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Un mes misionero extraordinario

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

Haciendo coincidir el centenario de la carta apostólica, ‘Maximum illud’, sobre la propagación de la fe católica en el mundo entero, en la que en 1919 el Papa Benedicto XV pidió a los misioneros evitar los nacionalismos, el Santo Padre Francisco ha convocado para el  presente año, dedicar octubre como mes misionero extraordinario. Será un mes de “de oración y reflexión sobre la missio ad gentes”.

En medio de las circunstancias no fáciles en que nos encontramos, es fundamental atender al llamado del Papa a “la búsqueda de caminos nuevos y de modalidades más adecuadas, más eclesiales para desarrollar su servicio a la misión universal de la Iglesia”. No podemos olvidar que la razón de ser de la Iglesia es la evangelización, el anuncio de Jesucristo Resucitado, de manera que apliquemos aquello que el gran misionero Pablo manifestaba a los Corintios “Anunciar la Buena Noticia no es para mío motivo de orgullo, sino una obligación a la que no puedo renunciar. ¡Ay de mí si no anuncio la Buena Noticia!  

Llevar el Evangelio a todos los rincones de la tierra es tarea de todos como Iglesia, es importante no perder la perspectiva de universalidad en esta misión, dado el énfasis que se tiene al dedicar este mes a orar y reflexionar sobre la “misio ad gentes”. Son muchas las personas que no han escuchado hablar de Jesucristo, no han tenido esa oportunidad, por lo que no podemos quedarnos mirando únicamente lo que sucede en nuestro entorno, sino pensar más allá de las fronteras. De esta manera quiere el Papa superar algo que pudiera estar en la mente de algunos, que las obras misionales quedan, “reducidas, a menudo, a una organización que recoge y distribuye, en nombre del Papa, ayuda económica para las Iglesias necesitadas”.

Sin duda también,  hemos de disponernos a sacar mucho provecho de este mes, reflexionando y conociendo lo que es la labor de la Iglesia en los campos de misión, por medio de los misioneros. Su entrega y sacrificio, exponiendo incluso su propia vida como bien lo sabemos, muchas veces no es conocida ni valorada por muchos. No han sido y no son pocos, los misioneros costarricenses, incluso familias que han emigrado a tierras de misión, quienes renunciando a las comodidades propias han querido responder al llamado del Señor, de ir “ir mar adentro”  para hacer la propuesta de una vida al estilo de Jesús. 

Han hecho suyas las palabras del Santo Padre “La alegría del evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría.”  Esa alegría que han experimentado al encontrarse con el Resucitado, han querido ir a compartirla con quienes no la conocen. 

Que guiados por la Santísima Virgen María, estrella de la evangelización, podamos llenarnos del espíritu misionero que debe mover toda nuestra acción pastoral.

 

11Cor. 9, 16

2Lc. 5, 4

3Francisco Evengelium gaudium, 1

 

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