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“Dios no hizo la muerte; ni se goza en la pérdida de los vivientes” 

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

Un “médico católico”, según lo ha calificado el Papa Francisco, es aquel profesional de la salud que, “de la fe y de la comunión con la Iglesia, reciben el impulso para hacer cada vez más madura su formación cristiana y profesional, su dedicación incansable, e inagotable a la necesidad de penetrar y conocer las leyes de naturaleza para servir mejor a la vida”.1 En síntesis, es un servidor de la vida.

Efectivamente, llamados a afirmar la centralidad de la persona humana y de su dignidad con sus derechos inalienables, en primer lugar, el derecho a la vida, deben enfrentarse a la tendencia ideológica que, pisoteando los principios morales, induce al menosprecio de los más débiles. Son ellos, desde sus respectivas especialidades quienes deben también, participar de los debates relativos a las legislaciones sobre cuestiones éticas delicadas, como la interrupción del embarazo y el final de la vida. Su función no puede reducirse a ejecutar las exigencias de un sistema sanitario que sirva a una causa ideológica.

Ya en agosto del 2017, recibí con alegría que el Colegio de Médicos, en calidad de gremio profesional expresara, mediante pronunciamiento oficial, su defensa a la objeción de conciencia como un derecho humano por el cual el médico pueda negarse a acciones que violenten sus convicciones morales, filosóficas o religiosas, específicamente, con relación al aborto terapéutico o aborto impune. 

Ese derecho ya estaba contemplado en el artículo 14 del Código de Ética de esta organización y en otros instrumentos legales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, la Declaración de Ginebra de la Asociación Médica Mundial y el Juramento Hipocrático.

Ahora, cuando sabemos que la norma técnica sobre el aborto impune es de especial interés del Ejecutivo, como Pastor de la Arquidiócesis de San José, siento mucha esperanza al conocer del lanzamiento de la “Asociación Médicos por la Vida Internacional”; profesionales que se han organizado y desde sus conocimientos científicos y con la firme conciencia de haber sido formados para defender la vida, nos están dando una luz de esperanza en medio de la oscuridad que la cultura de la muerte propaga. 

En el comunicado de la nueva Asociación se indica que su visión es lograr que todos los médicos del mundo tomen conciencia que “la vida humana es digna de respeto y cuidado, y también es el principal bien para defender nuestra vocación.”

Dado que el tema también ha tomado un tono político, hago referencia a las palabras de Katalin Novak, ministra de Familia y Juventud de Hungría quien dijera: “la familia es sustancia de la nación, cada niño es fuente de alegría, lo obvio como la vida y la dignidad humana hay que defenderlo siempre … personalmente, me siento más orgullosa de ser madre de tres hijos, que de ser ministra”.

Que Dios, fuente de toda vida, colme de bendiciones a quienes, desde las distintas profesiones y responsabilidades, reconocen que se debe luchar por los más débiles y vulnerables, aquellos que por su dignidad humana tienen derecho a la vida.

1Papa Francisco a los médicos de la Federación Internacional de Asociaciones de Médicos Católicos, 28 de mayo del 2018

 

 

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