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Aprender de los niños

Pbro. Juan Luis Mendoza

Refiriéndose al tema de la alegría, el Padre Carlos González Vallés escribe: “La puerta de la alegría es la sencillez. El niño ríe con mayor felicidad y cuando ríe se le llena toda la cara y todo el cuerpo de risa, porque no tiene inhibiciones rituales de la persona mayor, que ni está suelta por dentro ni es libre por fuera para dejarse llenar de alegría ante sí misma y ante la sociedad uniformada que la rodea”. En consecuencia, que para ser felices hay que hacerse como niños, lo mismo que para entrar en el Reino de los cielos, tal como lo declaró Jesús, proponiéndolos como ejemplo para nosotros los adultos: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el Reino de los cielos” (Mateo 18,3).

Así, pues, en los niños encontramos el ejemplo a seguir para ser felices, y esto dentro de la simplicidad y naturalidad de la existencia humana. Y esto también sin dejar de ser adultos, hasta ancianos, según la edad. Pues lo hermoso de la vida es cuando logramos conjugar la madurez del adulto con la espontaneidad del niño, lo que significa, entre otras cosas, aunar estudios y trabajos, responsabilidades y desafíos y problemas propios de la adultez con una confirmada curiosidad infantil, llegar a ser cultos sin dejar de saber sorprenderse, ser sabios siguiendo siendo niños. Cabe aquí la apreciación de Jesús que hay que ser sencillos como la paloma y prudentes como la serpiente. En el término medio está el equilibrio y, con él, lo cierto y la relativa felicidad de que podemos gozar en este mundo.

A propósito, algunas de las enseñanzas budistas: “Hay cuatro estados de ánimo que el buscador de la iluminación debe procurar. Estos son: misericordia, ternura, alegría y ecuanimidad… La mayor misericordia es quitar todo aquello que no ayuda a la gente a ser feliz y contenta; la mayor ternura es hacer a la gente feliz y contenta; la mayor tranquilidad se obtiene cuando todos están felices y contentos, y entonces se puede tener ecuanimidad en sus sentimientos para con todos”.

Siempre me ha llamado la atención la sabiduría oriental y en este caso la alusión a los cuatro estados de ánimo que siendo un fin en sí mismos son también, en su conjunto, un medio muy eficaz para el logro y disfrute de la verdadera felicidad, y muy en armonía con las enseñanzas de Jesús para nosotros los cristianos. Un comentarista lo dice así: “La misma serenidad con que está redactado el texto transmite algo de ese estado de ánimo en que todo converge a hacer que la gente esté feliz y contenta. Misericordia, ternura, alegría y ecuanimidad. Aquí está, una vez más, el secreto de toda espiritualidad: la alegría en mí para despertar la alegría en los demás”. Texto y comentario ¿no le suena a los numerosos mensajes del Papa Francisco y al mismo san Francisco de Asís y al Evangelio de Jesús? ¿Y hasta los mismos niños en su inocencia y en sus deseos de bien? Pues, nada, a aprender de ellos.

 

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