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“Dios actúa y tenemos que abrirle el corazón”

  • Fray Carlos Montoya, Terciario Capuchino

Sofía Solano Gómez
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Fray Carlos Montoya es nativo de San Antonio Abajo de Puriscal, miembro de una familia de tradición católica de la que, además, siente gran animación y motivación para su vocación como sacerdote religioso en la Congregación de Terciarios Capuchinos.

Cuenta que desde niño el estudio siempre le costó, se graduó de la Escuela Eloy Morúa Carrillo de San Antonio y recuerda que no quería ir al colegio porque no le “llamaba la atención” debido a lo difícil que le resultaba el aprendizaje.

Por eso, cuando terminó la escuela a los 12 años, se aprovechó del trabajo campesino al que se dedicaban sus padres para apoyar actividades como la ganadería, el trapiche y el café. 

“Era una vida bonita y a la vez dura, porque era trabajo de campo, pero muy satisfactorio porque mis papás siempre han trabajado en eso, especialmente en la caña, era semana tras semana el dulce, los bueyes y todo eso”, expresó.

Muy joven se involucró en la Iglesia, especialmente cuando en su comunidad rezaban el Rosario a la Virgen María, durante el mes de mayo. Tiempo después, junto con la catequista Teresa Montes aprendió el servicio de la catequesis, le gustó tanto que hasta se incorporó de lleno y daba clases en San Antonio.

Tenía entre 18 y 20 años de edad, ya le llamaba la atención la vida religiosa, sacerdotal, pero no tenía estudios que lo respaldaran. 

Primer contacto con los amigonianos

Un día conoció a la señora Olga Vargas, ella conocía la Congregación de Terciarios Capuchinos (a la que ahora pertenece). “Me dijo un día -recuerda un 8 de diciembre- ´le tengo una invitación para que vaya a una convivencia vocacional`, le dije: ¿qué es eso y cómo es eso?, porque no sabía nada”, recordó.

Doña Olga, motivada por un religioso que en ese entonces le pidió llevar un muchacho de Puriscal, lo llevó al Seminario Luis Amigó, en San Jerónimo de Moravia, en diciembre de 1991, de acuerdo con el religioso.

Ese día junto con varios jóvenes participó de una convivencia, “la mayoría eran bachilleres”, aspecto que repercutía en el sacerdote una y otra vez, ya que él ni siquiera había ido al colegio.

A principios de enero de ese mismo año, le llegó una carta del Superior de la Comunidad de los Padres Amigonianos informándole haber sido aceptado para hacer una experiencia de vida religiosa, con la oportunidad de estudiar para obtener el bachillerato.

Con 25 años ingresó como Aspirante al Seminario, siempre animado por los padres y su familia para sacar la secundaria. Según contó, le costaban las materias de Inglés, Redacción y Ortografía. Realizó el Postulantado (etapa previa al Noviciado que es para profesar) faltando dichas materias. 

En febrero de 1996 profesó como religioso Terciario Capuchino, y su primera salida fuera del país como religioso misionero fue rumbo a Chile, como parte del trabajo apostólico y los estudios que realizan.

“Lo fundamental de la vida religiosa es la vida comunitaria, no vivimos solos, sino en comunidad”, explicó Fray como aspecto que le llamó la atención para encaminarse hacia la vida religiosa, seguido del estilo de vida franciscano desde la sencillez, la humildad y la espiritualidad de San Francisco de Asís.

“El sacerdocio nuestro siempre va enfocado a la misión nuestra, que es ayudar a los jóvenes, ayudarles a descubrir ese sentido profundo de la fe”, agregSuperior Provincial

En Chile realizó las practicas pedagógicas con la misión de trabajar con muchachos en problemas de conducta, riesgo social y conflicto con la Ley, en un Centro de Reeducación donde cumplen con ese servicio.

Además, por 13 años fue enviado a República Dominicana, allí creció profesionalmente y pasó de ser docente a administrar un Centro de Reeducación. Luego fue director de un centro de menores y Superior de la Comunidad Religiosa.

Tiempo más tarde, en 2012, regresó al país para implementar la etapa de Noviciado, por solicitud de Monseñor Bartolomé Buigues, actual obispo de la Diócesis de Alajuela, en aquel momento Superior Provincial Amigoniano.

En julio de 2013 la comunidad realizó un Capitulo Provincial, como cada tres años, para hacer cambio de Gobierno, en ese momento Fray Carlos Montoya fue electo como Superior Provincial y reelecto en 2015, hasta la fecha.

En su largo trayecto como religioso y como parte de tantos jóvenes con quienes ha estado tan cerca, Fray sabe lo que es ponerse en los zapatos de ellos “uno se empeñaba por ayudarles para que por lo menos aprendieran a leer y escribir”, relató.

“Porque claro -agregó- a mí me costaba, a otros no les cuesta, pero hay otros que no tuvieron la oportunidad tampoco, ahí uno toma conciencia de la importancia de dar apoyo a ese tipo de jóvenes que por distintas razones no reconocieron lo importante que es el estudio”.

Realizó su Profesión Religiosa el 2 de febrero 1996 y su Ordenación sacerdotal fue el 20 de junio 2010, en Puriscal. El lema de su ordenación fue “Me sedujiste Señor y me dejé seducir”, porque para él “es el Señor el que lo seduce a uno de verdad, uno a veces es indigno y no se merece tanta gracia, y uno lo que tiene que hacer es dejarse, Dios es el que actúa, Dios es el que hace y realiza, y lo que tenemos que hacer es abrir el corazón”.

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