quererlo ni buscarlo la nombraron Subcoordinadora de Renovación Juvenil Arquidiocesana y del Equipo Nacional. Y el pasado 24 de agosto recibió la noticia de que fue elegida como Subcoordinadora de la Secretaría Latinoamericana de Jóvenes.

 

0
0
0
s2smodern