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Aborto terapéutico, píldora del día siguiente, y otros asuntos morales

Pbro. Jorge Pacheco
Teólogo moral

Se nos presentan en estos días algunas cuestiones morales que por la gravedad de las mismas requieren iluminación para los católicos y personas de buena voluntad que quieran ver más allá del conflicto ético y moral que se plantea y tratar de encontrar respuestas a los problemas presentados. 

No podemos negar que estos asuntos no son solo cuestiones morales o éticas. Cada problema es una persona con una realidad particular. Intentar responder a esto es tener en cuenta a las personas involucradas en su realidad, para que al responder seamos fieles a la verdad y a la persona. Ser fiel a la verdad implica la fidelidad a la persona, este equilibrio no siempre es fácil de lograr, pero debe ser un esfuerzo de la teología moral en su intento de servir a la Iglesia, formada por persona débiles que intentan responder a Dios. La fidelidad a la verdad debe considerar tanto las circunstancias de las personas, como los principios de la moral y la ética. 

Los principios iluminan a la conciencia, pero no la sustituyen. En la iluminación de la conciencia se debe actuar con amor, misericordia, sentido común. Los principios son una cosa y las conciencias otra. En palabras del Siervo de Dios P. Felice Cappello: “Los principios son los principios. Permanecen firmes y se defienden. Pero las conciencias no son todas iguales. Por tanto, al aplicar los principios se necesita tanta prudencia, sentido común y tanta bondad”. 

Consideremos algunas acciones que nos permitan iluminar algunas situaciones que pueden acontecer. 

Aborto terapéutico

El aborto terapéutico es aquel que se lleva a cabo cuando la salud de la madre corre algún riesgo grave, y parece que no hay más solución que abortar, esto es, eliminar la vida de feto. La primera cuestión a aclarar es si verdaderamente corre riesgo la vida de la madre; parece que esta pregunta tan seria y compleja la deben responder los especialistas en medicina. Es posible que el avance de las ciencias médicas, lograra superar dificultades que años atrás eran verdaderamente graves y hoy no. Es posible que existan hoy medios suficientes para salvar la vida de ambos. 

Otra cuestión que no debemos olvidar es el estatuto del embrión (o feto según el estado de gestación). Esta pregunta moral no es la menos importante. Estamos frente a algo, o a alguien. Es necesario escuchar a la ciencia para ver con claridad el acercamiento a tan grave planteamiento. Todo problema de frente al aborto, manipulación de embriones, etc. no puede dejar de lado la pregunta sobre el ser que estaría por nacer. Si es un individuo de la especie humana en un proceso de personalización, la respuesta será una, pero si niego su condición humana será otra. Como se planteó en la Alemania nazi de frente a judíos, eslavos y tantos otros, que se consideraban seres vivos, pero no personas. Un asunto meramente ideológico. 

Pero supongamos que la mujer en estado de embarazo se le diagnostica una enfermedad grave, y se pone ante la opción de seguir un tal tratamiento, del que se siguen dos efectos, uno bueno, la curación, y otro malo, el riesgo del aborto. La teología moral lo resuelve con el “principio del doble efecto”, que supone la licitud de llevar a cabo un acto del cual se siguen dos efectos, uno bueno y otro malo, si cumplen las siguientes condiciones:

1. Que la acción en sí misma sea buena o al menos indiferente. (El tratamiento médico). 

2. Que el fin sea obtener el efecto bueno y se limite a permitir el malo. (El tratamiento busca acabar con la enfermedad, tumor, etc). 

3. Que el efecto primero e inmediato sea el bueno. (La curación). 

4. Que exista una causa proporcionalmente grave para actuar. (La urgencia de la intervención es causa proporcionada al efecto malo: el riesgo del aborto). 

De darse las cuatro condiciones, la persona puede actuar con total libertad, aunque se siga un efecto malo no es deseado, el efecto bueno justifica el que se lleve adelante el malo. 

Es necesario además que el personal médico clarifique si se dan riesgos verdaderos para hablar de aborto terapéutico. ¿O es mediocridad de la medicina? ¿O intereses ideológicos? Es claro que ninguna enfermedad se cura con el aborto. Y el embarazo de suyo no es una enfermedad. 

Píldora anti-estupro (píldora del día siguiente)

Por estupro entendemos la relación sexual con la mujer sin el libre consentimiento de esta. Por el engaño, abuso de confianza o violencia que media en esta acción estamos ante un verdadero problema moral, no sólo por la violencia de la acción, sino por el riesgo de un embarazo, que por sus condiciones puede no ser querido. 

¿Está la mujer en estas circunstancias obligada a admitir el embarazo? La respuesta a este problema surge en el año 1961 cuando ante el riesgo de violación de religiosas en el Congo, se preguntó sobre la licitud de recurrir a píldoras anticonceptivas en previsión de la violación. En aquel momento tres profesores de universidades romanas Hürth, Palazzini y Lambruschini, respondieron afirmativamente. El asunto se vuelve a presentar en 1993 por la guerra en Bosnia, donde nuevamente destacados moralistas siguen la línea trazada por los primeros. 

La opinión común entre los especialistas es que, ante tal situación, y ya que ninguna mujer está obligada a embarazarse de modo irracional o violento puede acudir a medios anticonceptivos, no abortivos para defenderse. Es perfectamente razonable que la mujer en previsión o a continuación de un acto no querido que lesiona su integridad, tenga el derecho de acudir a medios lícitos que impidan un embarazo que no es fruto de un acto de amor, sino de violencia en cualquier forma. 

Nos pone esto ante la píldora del día siguiente. Es necesario distinguir. Primero, ninguna hormona o químico es malo en sí mismo, todo depende del uso que se haga de él. Segundo, 

cuál es la circunstancia del uso. Si se trata de una violación, u otro acto sexual; si es fuera del matrimonio, o dentro de él. Es claro que dentro del acto conyugal en principio es ilícito el uso de anticonceptivos. Es claro también que en el caso de violación es lícito el uso de anticonceptivos, no abortivos. En el caso de adultos solteros: de acuerdo con la moral católica el acto sexual fuera del matrimonio es ilícito, y de suyo no es unitivo ni procreativo, no se encuentra en el mismo nivel moral que el acto conyugal que es propio del matrimonio. Parece entonces que el uso de anticonceptivos, no abortivos, no sería ilícito. Más bien le daría un grado de responsabilidad al no engendrar hijos de modo irresponsable, que luego se ponen ante riesgo del abandono o del aborto. No hay que olvidar que la Humanae Vitae se dirige a los esposos, a los cónyuges católicos, porque es el acto conyugal el que está abierto a la vida. 

La complejidad de dichos problemas nos exige acercarnos a los mismos con atención a los principios, pero también a la realidad de cada persona. No hay respuestas que sean siempre absolutas, sino orientaciones que ayudan a clarificar problemas concretos. No olvidemos que en Moral no hay dogmas infalibles, sino principios que orientan en el tiempo y en la realidad. Donde debemos considerar los procesos de respuesta y conversión de cada quien.

 

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