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Todo empezó en una cena

Johnny José Chinchilla H.
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Soy de la Arquidiócesis de San José, oriundo de la Parroquia Nuestra Señora de Los Ángeles en Ipís de Goicoechea. Me encuentro en el primer año de formación en el Seminario Introductorio en la Garita de Alajuela. Tengo 27 años.

Mi familia está conformada por mis papás, una hermana, un hermano y yo quien soy el menor. Crecimos bajo un modelo de familia muy católico, donde siempre lo primero ha sido Dios. Mi mamá me inculcó el valor del servicio en la parroquia, tanto así que serví como monaguillo siete años y llevé una vida activa en la colaboración dentro de mi comunidad.

Mi adolescencia fue como la de todo joven, me encantaba estudiar, jugar futbol y videojuegos. Asistí a la Escuela José Ana Marín, en Coronado y más tarde al Liceo Napoleón Quesada Salazar en Guadalupe. Al concluir los estudios comencé a laborar y de esta manera a indagar acerca de carreras para continuar con mi superación personal, sin embargo, esta experiencia me resultó difícil pues no encontraba algo de mi agrado y no me sentía completamente feliz. Para el 2013, comencé a trabajar en el sector financiero y ahí encontré un gusto por los negocios, por lo cual Dios y mi familia me apoyaron para estudiar Administración de Empresas. Orgullosamente soy bachiller en dicha carrera profesional.

Analizando mi historia de vida, mis papás siempre me inculcaron buenos valores, educación e integración a los asuntos de Dios, por lo que pienso que el Señor ha guiado mi existencia hasta este momento de discernimiento. ¿Pero cómo empieza la curiosidad de entrar al seminario? Quizá el momento que más ha marcado mi historia vocacional fue un Jueves Santo del año 2013, cuando el cura párroco se me acercó y me dijo: “¿Has pensado en hacerte sacerdote?” y mi expresión de asombro y negación brilló en ese momento, sin darme cuenta que esa espina ya había quedado en mi corazón; sus palabras quedaron dando vueltas por mi cabeza por algunos días, pero en cada momento que lo recordaba sentía miedo y negaba darme la oportunidad de discernir este estilo de vida. Luego tuve novia y se debilitó el sentimiento que había provocado aquel cura en mi corazón, pero meses la inquietud regresó con mayor fuerza, sin embargo, el miedo, el orgullo y “el qué dirán” me ganaban. 

Pasaron cuatro años en que no quería saber nada acerca del tema, pero para el 2017, en Ipís nombraron a un diácono que recién salía del seminario, quien nos acompañó en la muerte de mi abuela materna y nos brindó apoyo y acompañamiento, a tal punto que pude sentir el amor de Dios y me sirvió de inspiración para iniciar los Encuentros Vocacionales.

Para el 2018, sin que mi familia supiera, inicié en San Isidro de Heredia los Encuentros Vocacionales, donde de la mano del sacerdote encargado y dos seminaristas, logré aclarar dudas y por la gracia de Dios, el 30 de noviembre de 2018 fui presentado por el Arzobispo al Seminario Nacional donde me brindaron la oportunidad de ingresar para iniciar mi proceso de formación sacerdotal. 

Desde el 10 de febrero de 2019 me encuentro disfrutando de este momento que Dios me ha brindado y de la mano de la Virgen María camino paso a paso para cumplir la voluntad del Señor. No sé si llegaré a ser cura, pero me siento muy contento de poder discernir una posible vocación al sacerdocio.

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