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“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”

Laura Ávila Chacón
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Cuando mira el camino recorrido, el Padre Alfredo Madrigal Salas ve con claridad tres áreas de trabajo a las que el Señor lo llamó para servir en la Iglesia. En primer lugar las parroquias en las que ha estado a lo largo de 54 años de vida sacerdotal, luego la educación religiosa y por último la catequesis.

Pero esta vida de entrega por amor a Cristo y a los hermanos inició de un modo casi insospechado, en 1953, cuando el niño Alfredo, graduado en la escuela de la Compañía Bananera en Bataán, Limón, en una de las misas observaba al sacerdote muy solo en el altar. 

“Sentí el impulso de ofrecerme para colaborar con él. Se trataba del Padre Juan Bautista Rojas, de la Congregación Vicentina. Así, a los doce años vestí, por primera vez, la sotana roja y el roquete blanco de los monaguillos. Me sentía feliz”, recuerda.

Su ciudad natal fue Heredia, pero a los 6 años su familia se fue a San José buscando mejores condiciones de trabajo. Don Hermelindo y Doña Zulema, sus padres, se desplazaron a Bataán, atendiendo una oferta de trabajo que la Compañía Bananera les ofrecía. 

Fue el mismo Padre Juan Bautista quien habló con Mons. Juan Odendhal, entonces Vicario Apostólico de Limón, con miras a enviarlo al Seminario Menor en Tres Ríos. 

Después de cinco años, pasó sin problemas al Seminario Mayor de Paso Ancho y terminó su formación sin tropiezos. “La vocación al sacerdocio era, para mí, cada día más clara; y la utopía de salvar al mundo, era nítida”, afirma.

El gran día en que entregó a Dios su vida para su servicio, llegó cuando recibió el Orden Sacerdotal el 19 de diciembre del año 1964, de manos del mismo Mons. Alfonso Hoefer, en la parroquia de Turrialba. Su lema sacerdotal, “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filip 4,13), animó su vida y ministerio como sacerdote. 

Parroquias

Una vez ordenado, el Padre Alfredo sirvió un año y seis meses como vicario parroquial en la catedral de Limón. En 1966, después de atender la parroquia de Jiménez por seis meses, Mons. Hoefer lo nombró primer cura párroco de Guácimo. “Allí me realicé como misionero, pues era necesario visitar algunas comunidades a caballo y en “burro-carril”; si no era con lluvia intensa, era con un calor muy fuerte, como es propio de un clima tropical, caribeño”. Le correspondió organizar la vida parroquial y formar catequistas. En el campo social, promovió “ferias agropecuarias” para animar la producción regional. 

En 1970 regresó al centro de Limón como párroco de la Catedral donde permaneció diez años. El territorio que atendía la parroquia se extendía desde la frontera norte, hasta la sur, desde Barra del Colorado, hasta Sixaola. En el campo social, acompañó al Comité Cívico Limonense en sus luchas por un Limón mejor y en la fundación de Coopelimón, para asumir el transporte de los pasajeros a San José y viceversa. Fue su primer gerente. 

En 1980 regresó a Guácimo, para construir su actual templo parroquial y consolidar las diversas comunidades eclesiales. Luego de su traslado a San José, atendió la parroquia de Santa Rosa de Turrialba durante tres años. 

Al incardinarse en la Arquidiócesis fue “residente” en la Parroquia de Tibás, como medio para procurarse una mejor formación. Fue así como logró estudiar en la UNA y en la UCR. 

En 1990 Mons. Román Arrieta lo nombró párroco de Sabanilla de Montes de Oca, donde sirvió por 9 años. Allí se llegó a contar con 60 pequeñas comunidades. En el 2004 atendió la parroquia de Cinco Esquinas de Tibás. Y desde el año 2011 al 2017, fungí como Rector del Templo Votivo, Santuario Nacional al Sagrado Corazón de Jesús.

Educación religiosa y catequesis

Simultáneamente con la atención parroquial, trabajó a tiempo completo en el ámbito de escuelas y colegios públicos. En Limón inició como profesor de religión, donde fue nombrado Asesor Regional de Educación Religiosa. 

Al trasladarse a San José asumió como Asesor Nacional de Religión en el MEP y Director Nacional de Educación Religiosa, con la responsabilidad de velar porque en escuelas y colegios se impartiera una educación religiosa fundamentada, distinta y complementaria a la catequesis de la comunidad. Este servicio lo ofreció por 25 años

En 1979 fue nombrado Director Nacional de Catequesis, y en conjunto con un equipo de trabajo excepcional, se logró organizar mejor la catequesis en cada parroquia del país, fortalecer la formación de los catequistas y la elaboración de textos catequéticos al servicio de los diferentes procesos de educación de la fe con niños, jóvenes y adultos. 

Del 2003 al 2008 Mons. Román Arrieta le solicitó los servicios como Secretario Adjunto de la Conferencia Episcopal, y luego, Mons. José Francisco Ulloa, le confió ser secretario del Consejo Episcopal de América Central (SEDAC).

En el 2008, Mons. Guillermo Loría le nombró Director del Centro Nacional de Catequesis (CENACAT) para continuar con la animación de la catequesis (CONEC) unida a la Animación Bíblica y a la Animación del Kerigma.

Finalmente, el 20 de mayo del 2018 los obispos le permitieron retirarse de la dirección del CENACAT, después de 32 años de servicio a la catequesis en Costa Rica.

 

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