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La Iglesia de Cristo es Misión

El Mes Misionero Extraordinario convocado por el Papa Francisco tiene como objetivo, despertar aún más, la conciencia misionera de la “missio ad gentes”, a saber, ese compromiso pastoral, específicamente consagrado a la evangelización en los pueblos que, todavía, no conocen a Dios y, a la vez, retomar con un nuevo impulso la transformación misionera de la vida y de la pastoral de la Iglesia.

La Iglesia es misionera por su naturaleza y el fin propio de esta actividad misional es la evangelización de los pueblos a través de la predicación del Evangelio de Jesucristo, para cuyo anuncio ha enviado el Señor a sus discípulos a todo el mundo puesto que “Dios quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad; porque uno es Dios, uno también el mediador entre Dios y los hombres, el Hombre Cristo Jesús, que se entregó a sí mismo para redención de todos… y en ningún otro hay salvación”.1

Si bien a todos los discípulos de Cristo nos incumbe el deber de propagar la fe según nuestra condición, en nuestro corazón deben estar, primeramente, aquellos hermanos que han recibido una vocación misionera. Efectivamente, el Señor llama a los que él quiere para que, como ministros del Evangelio vayan a predicar a las gentes. Con nuestra oración acompañemos a estos hermanos, “hombres y mujeres, laicos, consagrados, sacerdotes, obispos, que han pasado la vida y la han pasado aún lejos de su tierra natal, anunciando el Evangelio. A ellos nuestro amor, nuestra gratitud y nuestra oración.”2

Como nos recuerda el Papa Francisco: “También hoy la Iglesia sigue necesitando hombres y mujeres que, en virtud de su bautismo, respondan generosamente a la llamada a salir de su propia casa, su propia familia, su propia patria, su propia lengua, su propia Iglesia local. Ellos son enviados a las gentes en el mundo que aún no está transfigurado por los sacramentos de Jesucristo y de su santa Iglesia. Anunciando la Palabra de Dios, testimoniando el Evangelio y celebrando la vida del Espíritu llaman a la conversión, bautizan y ofrecen la salvación cristiana en el respeto de la libertad personal de cada uno, en diálogo con las culturas y las religiones de los pueblos donde son enviados.”3

Ahora bien, en todos los bautizados, desde el primero hasta el último, actúa la fuerza santificadora del Espíritu que impulsa a evangelizar. En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). “Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador.”4

Aún más, la evangelización que exige nuestros tiempos implica un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados. “Esta convicción se convierte en un llamado dirigido a cada cristiano, para que nadie postergue su compromiso con la evangelización...”5 y nuestra imperfección no debe ser una excusa; “al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo.6

Reitero con esperanza el llamado del Santo Padre a toda la Iglesia: ¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!7 Invito a que, en todas nuestras parroquias, escuelas católicas, grupos y movimientos se estimule ese espíritu misionero recordando que la tarea evangelizadora no es un “veneno peligroso” para la sociedad sino una alegre respuesta al amor de Dios. 

Aprovechemos este mes de octubre en fortalecer nuestro espíritu misionero, como respuesta a tantas manifestaciones del mal en el mundo.

Mons. José Rafael Quirós Quirós
Arzobispo de San José.

 

11 Timoteo 2,3-6

2Papa Francisco, 21 de octubre de 2018

3Papa Francisco, Jornada Mundial de las Misiones 2019

4Evangelii Gaudium, n.120

5Idem

6Evangelii Gaudium, n.121

7Idem, n.80

 

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