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Epifanía y política…

“Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida.”1 Al celebrar la Epifanía, reconocemos con los magos de Oriente que Jesús es la luz y la salvación del mundo y, en consecuencia, la oscuridad que genera confusión, inseguridad y temor no tiene dominio sobre nosotros. 

Es Dios quien toma la iniciativa para dialogar pues se complace en comunicar su amor y revelar su misterio a todos, cautivando “a gente común con enseñanzas tan elevadas y de tanta exigencia,”2 pero, la firmeza y la voluntad de los magos que responden al Dios que llama, debe animarnos a emprender el camino para encontrarnos con Jesucristo vivo, respuesta definitiva del Padre a los hombres y mujeres de todo tiempo.

Apartando el cansancio y la dificultad que puedan experimentar en esa búsqueda de la Verdad, los magos dejan sus comodidades, no les importa correr riesgos pues su motivación de adorar y servir al que es “Luz de las naciones”3, sobrepasa todo sacrificio. 

El Papa Francisco nos recuerda que un cristiano auténtico “nunca se encierra, nunca se repliega en sus seguridades, nunca opta por la rigidez autodefensiva. Sabe que él mismo tiene que crecer en la comprensión del Evangelio y en el discernimiento de los senderos del Espíritu, y entonces no renuncia al bien posible, aunque corra el riesgo de mancharse con el barro del camino. 

En esta fecha, también nosotros estamos llamados a anunciar a Cristo con inmensa alegría. Hemos descubierto el gran proyecto de amor del Padre y somos llamados a ser fermento en medio de la masa, y así, llevar esperanza y fortaleza a todos los ámbitos humanos, sin excepción.

Al celebrar,  la Jornada Mundial de la Paz con el tema “La buena política al servicio de la paz” con firmeza, Francisco hace un llamado a los hombres y mujeres que se involucran en esta tarea a vivirla como un servicio a la comunidad humana.

En ese mundo político, particularmente, los cristianos están llamados a ser luz, epifanía de Cristo que nos enseña: «Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos»4.  

Junto al fomento y la puesta en práctica de las virtudes humanas que son la base de una buena acción política: la justicia, la equidad, el respeto mutuo, la sinceridad, la honestidad, la fidelidad, el Papa hace un llamado renunciar  a los vicios que socavan el ideal de una democracia auténtica,  que son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social, entre ellos: “la corrupción, la negación del derecho, el incumplimiento de las normas comunitarias, el enriquecimiento ilegal, la justificación del poder mediante la fuerza o con el pretexto arbitrario de la razón de Estado…”

Con el papa Francisco reafirmamos que, hoy más que nunca, nuestra sociedad necesita testigos valientes del Evangelio, “artesanos de la paz” que puedan ser auténticos mensajeros de Dios Padre que quiere el bien y la felicidad de la familia humana. Los cristianos que ostentan puestos públicos han de ser luz desde sus posiciones, están llamados a ser coherentes, por tanto, a no hacer divisiones entre su fe y dar margen a políticas cargadas de ideologías contradictorias no solo a la moral, sino al mismo orden natural confirmado por la ciencia. 

 

1San Juan 8,12-20.

2Evangelii Gaudium, n.141

3Lucas 2, 22

4Mc 9,35.  

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