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Una mujer valiente y coherente

Lic. Lisandra Chaves
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Infocatólica comunicó en estos días que la teóloga y virgen consagrada, Marianne Schlosser se retira del sínodo alemán porque se niega a debatir sobre el sacerdocio en las mujeres. Recordemos que la profesora Schlosser ganó el premio de teología Joseph Ratzinger en el 2018, es decir, se trata de una mujer reconocida ya por su sana doctrina.

“No seguirá participando en el foro de mujeres del camino sinodal en las condiciones actuales y no está dispuesta a formar parte del debate sobre una cuestión, el sacerdocio de mujeres, que no puede ser debatida porque ha sido zanjada infaliblemente por la Iglesia” (Infocatólica, 22 setiembre 2019).

Schlosser declaró a Catholic News Agency que no podía identificarse con el informe publicado del grupo preparatorio. Era invitada como experta para participar en el grupo. Ya ella había explicado sus objeciones por escrito a la presidencia del grupo de trabajo. “En su opinión se percibía una obsesión interesada por el sacramento del orden en las discusiones de las mujeres. Esta obsesión, sin embargo, no se podía justificar ni teológica, ni histórica, ni pastoral, ni espiritualmente. El Magisterio de la Iglesia ha establecido de forma vinculante que la Iglesia no tiene autoridad para admitir mujeres a la ordenación sacerdotal. La discusión sobre este tema ya se realizó hace tiempo y todos los argumentos se expresaron y se habían puesto sobre la mesa” dijo.

Según Infocatólica, la teóloga expresó su temor a una polarización creciente en la Iglesia de Alemania. Schlosser es profesora de espiritualidad en la Universidad de Viena. En el 2014 el Papa Francisco la nombró miembro de la Comisión Teológica Internacional y dos años después, miembro de la comisión para estudiar el diaconado femenino. Desde el 2016 es consultora de la Comisión para la fe de los Obispo Alemanes.

En esta columna expreso mi opinión sobre esta decisión de la profesora Schlosser: me parece valiente y muy coherente con su preparación académica. Para mi su proceder es todo un ejemplo. No podemos tomar decisiones para complacer a los demás; debemos tomar decisiones de acuerdo con nuestra consciencia y considerar siempre la doctrina, el Magisterio, la fe y los principios y valores que nos han inculcado en la Iglesia Católica.

Yo le tengo temor a todos los extremos, tanto al extremo del feminismo ateo, que ya deja de lado la lucha por los derechos de la mujer, para atacar la religión y apoyar el aborto; como al feminismo ciego dentro de la Iglesia, que busca una igualdad con el hombre a toda costa, sin tomar en cuenta la doctrina, la Palabra y el Magisterio.

Yo defiendo los derechos de la mujer a una igualdad de oportunidades en el mundo laboral, incluso salarial; a que no sea considerada inferior en ninguna circunstancia, ni víctima de violencia, mobbing o bullying por ser mujer. Defiendo que la Iglesia pueda confiar más en el aporte teológico y estratégico de la mujer, pero no puedo apoyar que pretendamos el sacerdocio femenino luego de conocer toda teología, doctrina y discusiones ya realizadas sobre el orden sacerdotal dado a los hombres.

Valoro los dones de la inteligencia y la libertad con los que Dios nos ha creado. La inteligencia nos permite hacer un uso correcto de la libertad, sobre todo cuando la inteligencia está ordenada en la fe. La coherencia de la profesora Schlosser me revela una inteligencia ordenada en la fe católica y una valentía que pone muy en alto la dignidad de la mujer. Volvamos a la carta de San Juan Pablo II Ordinatio Sacerdotalis cuantas veces sea necesario. Leamos Mulieris Dignitatem de San Juan Pablo II para darnos cuenta del importante papel y dignidad que tenemos las mujeres. No perdamos tiempo, hay mucho por hacer.

 

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