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Coherencia de vida

Lis Chaves
Ordo Virginum, Dióc. de Cartago
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El nuevo año que comienza nos debe poner a reflexionar sobre nuestra vida. Todos podemos volver a comenzar de nuevo en cualquier momento, pero un nuevo año calendario es muy simbólico para hacer ajustes en nuestra existencia.

Ojalá Dios esté al centro de todos nuestros objetivos de vida, pero algo que no puede faltarnos es proponernos una coherencia de vida. Si somos cristianos no podemos actuar como si no lo fuéramos, tenemos que ser coherentes con nuestra fe, nuestros valores y nuestras acciones. La coherencia de vida es importante para poder tener estabilidad y seguridad interior.

El Papa Francisco nos ha insistido en que no hay pecado que Dios no perdone y que Dios no se cansa de perdonarnos. Si hay un verdadero arrepentimiento, Dios nos acoge sin memoria. No es un Dios que nos estará echando en cara el pecado o que cada cierto tiempo nos recordará lo que fuimos. Dios perdona y acoge a una nueva criatura en sus brazos, de la que espera se abra a su amor para que El pueda seguirla tallando en sus manos.

Si los seres humanos amáramos y perdonáramos como Dios todo sería tan diferente y, sin embargo, es posible. Dios mismo nos ha abierto esa posibilidad, la tenemos a la vuelta de la esquina gracias a los sacramentos y a la vida de oración. Podemos llegar a amar y perdonar como Dios en un proceso que solo nos llenará de paz.

Hagamos una revisión de la vida, con sinceridad y de cara al Señor. ¿Qué es todo aquello que necesitamos cambiar, ajustar y perdonar? Dios nos quiere libres de odios, resentimientos y venganzas. Solo si estamos libres de malos sentimientos podemos amar de verdad y darnos cuenta de todas las bendiciones que tenemos alrededor.

Hay que cambiar la forma de ver el mundo para empezar a verlo con los ojos de la fe. Debemos romper con el consumismo, la idea de éxito material y de todo aquello que nos aleje del Evangelio. El programa de vida que nos propone el Evangelio es para que podamos ser felices de forma permanente en un mundo donde el dolor es imposible de eliminar. No nos propone una felicidad temporal como la que presenta el mundo. Al contrario, nos presente una felicidad eterna que nos permitirá vivir eternamente junto a Dios y a nuestros seres queridos.

Ser coherente es no esconder mi fe, no perder la misa del domingo a menos que sea por enfermedad. Muchas veces un paseo nos impide la misa y pensamos que no pasa nada. Así nos vamos descuidando y cuando nos damos cuenta estamos alejados de Dios por completo. Hay que cuidar los pequeños detalles: la oración diaria, la confesión constante, la Eucaristía (ojalá diaria), la sonrisa perenne, el saludo a los demás, el servicio sencillo en lo que nos sea posible, dar gracias a Dios todos los días y alabarlo porque nos ha dado la vida.

Ser coherentes es defender nuestros valores y nuestra fe frente al mundo. Defender la vida contra el aborto, la eutanasia, la pena de muerte. Defender a los más pequeños de la injusticia, la violencia y el descarte. Ser coherentes es decir NO cuando el mundo nos tienta para ofender a Dios. 

Siempre podemos comenzar de nuevo, nunca es demasiado tarde. Pidamos a Dios que nos ayude a recomenzar siempre con un corazón sin memoria y sobre todo que nos de la gracia de ser coherentes para vivir realmente el Evangelio.

 

 

 

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