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Mercedarios: renuevos de redención y libertad

Fray Luis Antonio Castillo 
Alvarez O. de M. 

Desde los orígenes de la fe cristiana, las palabras esclavitud-libertad, opresión-redención, cautividad-liberación, han tenido una íntima relación con el acontecimiento de Jesucristo y el mensaje de su Reino, pero desde hace ochocientos años han sido el corazón del carisma que vive una familia religiosa llamada Orden de Nuestra Señora de la Merced, Redentora de los Cautivos. Somos los frailes mercedarios y nuestro nombre deriva precisamente de la palabra: misericordia. 

Quizá en el contexto costarricense se nos conozca en mayor grado por la advocación de la Virgen de la Merced, patrona de algunas parroquias, incluso del icónico templo josefino popularmente llamado “La Merced”, pero quiero aprovechar esta oportunidad para compartir con ustedes el gozo jubilar de mis hermanos mercedarios, no sólo de la provincia de Aragón a la que pertenecemos gran parte de los frailes que estamos presentes en Guatemala, El Salvador y Panamá, sino de muchos laicos, religiosos y religiosas que vivimos con pasión y entrega en muchos países del mundo, un carisma que enriquece y revitaliza la vida de la Iglesia. 

Pedro Nolasco fue un joven barcelonés, inquieto y soñador. Su contemplación de la realidad aunado a una profunda experiencia de fe, lo condujo a reflexionar en una forma de ayudar a los cristianos esclavizados o cautivos por razones de guerra a inicios del siglo XIII. Cuenta la tradición que el sueño de un olivo en medio de un gran atrio, desde cuyas ramas secas brotaban renuevos, así como la aparición de la Santísima Virgen María la noche del primero de agosto de 1218 en el santuario de Monserrat, confirmaron su deseo de reunir a un grupo de hombres para formar esta familia religiosa en la ciudad de Barcelona el 10 de agosto de ese mismo año, con la fundación del Hospital de Santa Eulalia bajo el auspicio del rey Jaime de Aragón. 

Desde ese momento hasta la actualidad, nuestra forma de vida como religiosos hace realidad el carisma mercedario que en palabras del Papa Francisco es “una misión que es obra de misericordia: seguir a Cristo llevando la buena noticia del Evangelio a los pobres y la liberación a los cautivos (cf. Lc 4,18).”  Esto implica para cada mercedario hacerse pequeño y unirse al cautivo, con la certeza de cumplir la misión de redimir, pues en ellos reconocemos a Cristo Redentor. De ahí que nuestra principal misión es atender a los privados de libertad, mediante las capellanías en las cárceles o en procesos de reinserción una vez cumplida su condena, así como a los cautivos de nuestro tiempo: víctimas de trata de personas, adictos, pobres y marginados. 

El compromiso con la redención y la liberación de todos los hombres, se expresa también en nuestro deseo de incluso entregar nuestra propia vida a cambio de la libertad del otro, manifestado en el cuarto voto de nuestra profesión religiosa. Cada uno de nosotros se consagra a Dios para “visitar, servir y liberar” a todo el que se encuentra cautivo, comprometido en su libertad física y espiritual. Esta tarea es un misterio expresado en el encargo divino a San Pedro Nolasco, pero a su vez un ministerio: la vida profética de cada uno de nosotros para que, siguiendo las huellas de Cristo, apostemos por la libertad y la dignidad de cada ser humano. 

Nuestra consagración a Dios parte de María de la Merced, por cuyos ruegos toda prisión y cautividad es quebrantada y junto a ella damos gracias a Dios por este camino que hemos recorrido en ocho siglos. Por estos y muchos motivos más, compartimos nuestra alegría jubilar con ustedes, con la esperanza de estar algún día en medio de sus comunidades, siendo semillas de libertad.

Invitamos cordialmente a los jóvenes que deseen unirse a esta misión de redención y libertad, para que nos contacten por medio de facebook, tweeter o instagram como “somosmerced”.

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