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Mujeres sacerdotes…

Lic. Lisandra Chaves
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En noviembre del 2016, los periodistas abordaron al Papa Francisco en su vuelo de Suecia a Roma como es ya la costumbre. La periodista sueca Kristina Kappelin le hizo la siguiente pregunta: “Suecia que ha acogido este importante encuentro ecuménico tiene una mujer como líder de la propia Iglesia ¿Qué cosa piensa al respecto? ¿Es realista pensar en mujeres sacerdotes también en la Iglesia Católica en los próximos decenios? (ACI 1 noviembre 2016).

“Sobre la ordenación de mujeres en la Iglesia Católica la última palabra es clara y la dio San Juan Pablo II y esto permanece” contestó Francisco. “Las mujeres pueden hacer muchas cosas mejor que los hombres. ¿Qué es más importante en la teología y en la mística de la Iglesia: los apóstoles o María en el día de Pentecostés? ¡Es María! ¡La Iglesia es mujer! Es la Iglesia y no el Iglesia… es la Iglesia esposa de Jesucristo. Es un misterio de esponsalidad”.

¿Y cuál es esa palabra de San Juan Pablo II que citó el Papa Francisco? En 1994 San Juan Pablo II escribió una carta apostólica llamada Ordinario Sacerdotalis y allí destaca que la ordenación sacerdotal está reservada a los hombres.

“No es admisible ordenar mujeres para el sacerdocio por razones verdaderamente fundamentales. Tales razones comprenden: el ejemplo, consignado en las Sagradas Escrituras, de Cristo que escogió a sus Apóstoles solo entre varones; la práctica constante de la Iglesia, que ha imitado a Cristo, escogiendo solo varones; y su viviente Magisterio, que coherentemente ha establecido que la exclusión de mujeres del sacerdocio está en armonía con el plan de Dios para su Iglesia” (San Juan Pablo II, Ordinario Sacerdotalis, 1).

El Papa Pablo VI encargó incluso a la Congregación para la Doctrina de la Fe que expusiera la doctrina de la Iglesia sobre este tema y lo hizo en el documento llamado Inter Insigniores que vale la pena leer y conocer. Las secciones del documento son: La Tradición; La Actitud de Cristo; La práctica de los Apóstoles; Valor Permanente de la Actitud de Jesús y de sus Apóstoles; El Sacerdocio Ministerial a la Luz del Misterio de Cristo y, por último, El Sacerdocio Ministerial en el Misterio de la Iglesia.

Sería difícil en esta columna hacer un comentario de todo este documento, pero basta saber que es necesario leerlo y profundizarlo para comprender bien las razones por las cuales las mujeres no participan del ministerio sacerdotal, antes de decir frases como “la Iglesia excluye a la mujer porque no la deja ser sacerdote”.

“Su misma Madre, asociada tan íntimamente a su misterio, y cuyo papel sin par es puesto de relieve por los evangelios de Lucas y de Juan, no ha sido investida del ministerio apostólico, lo cual induciría a los Padres a presentarla como ejemplo de la voluntad de Cristo en tal campo. Aunque la bienaventurada Virgen María superaba la dignidad y excelencia a todos los Apóstoles, repite a principio del Siglo XII Inocencio III, no ha sido a ella, sino a ellos a quienes el Señor ha confiado las llaves del Reino de los cielos” (Inter Insigniores, cap. 2).

Tengamos presente que Dios nos tiene en igual dignidad a hombres y a mujeres, pero a cada uno le ha dado misiones diferentes, grandes e importantes ambas. A una de nosotras la eligió para Encarnarse y no hay unión con Dios más perfecta que esta. Hay todavía un camino largo por abrir en la Iglesia para la mujer, pero el sacerdocio ministerial no es para nosotras. Es necesario dejar el tema claro y cerrado para avanzar en lo que sí podemos construir y realizar.

 

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