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Dios bendiga a nuestros agricultores 

Monseñor José Rafael Quirós
Arzobispo de San José

La frase: “Conquistaron tus hijos, labriegos sencillos, eterno prestigio, estima y honor…” perpetuada en nuestro Himno Nacional, consigna los orígenes de esta gran nación forjada por campesinos humildes; hombres y mujeres que, con el sudor de su frente, han dado a sus familias sustento y dignidad. 

Ellos se convierten en proveedores de alimento y su vocación es una de las más nobles del mundo. Sin embargo, en una sociedad tecnificada y de alta competitividad, de puestos ejecutivos y de niveles de mando, pareciera que el aporte de nuestros agricultores pasa hoy desapercibido y, con él, las creencias, los valores y los principios éticos que hicieron grande a esta nación. 

Nuestros campesinos y agricultores deben ser reconocidos, apreciados y, sobre todo, respetados; eso implica no hacer ni consentir burla de su cultura y tradiciones.

Al celebrar a San Isidro Labrador, laico agricultor español y santo patrono de los agricultores, quiero felicitar y acompañar, principalmente, a los miles de familias que trabajan la tierra, a fin de visibilizar a estos hermanos que realizan una labor con condiciones sumamente difíciles y que, por ende, requieren de una legislación que los proteja en sus derechos, en materia de salud, previsión social y condiciones laborales que les permitan desarrollarse plenamente.

El Papa Francisco ha pedido evidenciar las realidades de quienes trabajan con empeño cotidiano en la agricultura: “Vivimos la paradoja de una agricultura que no es más considerada el sector primario de la economía” (aunque) “mantiene una evidente relevancia en las políticas de desarrollo”, como en la seguridad alimentaria y en la vida de las comunidades rurales, y es “en muchas áreas la principal respuesta a la pobreza y escasez de alimento”. 

Asimismo, constata el Santo Padre, “el desarrollo no es igual para todos, como si la vida de la comunidad agrícola tuviera un valor más bajo…”   

A propósito de las elecciones presidenciales, hace un año, los obispos señalábamos que, además de la atención al problema del déficit fiscal y del ordenamiento de las finanzas públicas, Costa Rica necesitaba de una verdadera política social que atendiera a la pobreza reflejada en desigualdad social, desempleo, indigencia y necesidades básicas, sin olvidar una economía solidaria que mejore la situación de los agricultores, pescadores artesanales y los afectados por eventos meteorológicos, sísmicos y volcánicos.

Para optimizar la actividad agrícola y las condiciones de las poblaciones rurales, en nuestro país deben concretarse pues, políticas reales que den un impulso decidido al sector agrícola, acortando la brecha con aquellos otros sectores que tienen más promoción, acceso a tecnología, financiamiento y mercado. A manera de ejemplo, gracias al contacto directo con los pequeños productores, a través de las visitas pastorales, he constatado como estos trabajadores necesitan de mejores herramientas para comercializar de manera directa sus productos.

Con el corazón henchido y como orgulloso hijo de agricultores, pido orar para que los que trabajan la tierra, los campesinos, los pequeños agricultores, sean gratificados y obtengan un justo rendimiento a sus muchos esfuerzos y que Jesucristo, el “sembrador” por excelencia retribuya generosamente todos sus desvelos.

 

1Papa Francisco a los participantes de la Reunión de las Asociaciones Rurales Católicas Internacionales (ICRA), 10 de diciembre del 2016

2Idem

 

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