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“Con Dios todo es posible, si disponemos el corazón”

Sofía Solano Gómez
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Blanca Rojas se recuperó de un tumor en los ovarios, (diagnosticado maligno) y hoy da testimonio de que “para Dios no hay imposibles” y de que “Él siempre está con nosotros”, frases que utilizó para narrar que Dios le respondió, por su fe, devolviéndole la salud tal y como ella se lo pidió.

Con 38 años, casada y con dos hijas, esta vecina de Zarcero luchó contra todo pronóstico en el 2018, año en que a raíz de una cita de control médico descubrió que tenía un tumor de casi 10 centímetros, mismo que le provocaban abscesos en diferentes partes del cuerpo desde hacía ya un tiempo.

Su conmoción no le dejó más que pensar en que su futuro había acabado. Remedió todo lo que pudo y le pidió a Dios misericordia por sus pequeñas hijas, depositando en Él su vida. 

Tras un ir y venir de trámites, exámenes, ultrasonidos, a Blanca le quitaron todo el aparato reproductor, el tumor estaba en los dos ovarios e incluso le quitaron una parte de su hígado, órgano donde además se descubrió un nódulo.

También le quitaron la vesícula y el apéndice. Quedó con una gran herida en su estómago y dos drenajes que le permitirían expulsar sangre y líquidos de la herida. 

El doctor le explicó que el tumor era maligno e iba a necesitar tratamiento para el cáncer.

Dudó, decayó y se enfrentó al temor de la muerte, pero sostuvo su fe en Dios en una de las pruebas -según contó- más duras que ha tenido en su vida, prueba que a la vez describe como maravillosa, porque la enfermedad la hizo darse cuenta de que “Dios existe, Dios está vivo”, expresó. 

Al final de su proceso, tuvo una recuperación rápida. Cuando regresó a su casa le fue difícil aceptar que debió pasar 22 días en el hospital, recuerda que había unas sábanas similares en su dormitorio y no soportó quedarse con ellas.

En algún momento sintió que “el enemigo me provocaba a caer”, era como un darse por vencida, describe, sin embargo, logró salir adelante con el apoyo de un psicólogo, un psiquiatra y las visitas del sacerdote al centro hospitalario, que la alentaron.

Hoy dice que no importa el problema, “con Dios todo es posible y para ello hay que disponer el corazón”. En la lucha contra el cáncer aprendió que decir creo en Dios es muy fácil y “mucha gente lo dice, pero no lo dice con el corazón porque queremos hacerlo a nuestra manera.” 

Además, aprendió a cultivar el amor por la familia y el vivir el día a día al máximo.  

Una vez operada, el tumor fue diagnosticado como benigno, por lo que nunca requirió la quimioterapia ni la radioterapia. Actualmente goza de salud y vive agradecida con Dios por su infinita misericordia. Si bien “humanamente fue muy duro, el cáncer fue para ella una manifestación del amor de Dios”, dijo. 

 

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