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Conozcamos a Jairo

  • En los tiempos que corren, necesitamos personas que tengan la fe de Jairo, que busquen a Jesús y pidan por sus seres queridos.

Pbro. Mario Montes M.
Animación bíblica, Cenacat

Hoy les presentamos a Jairo, quien tuvo la dicha de buscar y conocer a Jesús, para suplicarle que sanara a su hijita enferma (Mt 9,18-26; Mc 5,21-43; Lc 8,40-56). Era jefe de una sinagoga en Galilea, probablemente en Cafarnaún. La sinagoga era la casa de oración de los judíos. En ella se reunían para escuchar la Palabra de Dios, generalmente el día sábado. Al ser el jefe de la sinagoga, a Jairo le correspondía atender al culto público, encargarse de buscar a un lector que proclamara la Palabra, cuidar de la predicación en ella (Lc 4,16-21), así también lo concerniente al mantenimiento del edificio (Mc 5,22.35.36.38; Lc 8,49; 13,14). Los textos de los Evangelios que tratan de él, tienen una estructura concéntrica, pues comienzan con el relato de la hija de Jairo, continúan con el de la hemorroísa y acaba con el de la hija de Jairo, devuelta a la vida (pueden leer los correspondientes textos en casa). 

Hombre de fe y padre preocupado 

Como vemos en estos tres pasajes, Jairo es un hombre de fe, capaz de creer que Jesús puede curar a su hija. Por eso, lo busca, se postra ante él y le insiste en que vaya a su casa. Y como lo hace notar Mónica Torres Castillo, catequista del Departamento de Formación del Centro Nacional de Catequesis: 

“Jairo aparece como un padre con entrañas de mujer, muy parecido al padre misericordioso, de la parábola del hijo pródigo” (Lc 15,20). Como si fuera una madre desesperada, corre a buscar a Jesús. Podemos imaginarlo angustiado e impotente ante la agonía de la niña. Y luego afirma Mónica, como mujer, madre y esposa, haciendo una lectura catequética de este texto, en relación con este personaje: … “Si lo miramos el texto desde el proceso de iniciación a la vida cristiana, en Jairo podemos identificar las etapas del kerigma (pre-catecumenado), catecumenal, iluminación y purificación; y finalmente la mistagogía”. Veamos:

Kerigma (Precatecumenado): 

“Primerea, como una madre antecede la pronta muerte de su hija y sale en busca de Jesús, antes de que pase lo inevitable. Las mujeres tenemos la habilidad de ser más prevenidas, tratando de realizar una lectura de la realidad que contemple todos los elementos, no tanto el hecho como tal, sino también las circunstancias que le rodean. En el pensamiento de una mujer, el estar marginada por cualquier razón es una doble carga, porque se está en desventaja en una sociedad, en la que aún prevalece el machismo, favoreciendo altos puestos mejores condiciones y oportunidades a los varones, limitándose las posibilidades, siempre necesitada, tratando de sobrevivir. El hecho de llegar la muerte, algo tan inevitable y fuera de toda posibilidad para remediar. 

El verbo “llegó” nos hace comprender que lo busca hasta que lo encuentra. Una mirada materna que se conmueve con el dolor de su hija, el estado de salud en que se encuentra. Esa misma mirada es la que proyecta a Jesús “al verlo “; en su mirada debe haber dolor, angustia, desesperación, impotencia...

Esas emociones hacen que Jairo llegue a caer a los pies de Jesús; este gesto indica el momento en el que soltamos todo, porque nuestras fuerzas no dan más; las mujeres tenemos altos índices de tolerancia al dolor, debido a nuestra propia naturaleza materna; pero en este caso si miramos a Jairo con los sentimientos de una madre, podemos comprender que el hecho de caer a los pies, es soltar todo el dolor que embarga. El gesto es particularmente llamativo con un simbolismo de humildad, de estar necesitado y lo que implica esta parte tan particular del cuerpo, el pie, símbolo de soporte del cuerpo, amortigua el camino, estabiliza el cuerpo y pone en marcha… una lectura teológica sería interesante.

Él le suplica con insistencia… me remite a una característica de la mujer, la necedad pero en el buen sentido de la palabra, el diálogo al no darse por vencido ante una situación y acudir a la palabra para que sea escucha. Las mujeres somos muy buenas comunicadoras, pero también muy necias…”

Catecumenal

“El abandono de uno mismo, la confianza en el Señor y seguirle, son las acciones que posiblemente experimentó Jairo cuando se fue con él. Le seguía… Al llegar a la casa, Jairo experimenta el miedo y temor incontrolable al ver a las personas desconsoladas. Jesús que le conoce le dice las palabras que necesitaba escuchar: “No temas; solamente ten fe…”. Este momento es muy decisivo, el salto de fe, el momento culmen de la prueba, creer o no. Cuántas veces las madres pasamos por este momento ante la incertidumbre de no saber qué hacer por alguien más, la madre que siempre acoge, cubre, protege, nutre, educa, acompaña y ama. Jesús toma consigo al padre, ahora él es el hermano que da la mano para darle confianza ante el reto… aquellas palabras que animaban a un salto de fe por parte de Jairo”. 

Iluminación y purificación

“Jesús, luz y vida, sabía que esas palabras iban acompañadas con un gesto: “el salto de su hija” al levantarse de la cama, la acción liberadora que da vida… toda una catequesis para Jairo. Inmediatamente después del milagro, Jairo y sus familiares quedan asombrados ante la sorpresa de la resurrección, sin poder hablar o reaccionar. Quedaron fuera de sí, llenos de estupor”.

Mistagogía: 

“Jesús sabe que todavía no es el momento para anunciar su mesianismo, pero los envía celebrar cuando dice que le dieran a ella de comer. Es el momento de festejar el acontecimiento”. La niña simboliza la vida, del nuevo pueblo del Dios de la vida, manifestado por Jesús, que la levanta de la muerte.

 

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