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Un Nobel y una gran deuda

Lis Chaves
Ordo Consecrationis Virginum, Diócesis de Cartago
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Con inmensa alegría recibí la noticia de que el premio Nobel de la Paz fue dado a Nadia Murad, una mujer de apenas 25 años que se atrevió a contar su historia de dolor y sufrimiento ante las Naciones Unidas y el mundo. Una mujer de gran valentía, pues contar la masacre de su pueblo yazidí y su historia como esclava sexual del Estado Islámico (ISIS), con el fin de ayudar a su pueblo requiere un valor inmenso. Por eso el premio me parece muy bien merecido, sin embargo, queda una gran deuda con el pueblo yazidí.

Hace algunos años atrás, cuando leí la noticia del genocidio del pueblo yazidí, porque es un genocidio, lo que yo no podía creer es que durante tanto tiempo el mundo no hizo nada por salvar a este pobre pueblo de la barbarie y de la tortura. El pueblo yazidi vivía en la región montañosa de Sinjar al norte de Irack, un pueblo pacífico, de una religión monoteísta pero considerados herejes para los yihadistas del Estado Islámico.

En el año 2014, el Estado Islámico irrumpió el pueblo yazidí, mataron a los hombres, llevaron cautivos a los niños para entrenarlos como soldados y tomaron a miles de mujeres para la esclavitud sexual, entre ellas a Nadia Murad. Organizaron mercados de esclavos para vender a las mujeres y a las niñas. Nadia fue vendida, la mantuvieron cautiva, fue torturada, golpeada y violada en grupo, experiencia que contó ante la ONU en el año 2015.

A Nadia nadie la salvó de aquel infierno. Ella logró huir, dándose cuenta en el camino que habían matado a su madre y seis de sus hermanos. Con ayuda de una organización logró llegar a Alemania y reunirse con su hermana, lugar donde vive actualmente.

Nadia publicó un libro en el 2017 titulado “La Ultima Chica: la historia de mi cautiverio y mi lucha contra el Estado Islámico” donde escribió: “Cuando terminé de contar mi historia seguí hablando. Les dije que no me habían educado para dar discursos. Les dije que cada yazidí quiere que el Estado Islámico sea procesado por genocidio y que estaba en su poder para ayudar a proteger a las personas vulnerables en todo el mundo. Les dije que quería mirar a los hombres que me violaron a los ojos y verlos enjuiciados. Mas que nada, dije quiero ser la última chica del mundo con una historia como la mía”.

La gran deuda con el pueblo yazidí es no haber actuado rápido, no haber movilizado toda fuerza para salvar estos inocentes de la tortura y la muerte. Fuimos indiferentes al sufrimiento de todo un pueblo, pero como otros países viven en paz ¿para qué molestarse por unos cuantos pobres campesinos?... 

¿Cuánto tardó la humanidad para rescatar a los judíos en la II Guerra Mundial? Tuvieron que morir torturadas tantas personas inocentes hasta el mundo se movilizó para salvarlos. No aprendimos nada de la historia porque si tuviéramos memoria del dolor, si no fuéramos tan egoístas e indiferentes hubiéramos salvado al pueblo de Nadia inmediatamente. 

Qué bien un Premio Nobel de la Paz, pero con eso no pagamos la gran deuda que tenemos con su gente. Debemos movilizarnos por la paz como lo hace Nadia desde sus recursos.

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