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Señor, llévame hasta donde quieras

Christian Josué Benavides C.
Seminarista, Diócesis de Alajuela

Tengo 24 años y soy oriundo de Palmares, Diócesis de Alajuela. Curso actualmente el quinto año de formación en el Seminario Nacional Nuestra Señora de los Ángeles. 

Cuando pienso en mi historia vocacional, necesariamente tengo que ir a un momento de mi vida hace diez años, cuando viví un encuentro personal con Cristo a través de un retiro espiritual en la Pastoral Juvenil. 

Fue una experiencia bella que tocó mi vida de una manera que no hubiera podido imaginar. Recuerdo que estaba tan gozoso que le dije: “Señor yo quiero servirte toda mi vida”, ahora comprendo las implicaciones de aquel momento. Poco a poco en mi comunidad, junto a muchas personas que estimo, fui creciendo en mi experiencia de fe, pero nunca me cuestioné una posible vocación a la vida sacerdotal.

Terminado el colegio ingresé a la UCR a estudiar Ingeniería Industrial, pero llegó un momento en el cual me cuestioné seriamente qué debía hacer con mi vida, pues la carrera que cursaba no llenaba la inquietud que sentía dentro de mí. 

Me sentía muy confrontado por las situaciones sociales que veía alrededor, la necesidad de Dios de muchas personas y me cuestionaba ¿cómo podía responder? Ello me llevó a buscar otras carreras; por otro lado, en la experiencia de fe que vivía en mi comunidad me sentía muy a gusto, claramente la universidad ameritaba mucho tiempo, pero siempre encontré espacio para seguir viviendo mi fe, además quería descubrir qué quería Dios para mí, es así como dentro mi se da una inquietud, por primera vez, sobre el sacerdocio. 

Primero sentía un rechazo ante la idea, tenía muchos temores, luego la inquietud me llevó a buscar información sobre misioneros, pero aún me resistía, pesaba que era una idea pasajera… terminando ese año, un compañero del seminario me invitó a hacer procesos vocacionales, otro día el sacristán de la comunidad me dio unas tarjetas de la promoción vocacional que la diócesis había preparado y me dijo: “para que le lleve al grupo de jóvenes”. Yo por dentro llevaba aquella inquietud, por lo cual decidí hablar con el párroco de la comunidad, y me recomendó hacer los encuentros.

Empecé el proceso con mucho miedo, deseaba descubrir que no era el camino que Dios quería para mí, pero sucedió lo contrario poco a poco me fui sintiendo más atraído, por lo cual le dije al Señor: “Llévame hasta donde quieras”. Un día estaba por ir a abrir el templo para que unos fieles rezaran la coronilla de la Divina Misericordia, y me llamaron para avisarme que me habían aceptado en el seminario, fui a rezar con mucha alegría.

Hoy me doy cuenta que Dios ha ido construyendo, poco a poco, una historia bellísima en mí y a través de ella me ha ido llamando y lo sigue haciendo a pesar de mis debilidades y temores, que se convierten en deseos de hacer las cosas bien y de entregarme por entero. 

La experiencia del Seminario me ha llevado a vivir momentos que no cambiaría por nada, compartir la experiencia de fe con tantos hermanos, con comunidades que llevo en mi corazón con mucho cariño y gratitud pues han dejado una huella muy grande en mi proceso: Santa Gertrudis, Belén, Atenas, Río Segundo por mencionar algunas; pensar en poder vivir en algún momento el sacerdocio con alguna de estas comunidades me llena de ilusión y me motiva a responder de manera generosa a Dios. 

Aprovecho para pedirles que oren incesantemente para que el Señor siga haciendo su obra en nosotros, y para que nosotros seamos dóciles a su acción, para llegar a ser servidores y testigos de su amor en las comunidades. 

 

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