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¡Feliz año nuevo! Como cada inicio de año, hay que agradecer a Dios en primer lugar porque tenemos el regalo de la vida y la fe. Aprovechemos que en enero hacemos los planes del año para poner todo en manos de Dios, pero también en las manos de la Madre, de la Santísima Virgen María.

El Padre Eterno confió en María a su Hijo Jesucristo y Ella fue fiel a su misión y hoy está gloriosa. ¿Cómo entonces nosotros no vamos a confiar en Ella nuestras vidas y proyectos, incluso nuestros deseos y temores?...No hay mejor lugar para depositar un año nuevo que en manos de la Madre de Dios. María solo sabe conducir todo a su Hijo Jesús e interceder por nosotros con amor de madre.

El pasado 12 de diciembre en la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, el Papa Francisco nos dijo que María se mestizó “para ser Madre de todos” y la llamó mujer, madre y mestiza. María llega a nosotros como madre sencilla a consolarnos y darnos fuerza. Nos acompaña en el camino de la vida hasta el cielo.

“María nunca robó para si nada de su Hijo, sino que lo sirvió porque es Madre… María es Madre nuestra, es Madre de nuestros pueblos, es Madre de todos nosotros, es Madre de la Iglesia, pero es figura de la Iglesia también. Y es Madre de nuestro corazón, de nuestra alma. Algún Santo Padre dice que lo que se dice de María se puede decir, a su manera, de la Iglesia y a su manera, el alma nuestra. Porque la Iglesia es femenina y nuestra alma tiene esa capacidad de recibir de Dios la gracia y en cierto sentido los Padres la veían como femenina. No podemos pensar la Iglesia sin este principio mariano que se extiende” Papa Francisco (Vatican news 12-12-2019).

Cuando decimos que no podemos pensar la Iglesia sin este principio mariano, decimos también que no podemos pensar nuestra vida sin este principio, porque tenemos a María y a la Iglesia como Madres. No tenemos que luchar solos ante la adversidad del mundo porque la Madre de Dios está a nuestro lado siempre y la Iglesia es otra Madre que nos acompaña.

Ante esta oración bellísima “Acordaos oh, piadosísima Virgen María…” pidamos su auxilio siempre con gran fe. La oración dice que nunca se ha oído decir que alguien haya quedado desamparado al pedir su ayuda y así es. Lo he experimentado tantas veces en mi vida porque, aunque en ocasiones las cosas no se den como uno espera, uno recibe la gracia para poder sobrellevar todo con paz y esperanza.

La vida y la fe son los regalos preciosos que Dios nos ha dado. En este sentido todos nos hemos pegado la lotería, todos somos multimillonarios. Dejamos de apreciar los detalles pequeños de la vida y también la grandeza de nuestra fe y del Evangelio donde encontramos todo para ser felices, aunque tengamos sufrimientos.

Comprar y acumular cosas nunca nos va a satisfacer el corazón. Hacer culto al cuerpo o vestirnos de moda y joyas tampoco nos va a llenar el alma. Las personas mas cercanas nos pueden traicionar y herir, entonces ¿dónde ir o qué hacer para ser feliz? … 

Solo Dios es capaz de colmar a plenitud el corazón del ser humano y lo digo por experiencia. Solo Dios nos da esa paz y ese gozo que no se alejan nunca del alma y aunque todos nos abandonaran, Él siempre estará con nosotros. Pidamos a la Virgen Madre de Dios que interceda por nuestra vida, sociedad y país: en tus manos Madre de Dios confiamos todo.

 

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Lic. Lisandra Chaves
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Hay 35 mujeres participando del actual Sínodo para la Amazonía. Varios grupos de mujeres dentro de la Iglesia han estado en campaña para pedir que estas mujeres tengan voto, pues pueden opinar, pero no pueden votar.

Según reportó Religión Digital, un grupo de obispos propuso a la Secretaría General que las 35 mujeres que participan del Sínodo lo sean de pleno derecho. Esta propuesta, sin embargo, tendría que ser aprobada por el Papa Francisco y tiene también sus opositores.

Las mujeres que están en este sínodo son: 2 invitadas especiales, 4 expertas (2 de ellas monjas) y 29 auditoras (18 de ellas religiosas). En el anterior Sínodo de la Juventud, el Papa Francisco concedió el voto a los religiosos (varones) no sacerdotes. Hasta entonces, los únicos con capacidad de voto eran hombres. La decisión final siempre la tendrá el Sumo Pontífice.

Hasta el 2018 el voto estaba reservado a los padres sinodales ordenados. Fue una sorpresa que el Papa diera la posibilidad de voto a los únicos dos superiores religiosos no sacerdotes. En este momento, al menos 10 mujeres presentes en el sínodo son superioras generales. ¿Se abrirá para ellas esta oportunidad? Dios le de discernimiento y sabiduría al Papa porque no debe ser una decisión fácil ante tantas presiones.

La hermana Alba Teresa Cediel Castillo, misionera de la Madre Laura, ha sido protagonista del sínodo esta semana al confesar públicamente que ellas viven en plena Amazonía y bautizan, son testigos de amor cuando una pareja se quiere casar e incluso escuchan confesiones sin dar absolución.

“Acompañamos a los indígenas en los diferentes eventos, cuando el sacerdote no puede hacer presencia y se necesita que haya un bautismo, nosotras bautizamos, si alguien se quiere casar, nosotras hacemos presencia y somos testigos de ese amor y muchas veces nos ha tocado escuchar la confesión, no hemos dado la absolución pero en el fondo de nuestro corazón hemos dicho “Con la humildad de que este hombre o mujer se acerque a nosotras, por situaciones de enfermedad o ya próximas a la muerte” nosotras creemos que Dios Padre también actúa ahí”. (Religión Digital 7.10.2019)

“Que la participación de la mujer tiene que ser mucho más grande en la vida eclesial? Yo creo que sí, pero poco a poco. Vamos a llegar allá pero no podemos presionar ni pelear sino dialogar” agregó la hermana Alba Teresa.

Yo no he querido opinar sobre esta campaña en redes sociales de las mujeres para poder votar en el Sínodo. Para mi lógica si se trata de un sínodo de Obispos, era lógico que solo ellos votaran. Ahora, como se dio voto a religiosos superiores generales pues ya ahí se levantó la pregunta ¿y las superioras generales por qué no votan?...

Yo le doy a la Iglesia el reconocimiento por ir dando paso a la mujer poco a poco en el tiempo. De hecho, que ya haya 35 mujeres, e incluso en la Secretaría, me parece un avance muy importante. Este Sínodo está rodeado de interrogantes, acecho de la prensa y desinformación. El tema de las mujeres es solo un punto polémico más.

Yo más bien pido prudencia en este tiempo y mucha oración por el Papa Francisco. Unidos a Pedro podremos encontrar juntos la voluntad de Dios. Admiro a las misioneras que hacen tanto por los indígenas en la Amazonía, pero somos un cuerpo con cabeza y es importante no perder nunca ese norte.

 

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Lic. Lisandra Chaves
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¡Qué amables y acogedores han sido los mexicanos conmigo! No me refiero solo a las consagradas, con quienes estuve reunida algunos días, sino también a los sacerdotes y obispos con quienes pude compartir.

Ser amable implica saludar, sonreír y tener algún gesto cordial con la otra persona. Yo viví en México más que amabilidad, viví una verdadera fraternidad. Estoy muy agradecida porque no solo fueron amables conmigo, sino que excedieron todas mis expectativas.

El día que mi estómago se reveló contra el chile y los condimentos, mis hermanas consagradas buscaron medicinas, me llevaron a comer liviano fuera del centro del encuentro y estuvieron siempre tan pendientes de todo detalle, que quedé gratamente impresionada.

Impresionada también por la acogida tan natural a una extranjera, por el respeto a mis opiniones, por el cariño, los abrazos, las risas, por ser siempre ellas mismas, como si hubiéramos compartido muchos encuentros juntas. ¡Qué regalo de Dios!

Como seres humanos, no dudo que haya por ahí algunas diferencias. Yo no noté nada, pero igual lo vería como algo normal. Lo que sí llamó mi atención fue una relación alegre, fresca y sin poses falsas entre todas. Era precioso escuchar las risas naturales, los cantos o ver los abrazos en los momentos para compartir. 

Fue también muy bonito compartir con diferentes personas, no sentarse siempre con las mismas y tener la posibilidad de conocer diversas historias vocacionales y carismas. La riqueza de la Iglesia está en las diferencias y verdaderamente que así lo percibí. Fue una riqueza empaparme de los carismas y las exposiciones ofrecidas.

Mi conversación con los obispos fue corta pero suficiente para notar su apertura a mi presencia entre las mexicanas. Por ejemplo, Mons. Ruy Rendón Leal, Obispo de Hermosillo, me dedicó media hora de entrevista exclusiva y eso no tiene precio para mí. 

Siempre he pensado que el verdadero amor es agradecido y yo solo puedo tener sentimientos de gratitud con Dios y con el Ordo Virginum México por permitirme vivir esa maravillosa experiencia y al mismo tiempo por haber permitido que me insertara en una fraternidad especial a la mexicana.

Cuando terminó el Encuentro decidí ir a estar dos días con la Virgen de Guadalupe a solas. Lo único que quería era estar con la Madre para agradecerle su amor, su compañía y por haberme permitido estar de nuevo en esas tierras que Ella eligió para quedarse en una presencia física a través del cuadro de la Virgen Nuestra Señora de Guadalupe. 

Aproveché el momento para dejarle a la Madre todas mis preocupaciones, globales y personales. ¿En qué mejores manos podría dejar todas las cosas? Muchas veces leí las palabras que Ella dijo a San Juan Diego y en mi corazón se escribían también: “No temas nada, yo estoy contigo para protegerte, ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre?”

La Virgen Madre de Dios nos conceda en toda comunidad y familia vivir el amor con gratitud y transparencia para que podamos experimentar una verdadera fraternidad. Que el Espíritu Santo nos ayude a mantener limpio el corazón de todo aquello que mancha el amor.

 

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Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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El próximo Sínodo de los Obispos será en octubre, tendrá como tema la Evangelización y Protección del Amazonas y cuatro mujeres estarán presentes como consultoras. Se trata de tres religiosas y una laica que formarán parte de la Secretaría General del Sínodo que históricamente ha estado compuesto solo por obispos. ¿Es este un paso de la Iglesia en favor del rol de la mujer? Mi opinión es positiva.

Hay grupos de mujeres católicas y muy preparadas que se van al extremo de la criticidad. Incluso dicen que el tema del “genio femenino” que varios Papas han destacado, elogiando a la mujer, es discriminatorio. Yo no lo veo así, yo sí reconozco en la mujer un genio especial para cumplir la misión que Dios le ha dado, la cual es diferente a la misión del hombre, aunque ambos tienen igual dignidad.

Evidentemente como Iglesia estamos dando los primeros pasos para dar un rol más activo a la mujer, pero yo valoro esos primeros esfuerzos como fue incluir mujeres en la secretaría del próximo Sínodo. Entre estas mujeres está la religiosa española María Luisa Berzosa, quien hace poco reconoció que dentro de la Iglesia hay abusos a mujeres y mucho dolor que sanar. “Abusos de poder, sumisión, de esclavitud, de imposición, de no reconocer tu persona, sino estar esclavizada o doblegada” (EFE).

Sabemos que el Papa Francisco ha pedido tolerancia cero al tema de abusos dentro de la Iglesia. Vemos entonces dos áreas fuertes de trabajo en el tema de la mujer, por un lado, liberarla de abusos a su dignidad y, por otra parte, potenciar sus carismas para que pueda aportar más y ser más visible en la Iglesia.

Berzosa también declaró que en el Sínodo de los jóvenes fue evidente la desproporción entre hombres y mujeres, ya que había 10 superiores generales que tenían voz y voto frente a una superiora general, que, además, no podía votar. 

Es claro entonces que el cambio hacia una mayor y más activa participación de la mujer debe darse pronto. Me parece que las mujeres no debemos esperar a que la Iglesia formule todo y nos llegue con propuestas. También creo que debemos tomar el rol activo de proponer e ir nosotras mismas luchando por ese lugar que nos corresponde tener y que está lejos de pretender ser sacerdotes y diaconisas, sino de poder aportar en todas las áreas en igualdad de dignidad y derechos e incluso desde niveles estratégicos de la Iglesia.

Este mes de junio, ocho mujeres chilenas se reunieron (madres, religiosas, académicas) para reflexionar sobre el rol de la mujer en la Iglesia. Tienen la consciencia de que son las mujeres las que llevan adelante la evangelización en las parroquias y ven necesario un pronto cambio de mentalidad sobre el tema.

La Hermana Nelly León destacó “Estamos ante un desafío para que de una vez por todas seamos iguales, con todas nuestras diferencias, pero iguales. Yo no quiero ser sacerdotisa no es mi tema. Yo soy feliz como monja trabajando en la cárcel”.

En mayo 2019, el área de la mujer del Departamento de Laicos de Argentina organizó un encuentro sobre el lugar de las mujeres en la Iglesia, en el cual Marcela Mazzini, directora del área, declaró: “El tema de las mujeres es un signo de los tiempos. El Concilio Vaticano II propone una eclesiología de la igualdad de todos los bautizados en el Pueblo de Dios y en ese marco se plantea el lugar de las mujeres en la Iglesia”. 

 

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Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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Siempre que veo una mujer veo esperanza. Dios quiso que la mujer tuviera el don maravilloso de dar vida y las que no han podido ser madres biológicas siempre dan vida a su alrededor acogiendo en la maternidad de su corazón a muchos hijos espirituales.

Algunos sectores científicos y sociales piensan que la madre se puede suprimir. Incluso que la vida se puede crear fuera de un vientre materno femenino para que rompa esa dependencia de la mujer. Está demostrado que el bebé en el vientre de su madre recibe más que alimento, siente sus emociones, es sensible al tacto y ruidos externos y su pequeño corazón se sincroniza con el de su madre. Al nacer, el niño necesita alimentarse de su madre tanto de su leche como de sus brazos, necesita estar cerca de ese corazón que lo arrulló por nueve meses.

Hay situaciones donde la madre muere o no puede atender a su hijo por enfermedad, pero lo ideal es que el niño nazca y pueda ser atendido y alimentado por su madre, amado por sus padres. Con solo la leche materna de las primeras semanas los bebes aumentan el peso. Aun cuando el padre está presente, el bebe mira a su madre con enamoramiento. En los primeros meses de vida el niño sabe que depende en todo de su madre, prácticamente que ella es una sola con él, es su fuente de amor y de alimento.

“En el momento del parto la visión de los bebés no es buena, pero en el segundo en que su madre lo carga y comienza a hablarle, sus ojos se abren y enfoca el rostro de su mamá instintivamente. Esto es porque desde el vientre, ellos pueden escuchar la voz de su madre y la pueden distinguir de otras voces extrañas. Cuando nace, sabe quien es su madre y pueden sentirle incluso desde su olor… El campo de visión de los recién nacidos es de 12 pulgadas por lo que a la hora de darle de mamar la cara de su madre es lo único que va a mirar y de lo que cada día se enamora más” (www.materna.com.ar).

¿Cómo entonces suprimir a la madre? ¿Cómo suprimir a la mujer? Y por supuesto, desde la fe, la vida desde la concepción ha sido el plan perfecto de Dios, el don dado a la mujer para que la vida se desarrolle en su vientre y la familia para que podamos vivir felices en una relación de amor como lo es la Santísima Trinidad. Nosotros siempre queremos salirnos del plan de Dios, hacer todo a nuestra forma y por eso la sociedad está cada vez más enferma.

Para mi la mujer es esperanza no solo porque puede dar vida sino porque es la primera en transmitir la fe en la familia. Por ese vínculo tan fuerte que normalmente desarrollamos con las madres, con ellas tendemos a conocer a Dios, a seguir sus pasos, aunque afuera todo esté contra nosotros. Las oraciones de los padres siempre van a sostener a sus hijos.

La mujer es esperanza porque puede dar a la sociedad personas con valores, porque es la primera transmisora de la fe, porque es signo de vida y maternidad, pero más allá, porque sus cualidades únicas son necesarias para construir un futuro mejor. Termino con estas palabras del Papa Francisco: “Promover a la mujer en la Iglesia es escucharla, darle funciones. Pero eso no basta. Lo que no hemos logrado todavía es caer en la cuenta de que la figura de la mujer va más allá de la funcionalidad. La Iglesia no puede ser Iglesia sin la mujer, porque la Iglesia es mujer, es femenina. Es La Iglesia no El Iglesia. Una dimensión que no tenga feminidad en la Iglesia hace que la Iglesia no sea Iglesia” (Religión Digital. El Papa sobre los mercaderes del Vaticano…).

 

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