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“A los pobres tenemos que ayudar y servir”

Padre Marvin Benavides, Desamparados, Arquidiócesis de San José

Sofía Solano Gómez
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Un seguidor del Club Sport Herediano, “del team”, así se considera el Presbítero Marvin Danilo Benavides Campos, quien lleva en sus venas la sangre futbolera por herencia de su padre, Danilo Benavides, quien fuera jugador de primera división en este equipo.

De sus padres, don Danilo y doña Betty, heredó la bondad y sencillez. Vivió sus primeros seis años de vida en el barrio El Carmen y más tarde Cubujuquí, también en Heredia, comunidad que se convirtió en su hogar. 

Aquí inició su camino de fe, siendo monaguillo en la capilla de la Medalla Milagrosa; cercano a grupos de Iglesia desde pequeño. Recuerda que cuando estaba en sexto grado le dijo a su madre que quería entrar al seminario y ella le dijo que no.

“Mi madre me dijo: es mejor que estudie y tenga un machete en la vida para que se defienda. Por el momento no, hasta que tenga edad de tomar decisiones”, rememora el sacerdote. 

Sin embargo, creció y siempre con deseos de entrar al seminario, estudió en un colegio vocacional, se graduó, trabajó, tuvo novia, ingresó a la universidad y en este momento de su vida sintió de nuevo la inquietud vocacional.  

Esta inquietud él la describe como en dos etapas, una infantil de esas que nacen como una ilusión de los niños y la otra, que con el tiempo fue madurando y se hizo realidad. 

Experiencia de fe mariana

En su experiencia de fe, evoca a su figura paterna, infaltable un domingo a misa, que iba a la Eucaristía de las cuatro de la mañana, bien temprano porque tenía que trabajar. Luego, él con sus hermanos iba también con su mamá. 

Todos sus servicios han tenido carácter mariano, su primer nombramiento una vez ordenado en 1987, por imposición de manos de Mons. Román Arrieta, fue en el Hospital México, cuya patrona es la Virgen de Guadalupe.

El sacerdote sirvió también en la Parroquia María Reina del Universo, en Pavas, pasó luego a Santa Ana y de nuevo estuvo en María Reina. Continuó en la Parroquia El Perpetuo Socorro, en Sabana Sur. 

Tiempo más tarde, fue rector en la Medalla Milagrosa en calle 20, San José, de allí pasó a la Parroquia Nuestra Señora de La Merced y ahora tiene tres años y nueve meses en la Parroquia Nuestra Señora de los Desamparados.  

A lo largo de sus 30 años de servicio, dice sentirse “muy realizado y feliz en el sacerdocio”, disfruta lo que hace y vive intensamente “desde la experiencia de oración hasta la experiencia pastoral.”

Más detalles en la edición impresa de Eco Católico. 

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